

En este país, en el que resulta casi imposible zafarse de las mallas de grupos, subgrupos y demás a la hora de hablar de un escritor, quizás la comparecencia menos comprometida sea la de la amistad y el reconocimiento limpio hacia un autor. Como el que este abajo firmante le profesa a Luis Alberto De Cuenta, cuya biografía detallada supongo que estará al acceso de cualquiera que se entretenga en leer estas breves y apresuradas líneas.
Diré, en primer lugar, que Luis Alberto, sus ademanes tan pulcros y exquisitos, su dandismo de buena crianza, tan wildeano, suscitan en mi el muy grande respeto que merecen los poetas sentidos y Luis Alberto lo es. De su condición de persona tolerante, de ánimo dialogante rehuiré, por manoseado, el adjetivo “democrático”- de su inteligente escepticismo, virtudes de las que dio buena prueba desde su condición de gobernante, de alto funcionario público, seguro que se ocuparán otros amigos. En mi caso, reconocerlo y recordar su buena disposición de siempre a comparecer en debates, orales o escritos, en las páginas de LEER- incluida su adorable mujer, Alicia Marino- o en cualquier otro medio televisivo.
Y una preferencia en su reconocido itinerario lírico, entre sus poemarios: me gustaron mucho, me gustan las letras irreverentes, inteligentes, surrealistas a veces que dieron sustancia a las canciones de Gurruchaga y la Orquesta Mondragón. Es ciertamente importante llamarse Luis Alberto. Viajemos con ellos.
Escritor y periodista, es Editor de la Revista Leer y columnista de El Mundo, donde escribe con el seudónimo de ERASMO. Acaba de publicar el libro Gente Rara.