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La tenacidad de las redes familiares entre Cuba y el exterior
Estudios realizados en Cuba y en Estados Unidos han documentado los extensos lazos de parentesco entre la Isla y fuera de ella. A pesar del tiempo y la distancia, numerosas familias se han mantenido en comunicación esporádica, aunque no siempre unidas ni física ni ideológicamente. Los contactos de la población cubana con los emigrantes se intensificaron durante la década de 1990, a raíz de la crisis económica acelerada por la desaparición de la Unión Soviética (Aja Díaz, 1999; Blue, 2005; Eckstein, 2004a, 2004b; Martín et al., 2001). Uno de los factores políticos que favoreció la reunificación familiar fue una mayor aceptación de la emigración en el discurso oficial del gobierno cubano. A su vez, el apoyo a los viajes y envíos a Cuba se ha fortalecido en la comunidad cubanoamericana (Institute for Public Opinion Research, 2007, 2008). Los vínculos entre cubanoamericanos y residentes de la Isla se concentran en la ciudad de La Habana y entre los migrantes más recientes, particularmente los que salieron después del éxodo del Mariel en 1980 (Fresneda Camacho, 2006; Martín y Pérez, 1998). Estos hallazgos se explican, por un lado, por la selectividad geográfica de los emigrantes y, por el otro, por el mayor grado de cercanía de las relaciones de consanguinidad entre los habitantes de Cuba y los emigrados a Estados Unidos en las últimas dos décadas.
¿Cómo se manifiestan las redes familiares entre los cubanos de la Isla y el exterior? En primer término están las llamadas telefónicas. El tráfico telefónico entre Cuba y Estados Unidos proliferó desde el relajamiento de las restricciones gubernamentales y el abaratamiento de las telecomunicaciones a mediados de la década de 1990. En 1998, se registraron 16.7 millones de mensajes telefónicos (para 142 millones de minutos) desde Estados Unidos a Cuba. La gran mayoría (65%) de las llamadas involucra a residentes estadounidenses de ascendencia cubana y sus parientes en la Isla (U.S.-Cuba Trade and Economic Council, 1999, 2000). Para el 2004, se facturaron 118 millones de minutos en llamadas desde Estados Unidos a Cuba y 3 millones desde Cuba a Estados Unidos (Peters, 2007). No obstante, los costos siguen siendo muy elevados. En el año 2008, una llamada telefónica desde Estados Unidos hacia Cuba costaba, en promedio, $.74 por minuto. Una llamada por celular de Cuba a Estados Unidos costaba $2.70 por minuto.
En segundo lugar, muchos migrantes utilizan la correspondencia regular para comunicarse con sus familiares en la Isla. Aunque el restablecimiento del correo entre Cuba y Estados Unidos se autorizó en 1992, aún funciona lenta e irregularmente, ya que se canaliza frecuentemente a través de terceros países como México o Canadá. Actualmente, sólo existe servicio de correo fletado entre Estados Unidos y Cuba. Como consecuencia, una carta enviada desde Estados Unidos puede tomar de uno a tres meses para llegar a Cuba, si es que llega. Así las cosas, muchos emigrados dependen del envío de cartas, fotos y otros efectos por vías alternas -tales como individuos que visitan a Cuba por razones familiares o profesionales. Por su parte, el correo electrónico aún no ha logrado amplia difusión en Cuba, debido al costo de adquirir una computadora personal y conectarse a una red electrónica. En el año 2007, apenas el 2.1% de la población cubana tenía acceso al Internet (Internet World Stats, 2008).
En tercer lugar, las visitas familiares representan un intercambio constante de personas entre Cuba y Estados Unidos. Desde principios de la década de 1990, un número creciente de residentes estadounidenses de ascendencia cubana viajó a la Isla para ver a sus parientes (véase la gráfica 1). En su momento pico, en el año 2002, se registraron unos 126,000 visitantes cubanoamericanos a Cuba. Este tráfico de personas se redujo en el 2004, cuando la administración del presidente George W. Bush impuso medidas draconianas sobre los viajes a Cuba. No obstante, muchos cubanoamericanos utilizan a otros países como México, Canadá, Panamá y República Dominicana, para luego volar a Cuba sin autorización del gobierno de Estados Unidos. Para el año 2007, uno de cada tres cubanos en Miami había viajado a la Isla (Institute for Public Opinion Research, 2007).
