

Antes de conocer personalmente a Luis Alberto de Cuenca, conocía su hermoso libro de poemas La caja de plata, premio de la Crítica de 1986. Me había dejado impresionada su frescura y cercanía, la mezcla de espontaneidad y reposo, como si quisiera crear una realidad que todos comprendiésemos y compartiésemos, la realidad cotidiana de nuestras vidas para luego arrancarla del suelo y elevarla un metro en el aire y así poder contemplarla y poder decir: eso lo siento yo y no me había dado cuenta. En el fondo la poesía de Luis Alberto tiene la cualidad de atribuirnos poderes mágicos a los lectores, igual que su bruja de Madrid: “Qué has hecho con tu casa de la Ciudad Lineal?/ ¿Por qué has roto el jardín con tu cuchillo mágico?/ ¿Dónde está la serpiente que llevabas al cuello?/ ¿Qué has hecho con la bici que se movía sola?”
No es necesario vivir en lugares exóticos, ser aventurero ni hacer nada fuera de lo corriente para saber que se es especial, sólo por vivir uno ya es especial y cuando se nos olvide y nos creamos tragados por el anonimato, por las miles de calles iguales a la nuestra, por los millones de amores iguales a los nuestros entonces siempre podremos recurrir a sus versos: “Me gusta cuando dices tonterías,/ cuando metes la pata, cuando mientes,/ cuando te vas de compras con tu madre/ y llego al cine tarde por tu culpa.” Hay que vivirlo, hay que sentirlo intensamente, sea lo que sea, porque es nuestro e intransferible.
No es nada fácil lograr tanta naturalidad en poesía. A Luis Alberto, persona culta por los cuatro costados, le sobran palabras y conceptos brillantes como para incendiar varias ciudades y, sin embargo, ha elegido esta equilibrada sencillez con toques de suave ironía, de ternura, de humanidad, de una experiencia cotidiana iluminada por su talento. Nunca ha abusado de los conocimientos que su profunda cultura en filología clásica, en cuya especialidad es doctor y profesor del CSIC, le ha proporcionado y que le llevaron a recibir al Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario, también en los ochenta. Los ochenta y Hola, mi amor yo soy tu lobo, la Orquesta Mondragón y este poeta, profesor, amante del cómic y del cine, profundo cultivador de su aire de chico bien del barrio de Salamanca, al que de vez en cuando da esquinazo para desconcertarnos. Y por encima de todo Luis Alberto (como Garcilaso o Quevedo) parece un hombre siempre locamente enamorado de una mujer, a la que entrega sus libros, sus dedicatorias, sus suspiros, imaginamos que también cartas, sus desvelos y todo lo que se le ocurra, que sin duda será mucho. Aunque no le conociera personalmente, sólo por estos rastros que va dejando en lo que escribe, le consideraría un hombre apasionado. Como tengo la suerte de conocerle puedo hablar de la impresión, la que he tenido muchas veces, de que no hay traje, ni los educados modales que lo caracterizan, ni serenidad suficiente en el mundo como para contener al torrente Luis Alberto de Cuenca que fluye en su interior y que necesita volcar en una constante actividad creativa para sorprendernos con otro Por fuertes y fronteras o con otro El hacha y la rosa. Los esperamos.
Nació en Guadalajara, pero pasó su infancia en Valencia, hasta que se trasladó a Madrid, donde reside en la actualidad y donde estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense. Tras desempeñar otros trabajos, enseñó durante bastantes años en la universidad. También participó regularmente en el programa de TVE Qué grande es el cine y en distintos medios. Ahora se dedica por entero a escribir. Colabora en El País y tiene un blog en www.elboomeran.com. Empezó a publicar en 1989 con la novela Piedras preciosas, a la que siguieron No es distinta la noche (1990), El palacio varado (1993), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del paraíso, por la que recibió el Premio Alfaguara de Novela 2000, Un millón de luces (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (Alfaguara, 2008). Su obra se ha publicado en varios países. Ha sido galardonada con el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006.