

Museo, acopio y ensamblaje de lo reunido a modo de dar vida al proyecto de Pound, “These fragments you have shelved (shored)”, o de Eliot, “These fragments I have shored against my ruins”, y en el “Preliminar”: “Yo he reunido en un pequeño Museo treinta fragmentos”; por mucho que lo seleccionado sea dispar en todos los sentidos lo armoniza el que siempre ha sido leído, de versos de Gilgamesh a algunas de las recetas de Tristan Tzara; las lecturas son reescritas, o simplemente escritas, al trazarse la nueva (aunque ¿lo es?) firma “Luis Alberto de Cuenca” —“¿Quién es? ¿Qué significa todo esto?”— atravesando, calcando y emborronando un único quehacer, “uno y lo mismo”, toda una retahíla de diversidades que cobran aquí otra identidad; firmar como si en cada una de las páginas se dijera “Doy fe” o “Ahí va la fe que tengo en todo ello”, en el arte, en la cultura, en las emociones leídas en las palabras de otros y que ahora se repiten para hacerse propias, lo cual desdibuja la idea de unidad del estilo en una imagen de lo variopinto: la de un museo; y el rostro del escritor es el del hombre de las mil caras; confeccionado por acumulación, dada su exuberancia, habrá de entenderse como la puesta en práctica de un cierto modo de asianismo: “si un libro debe ayudar a expresarse con claridad y a pensar diáfanamente, Museo aspira a todo lo contrario”; se incluye su propio presupuesto, su legitimación: “el arte sigue siendo plagio” o “Nuestro universo es una gran pirámide llena de nombres, de palabras”, piezas que se ordenan, reordenan, desordenan en un orden, el orden de Museo.
Téjne: ars: técnica: arte.
* Luis Alberto de Cuenca, Museo, Barcelona, Antoni Bosch, editor, 1978.
Catedrático de Teoría de la literatura y literatura comparada de la Universidad de Zaragoza, editor y director de Tropelías. Revista de Teoría de la literatura y literatura comparada. Crítico literario de El Cultural de El Mundo.