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En ese cambio citado en su escritura, ¿hubo un componente de premeditación?
No, fue absolutamente espontáneo. Digamos que la vida me vino a visitar. Hasta entonces había estado como en formol. Es que la vida está preparada actualmente para que hasta los veintitantos años estés en formol porque, si quieres trabajar, vivir y alimentarte de todo eso, tienes que hacer primero la carrera, después la tesina, luego la tesis doctoral... Yo empecé a salir de ese mundo que era trabajo, trabajo y trabajo, cuando saqué la oposición a los veintisiete años. Afortunadamente la saqué muy joven. Pero es que hay muchos que hasta los cuarenta no la sacan. Es terrible. La vida está hecha para que los mejores años de la vida los pases haciéndote un huequito para poder vivir. Debería ser al revés. Debería el Estado proporcionarte cuando eres joven las posibilidades de vida y después ya harás oposiciones a los cincuenta.
O al menos permitirte alternar una cosa y la otra.
Intenté hacerlo pero, en aquel momento, tal y como estaba la vida, para alguien que como yo había estudiado filosofía y letras en la rama de filología clásica, había que ser el mejor. 0 eras el mejor o no comías.
Está bien eso de que el ingreso en la vida coincidiera con el ingreso en una nueva poesía, como si se iluminara de pronto algo dentro de su sensibilidad.
Yo creo que sí, que de pronto se abrió el balcón. Antes había demasiados libros solos, y luego siguieron habiendo libros y empezó a haber vida, porque los libros no deben faltar nunca. Además, es que están llenos de vida: son recipientes llenos de pálpitos, y de corazones, y de labios, y de cuerpos, y de espiritus, y de todo, pero relacionado por supuesto con la vida. Para mí una biblioteca no es más que una exposición de hombres y de mujeres que algún día vivieron y respiraron.
Y que, de alguna manera, están vivos: “la conversación con los difuntos", de Quevedo. Pero, hablando de vivos, ¿qué clasificación le convence más dentro del panorama de la poesía española actual? Porque cada crítico y cada antólogo ha hecho una distinta.
Yo veo, sobre todo, en la poesía española contemporánea, una gran vitalidad. Porque el hecho de que haya numerosísimas maneras de entender el hecho poético da la idea de que el huerto está en flor. Creo que, coincidiendo con el actual momento cultural de España, que es la posmodernidad, hay un anhelo de pluralidad muy beneficioso. Jamás se me ocurriría pensar que hay que ir por un determinado camino o por otro. Todos son válidos, y al final, como en el juego de la oca, llegas a la casilla donde está la reina. Unas veces tendrás que retroceder y otras tendrás que volver a empezar, si caes en la casilla de la muerte. Qué maravillosa casilla, la casilla de la muerte en la oca, que se puede volver a comenzar el juego.
Esperaba que se decantase por la poesía que usted mismo llama “De línea clara”.
Me he decantado por la poesía figurativa, de línea clara, pero siempre como antólogo ocasional y divertido. Me ha divertido jugar con el concepto de línea clara. Cuando me pongo serio, jamás recomiendo a nadie que utilice la línea clara. Es más, me espanta indicar a nadie lo que es mejor o peor. Pero me encargaron que hiciera una colección de poetas en una revista muy querida, además codirigida por Julio Martínez Mesanza, admirado y amigo. Se me ocurrió que podía tomar del cómic el concepto de línea clara, que es propio del cómic franco belga, con Tintín y otros. Se trata de esos contornos muy definidos y esos colores puros en el interior, como sabe. Me pareció que se podía hacer una antología divertida con ese epígrafe, pero sin que por ello hubiera que escribir poesía de línea clara. Aparte de que, en el fondo, en esa antología de poetas de línea clara que hice, en muchas ocasiones incluía poetas que a mí me gustaban. Entonces, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, los metía bajo el marbete de línea clara. Juan Eduardo Cirlot, que estuvo en esa sección, es un poeta muy abstruso, muy complicado, que a mí me fascina; también tiene una lectura digamos en línea clara, entendiendo por línea clara algo mucho más amplio de lo que podría ser su uso más estricto.
Ha hablado antes de la muerte en la oca. En sus poemas aparece a veces esa muerte gratuita, absurda, que quizá provenga también de su afición a las novelas policiacas.
La muerte absurda. Hay una novela de Chester Himes que se llama Un ciego con una pistola. Me parece que es muy sintomático de lo que acabamos de hablar y que puede resumir nuestra conversación. Digamos que los escritores, o los seres humanos en general, somos ciegos y llevamos una pistola en la mano. Como estamos ciegos, podemos utilizarla de cualquier manera, para el bien y para el mal. Pero todo es azaroso, no depende siquiera de nosotros mísmos.
Bibiografía citada
1. De Cuenca, Luis Alberto: Los mundos y los días. Poesía 1972-1998. Visor, Madrid, 1999. (poema El bosque, pág. 315)
2. El último tercio del siglo (1968-1998) Antología consultada de la poesía española. Visor Libros, Madrid, 1998. (Poética de L.A.deC. en pagina 395)
3. De Cuenca, Luis Alberto : El otro sueño. Renacimiento, Sevilla, 1987.
4. De Cuenca, Luis Alberto: El héroe y sus máscaras. Mondadori, Madrid, 1991.