En cuarto lugar, está el envío de paquetes con comida, medicinas, ropa, zapatos, espejuelos y otros artículos de primera necesidad. En el año 2008, treinta compañías radicadas en Estados Unidos -20 de ellas en el estado de la Florida- se dedicaban al envío de valores a Cuba (U.S. Department of the Treasury, 2008). Para el 2002, más de 50,000 paquetes eran transportados mensualmente de Estados Unidos a Cuba (Barberia, 2004: 397). Una de las mayores empresas anticipaba ganancias entre $300,000 y 400,000 en el año 2000. A un costo de $81 por libra, el envío de paquetes a Cuba es un negocio redondo para los intermediarios y oneroso para los clientes (U.S.-Cuba Trade and Economic Council, 2000). Éste es un ejemplo de cómo el embargo estadounidense beneficia a ciertos intereses comerciales dentro de la comunidad cubanoamericana.

Gráfica 1. Visitas de cubanoamericanos a Cuba (miles de personas).
Fuentes: Eckstein y Barberia (2001); Oficina Nacional de Estadísticas (2008); Spadoni (2004).
Por último, está el envío de remesas. En 1999, Western Union comenzó a ofrecer servicios de transferencias electrónicas de fondos desde la Florida hacia Cuba. Actualmente, esa compañía tiene más de 150 sucursales en La Habana y otras ciudades de la Isla. En el año 2008, el gobierno estadounidense había autorizado a 92 agentes -68 de ellos en la Florida- para transferir dinero a Cuba (U.S. Department of the Treasury, 2008). Gran parte de las remesas, sin embargo, se mueve mediante un sistema informal de personas conocidas como “mulas”, que viajan regularmente a Cuba y cobran por llevarle el dinero a los parientes de sus clientes (Bendixen and Associates, 2005; Orozco, 2002). Según las leyes estadounidenses vigentes en el 2008, los cubanos residentes en Estados Unidos podían enviar $300 cada cuatro meses a Cuba, para un máximo de $1,200 al año. Esta expresión económica de los nexos familiares entre la Isla y la diáspora merece mayor atención.
Remesas y redes transnacionales entre Cuba y Estados Unidos
Desde principios de la década de 1990, los migrantes han desempeñado un papel protagónico en la economía cubana. Este papel puede documentarse en el enorme monto de las remesas familiares a la Isla. Por un lado, el grueso de estos fondos se utiliza para cubrir necesidades domésticas básicas, tales como comida, ropa, calzado y reparaciones de la vivienda (Bendixen and Associates, 2005; Fresneda Camacho, 2006). En comparación con otros países, las remesas cubanas están más orientadas a la subsistencia diaria de los hogares receptores. Por otro lado, las remesas también pueden ayudar a financiar actividades económicas en Cuba, al igual que en otros países. Una pequeña fracción de las remesas se invierte en microempresas urbanas, particularmente las relacionadas con el trabajo por cuenta propia, como los casas particulares de hospedaje y los “paladares” o restaurantes familiares (Barberia, 2004; Blue, 2005; Duany, 2001).
Uno de los problemas en el estudio de las remesas a Cuba es la escasez de estadísticas confiables (Pérez-López y Díaz-Briquets, 2005). Antes de 1993, los dólares no circulaban legalmente en Cuba y formaban parte del mercado negro, por lo que era muy difícil calcular el flujo de divisas hacia la población cubana. Posteriormente, el gobierno cubano no ha divulgado datos oficiales sobre remesas. Para mantener la consistencia de los estimados, tomaré como punto de partida un informe sobre la economía cubana realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 1997). Las cifras más recientes provienen de otras fuentes internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola.
