

Tanto el lector como el crítico puede acercarse a la poesía de Luis Alberto de Cuenca desde muy distintas perspectivas y diversos planteamientos de análisis. Una de esas constantes literarias en la poesía de Luis Alberto de Cuenca es el tratamiento de la temporalidad. Quizás otros estudiosos prefieran denominarla “intemporalidad”. La concepción del tiempo no como linealidad absoluta sino como sustrato de la existencia, sustrato de la esencia al mismo tiempo es muy rica y está muy bien matizada. El tiempo no es computable sino esenciable; es decir: “humus” en el que los sucesos tienen una germinación y significación adecuada a las circunstancias de una temporalidad “histórica” y que aquéllas pueden ser tratadas por el poeta con la flexibilidad necesaria para establecer un orden prioritario según la visión personal de esos sucesos. De este modo, la secuenciación de la referencia interna del poema la estratifica el poeta en tres ejes notablemente destacados: una temporalidad mítica, una temporalidad historico-geográfica y una temporalidad personal. Ahora bien, estos tres ejes fundamentales no están rígidamente establecidos ni son excluyentes. La materia poética y el tiempo poético establecen entre ellos un diálogo no una dialéctica, una intercambio de nutrientes no una erosión desproporcionada y agónica. La interrelación temporal hace que el tiempo mítico –la intemporalidad del mito siempre está presente en su obra-, el tiempo histórico y el personal sea de una fluidez tal que los compartimentos estancos de la adecuación histórica con la actualidad y la intertextualidad literaria se desarrollen sin estridencias. Una asimilación magmática de los componentes culturales, en el más amplio sentido de la palabra y con los más amplios límites, permite que la temporalidad referencial sea sólo un apunte de sincronía y no de cronología. El dato concreto está, la fecha también, la localización geográfica igualmente, el referente literario y formal no se ausenta, sino que se evidencia o sugiere y lo que pudiera resultar pura información erudita queda revestido de una amplia sensibilización poética gracias al lenguaje en ocasiones “irreverente” con la tradición literaria. El respeto a la herencia mítica no significa sometimiento servil. El pasado y el presente, y el futuro como consecuencia de los dos anteriores, se unifican en una temporalidad poética sostenida en una constancia rememorativa que actualiza el “hoy” en el pasado y el pasado en el “hoy”. Ese ir y venir en el tiempo irreal –que es el tiempo poético- permite la creación de un ámbito espaciotemporal que no precisa identificarse con subrayados específicos.
En el uso de los mitos, por ejemplificar de un modo directo, Luis Alberto de Cuenca nos presenta un juego de multiplicidades bajo un prisma de versatilidades diversas y elocuentes: los mitos grecolatinos, los grandes mitos medievales con personajes del ciclo artúrico o con referencias a leyendas y personajes provenzales –sean o no héroes, villanos, escritores o artistas-, los mitos cinematográficos –Bogart, cómo no-, los héroes del comic: el Guerrero del antifaz, Mandrake, etc; los mitos literarios y sus secuelas artísticas, la plasticidad pictórica y musical; todos ellos configuran un retablo con anacronías y superposiciones temporales de indudable y efectivo juego creativo. En este proceso de “temporalización digestiva”, es decir: el tiempo sin el tiempo, los mitos se “actualizan”, se familiarizan, se hacen materia cotidiana. Ese es el proceso de acercamiento que Luis Alberto de Cuenca ha ido proyectando en su poesía. Ciertamente, como señala Juan José Lanz, aunque en referencia a otro aspecto de la evolución poética de Luis Alberto de Cuenca, se produce: “una clara evolución desde una estética nocturnal a otra netamente matinal, diurnal...”. De lo cerrado y oscuro, a lo abierto, y claro. De lo exclusivo a lo participativo, del tiempo recluido al tiempo evolutivo y presente. De ese modo, su inicial poética “nominativa” se va a hacer más generalizada, cercana, personal y directa. Los nombres propios adquieren un peso específico. Ya no son personajes de los” mitos”, personajes esplendorosos por su proteica proyección universal, sino que son seres cercanos en el tiempo inmediato, de carne y alma tan próximas que pueden hacerse familiares. De ese modo, el supuesto culturalismo, tan característico por otro lado en la poesía de Luis Alberto de Cuenca, se puede considerar como elemento secundario, porque lo que con la temporalidad nominativa nos ofrece es una interrelación entre la “cultura clásica”, para entendernos, y la cultura contemporánea. Permaneciendo la primera como sustrato inconfundible, la proximidad de temporalidad humana nominal acrecienta su valor lírico. Es la gran veneración por el nombre propio. Nombrar es crear. Dar vida por encima de la propia vida individual del nombrado. Es el intento de incorporarlo a un tiempo fuera del tiempo. Ese tiempo que Luis Alberto de Cuenca maneja sin estridencias. Julio Martínez Mesanza, Abelardo Linares, Rita, Francisco Arellano, Nicanor(el perro), Juan Luis, Javier (del Prado), Lola, etc. En esta complejidad de interrelaciones, el humor, la ironía y la complicidad con el lector para alcanzar el mismo grado, o similar, de coincidencias temporales y cultas, amparan la solidez de toda la obra de Luis Alberto de Cuenca.
(Sevilla 1942) Es poeta, narrador, crítico literario y traductor. Ha dictado conferencias en diversas universidades europeas y españolas, así como en Damasco y Fez. Su obra literaria ha merecido diversos premios nacionales e internacionales. Sus poemas y relatos han sido traducidos al francés, alemán, italiano, árabe y braille, e incluidos en diversas antologías españolas y suizas. Ha publicado siete novelas, varios volúmenes de relatos y una veintena de libros de poemas, entre los que destacan en la última década País de invierno (1992); Música y nieve (1992); Manuscrito de Berlín (1993); El viajero en el desierto (1993); Poemas de Ginebra (1993); El cantor de boleros (1995); El invitado incómodo (2005); La luz es una espada (2005), Épica de otros territorios (2006), Café Zimmermann (2006), El hombre inesperado (2007), En cielo ajeno (2007), Apartamento en Pont Neuf (2007), Los dioses vulnerables (2008) y Huesos de pájaro (2009)