

En 1950 el inolvidable artista Cuenca D’E creó la serie “Luis Alberto”, que daba nombre a uno de los personajes más entrañables del cómic del mundo hispánico. Además de poseer una fuerte dimensión poético-existencial, este cómic se caracterizó por las trepidantes aventuras de su protagonista, el apuesto Investigador Galáctico Luis Alberto, capitán de la nave C.S.I.C. Este héroe aventurero estaba secretamente enamorado de Alicia M, la reina del planeta Ariño donde habitaban los latidos de las musas que inspiraban a los poetas. Estas maravillosas tiras y planchas dominicales recordaban a las de Winsor McCay y su pequeño Nemo, aunque mezclando planos de acción que eran claros homenajes al universo de Alex Raymond y su Flash Gordon. “Luis Alberto” fue un cómic que renovó el arte gráfico de narrar y abrió un abanico de posibilidades estéticas. Una importante recopilación de sus cuadernillos y tiras en prensa ha sido reunida en los volúmenes “Los mundos siderales” y “Los días nucleares”,.
El rostro que se esconde tras la firma de Cuenca D’E ha sido uno de los secretos mejor guardados de la historia del cómic. Según comentan algunos eruditos del medio este artista fue un estudioso del mundo grecolatino que llevaba una doble vida como dibujante de tebeos a la par que dirigía excavaciones arqueológicas en las fronteras más remotas del imperio romano. En 1955 en la Isla de Malta Cuenca D’E tuvo un curioso encuentro con un pintor que le hizo un extraño retrato al óleo de corte realista. Esta obra en el fondo parece un homenaje a Luis Alberto, su inolvidable personaje de las viñetas del que era gran fan aquel pintor. En ese lienzo de pequeño formato ambos rostros se confundían en un trazo evocador y nostálgico que no resolvía las incógnitas sobre la verdadera identidad del autor del cómic ¿Cómo ha sido la relación de Cuenca D’E con Luis Alberto? Algunos estudiosos señalan que su historieta funcionaba como alter ego y que a su vez fue modelo para otros héroes del cómic contemporáneo como Corto Maltés que apareció en 1967 de la mano de Hugo Pratt.
Otro dato clave que ayuda a entender la meticulosa elegancia de las tiras de “Luis Alberto” nos obliga a remitirnos a su periodo de formación cuando trabajó de aprendiz para el creador belga Hergé. Dato que no debe confundirnos. Es cierto que los estudios Hergé no se fundaron hasta 1950 y que anteriormente al creador de Tintín le gustaba trabajar solo, pero durante años tuvo a varios ayudantes que le asesoraban o asistían en sus investigaciones. Por ejemplo el joven estudiante Tchang Tchong le ayudó a documentarse para el álbum de “El Loto Azul”, y Cuenca D’E también asistió a Hergé a la hora de realizar “Los cigarros del faraón” (de 1932), “El cetro de Ottokar” (1938) o “Tintín en el país del oro negro” (1939). Sin embargo es su participación en el álbum “La estrella misteriosa” de 1941 el que mejor refleja el espíritu creativo de Cuenca D’E y su influencia en el maestro belga. El asistente de Hergé se toma la libertad de sugerir que se introduzca un elemento poético que represente las ansiedades del subconsciente y que de un toque maravilloso y aterrador a la aventura. De este modo en la isla formada por un meteorito crecerán sin control los pequeños seres vivos que la habiten. Una diminuta araña se transformará en la peor de las pesadillas de Tintín. La amistad entre Hergé y Cuenca D’E durará toda la vida, y cuando el joven aprendiz se independiza para centrarse de lleno en su personaje intergaláctico “Luis Alberto”, Hergé le dedicará un guiño muy especial mandando a Tintín a la luna en los álbumes “Objetivo: la Luna” de 1950 y “Aterrizaje en la Luna” de 1952. Ambos repletos de imágenes y alusiones al universo de naves espaciales inventado por Cuenca D’E.
Cuenca D’E fue el primer artista hispánico que supo conjugar la esencia de la línea clara franco-belga con la influencia del cómic tanto clásico como de aventuras estadounidense. “Las aventuras galácticas de Luis Alberto” destaca por ser una referencia clave del cómic del siglo XX y merece el reconocimiento de todos los lectores.
Profesora de escritura creativa y estudios hispánicos en la Universidad de Iowa (Estados Unidos). Ha publicado cinco libros de poesía Preparativos para un viaje (Rialp, 1995), Los días gemelos (Visor, 1997), La voz de los relojes (Visor 2000), Juegos de niños (Visor, 2003) y Compañera de celda (Visor, 2006); un ensayo académico El Cómic Hispánico (Cátedra, 2003), una monografía crítica sobre Chris Ware (Sinsentido, 2005) y una novela juvenil El hombre de los dos corazones (Anaya 2009). Ha ganado los premios Adonais y Fray Luis de León de poesía, y el premio Diario de Avisos por sus artículos sobre cómics para la revista literaria Leer.