La gráfica 2 muestra los cálculos más razonables de las remesas a Cuba desde 1989 hasta el 2006. Según estos datos, las remesas aumentaron de 48 millones de dólares en 1989 a 670 millones en 1997. En ese momento, las remesas eran la tercera fuente de divisas en la Isla después del turismo ($1,400 millones) y las exportaciones de azúcar ($1,100 millones). A principios del siglo XXI, las remesas llegaron a su clímax (casi $1,200 millones en el 2003), para declinar luego de las limitaciones del gobierno estadounidense en el 2004. Hoy en día, sólo el turismo supera a las remesas como fuente de divisas en Cuba.
Últimamente, los gobiernos de los países emisores de migrantes (incluyendo a Cuba) han intentado capitalizar en las remesas. Como otros gobiernos latinoamericanos y caribeños, el cubano ha buscado captar las remesas por medios oficiales, cobrando una comisión por las transferencias monetarias y fomentando el gasto de dólares en tiendas estatales. En el 2002, el costo de enviar dinero a Cuba era el más alto de la región, promediando casi $28 por cada $200 transferidos (Orozco, 2002: 12). Aun así, las remesas -junto con otras transacciones relacionadas con la migración, como las visitas familiares- han creado un campo económico transnacional muy denso entre Cuba y Estados Unidos. Durante las últimas dos décadas, Cuba aumentó su dependencia de los dólares para suplementar y a veces reemplazar los salarios en pesos. Irónicamente, buena parte de la modesta recuperación de la economía cubana ha sido subsidiada por los cubanoamericanos, la mayoría de los cuales se opone al régimen socialista.

Gráfica 2. Remesas a Cuba (millones de dólares).
Fuentes: Comisión Económica para América Latina (1997); Pérez-López y Díaz-Briquets (2005); Inter-American Development Bank (2004); International Fund for Agricultural Development (2008); Spadoni (2004).
Actitudes y prácticas transnacionales de los cubanos en Estados Unidos
Lejos de debilitarse, el deseo de conservar vínculos con Cuba se ha afianzado entre los cubanoamericanos. Para empezar, la gran mayoría -casi un 77%- aún tiene parientes cercanos en la Isla (Institute for Public Opinion Research, 2007). No es de extrañar que muchos emigrados quieran comunicarse regularmente con ellos y ayudarlos económicamente. La gráfica 3 resume las respuestas a la última encuesta (2008) sobre la opinión pública cubanoamericana, realizada por la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por sus siglas en inglés). Según esta fuente, la mayoría (55%) de los cubanos en Miami ya no apoya el embargo estadounidense de Cuba. En cambio, dos terceras partes de los entrevistados favorecen terminar con las restricciones a los viajes y el envío de dinero a Cuba, así como restablecer las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Estos hallazgos reflejan un cambio sustancial en las actitudes cubanoamericanas hacia su país de origen, especialmente entre los inmigrantes más recientes y los más jóvenes. En particular, la encuesta de FIU confirma el surgimiento de una nueva generación de cubanos emigrados -sobre todo los llegados a Estados Unidos después de 1980- dispuestos a negociar con el gobierno de la Isla.

Gráfica 2. Medidas favorecidas por los cubanos en Miami con relación a Cuba, 2008 (%).
Fuentes: Institute for Public Opinion Research (2008).
La gráfica 4 constata que los viajes y las remesas son las prácticas transnacionales más frecuentes entre los cubanoamericanos. Llama la atención que ambas actividades han perdurado a pesar de las trabas del gobierno estadounidense. Menos común es llamar por teléfono, pertenecer a una organización étnica o poseer una propiedad en Cuba. Sin duda, los lazos transnacionales entre los cubanos enfrentan mayores impedimentos legales, políticos y económicos que entre otros grupos latinos (Waldinger, 2007). Por ejemplo, enviar dinero, viajar o llamar por teléfono desde Estados Unidos a Cuba es mucho más caro que a otros países latinoamericanos y caribeños. No obstante, los nexos culturales, familiares y emocionales se han estrechado en las últimas dos décadas, especialmente durante los años de la más profunda recesión económica, entre 1989 y 1994 (Blue, 2005; Eckstein, 2004a; Mahler y Hansing, 2005).

Gráfica 2. Prácticas transnacionales de los cubanos en Estados Unidos, 2006 (%).
Fuentes: Waldinger (2007).