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Todo bien, en resumidas cuentas.
Pero Michael se ha ido para siempre.
Cuando llegué a casa, aquel domingo a medianoche, solo encontré una nota suya:
Eleanor, mi irlandesa preciosa:
Mierda y remierda. Me negaron la salida. Los cabrones de la Empresa Benny Moré dicen que, como no soy graduado de ningún conservatorio, no pueden responsabilizarse por mí. Me cago en la hora en que los parió su madre…
Pero no me rindo. Tuve una idea genial; le dije a Rigoberto que contara conmigo de todas maneras, que salieran ellos, que ya yo los alcanzaría por mi cuenta de alguna manera allá en Bélgica. Tengo las fechas y los lugares donde se van a presentar, así que si logro salir de Cuba no va ser tan difícil encontrarlos ¿no?
Mi amor, CREO EN TI. Esta noche voy a salir, con el tres y toda la ropa y zapatos que pueda meter en una mochila, a buscar ese Expreso Habana-Amstelveen. Me llevo también unos euritos que cambié para poder moverme por Europa. A fin de cuentas, de Holanda a Bélgica no se ve tanta distancia, por lo menos en el mapa del atlas, que fue el único que encontré.
Yo te dije que iba a esa gira y conseguía dinero como fuera. Así que ve eligiendo la cuna, la canastilla y todo lo demás. Y pensando en un nombre. Pero que no sea ni Ray, ni Isaac, ni Arthur, por favor. Vamos a ponerle Yusimí si es hembra y Yotuel si es varón, como todo el mundo ¿eh?
Deséame suerte. Creo en ti, mi amor, porque eres la mejor policía y la mejor mujer que conozco.
Nos vemos a la vuelta en el aeropuerto; te aviso para que vengas con el carro a ayudarme con las toneladas de pacotilla (incluyendo pañales desechables, claro) que voy a traer.
Hasta el heavy metal siempre.
Te quiere
Tu ciborg replicante viajero del tiempo mutante favorito
Michael
P. D: si el mayor Cevedo se pasa de la raya contigo, te autorizo a que le rompas mi guitarra eléctrica en su fea carota. Ya me compraré otra por acá por Extranjia…
Sí, mierda y remierda.
Michael había salido a tomar el Expreso Habana-Amstelveen… pero yo le había cambiado el destino, dejándolo en Habana-Amstelven. Y lo había hecho bien antes de la crítica medianoche del sábado.
Por unos días no salí de casa; solo lloré, sin querer creer en la evidencia, aguardando esperanzada a que en cualquier momento apareciera él en la puerta, cabizbajo, sin haber podido reunirse con lo demás músicos de Salsa Habana, sin gira ni dinero ni pañales desechables, pero aquí. Mío y conmigo.
Pero quizás ya había agotado mi cuota de milagros del milenio. Nunca regresó.
Tampoco se lo encontraron los demás del grupito de son allá en Bélgica, y esa era mi última esperanza cuando fui a verlos a su regreso, tres meses más tarde, apretando a duras penas mi barriga detrás del timón del Lada.
Sí, porque ¡ironías del destino! aquella noche de jueves los espermatozoides de Michael lograron cumplir su misión. Según el ultrasonido, será varón. He decidido llamarlo Steve, como su adorado Steve Vai. Steve O´Farrill, no suena nada mal.
Ahora, acogiéndome a la licencia de maternidad, he decidido escribir esta historia. Una se aburre tanto, solita en casa, sin nada que hacer. Aunque mi madre y las Ys de Nuevitas han prometido venir a tirarme un cabo… cabronas, ese par de jineterotas lo que quieren es aprovechar y colarse en La Habana, si las conoceré yo. Pero igual siempre estaré mejor con ellas que sola. Un embarazo primerizo no es cosa de juego ni para una mujer de huesos grandes como yo.
He oído que desde aquella noche final de locura no han vuelto a aparecer más cubanos en Amsterdam, Moscú ni Barcelona. Menos mal. Aunque hay algo que me preocupa: según averiguó Luis Carlos, que está investigando extraoficialmente el asunto por cuenta propia gracias a mi insistencia, aquella noche desaparecieron en La Habana 554 personas… entre ellas los chóferes de las cuatro guaguas en cuestión.
Por sí o por no, la empresa de Ómnibus urbanos decidió desmantelar esos carros y usarlos para piezas de repuestos, y desde entonces, (siguiendo mi expreso y no oficial consejo) cada vez que reciben donaciones de otros países, lo primero que hacen es quitarle cualquier cartelito que traigan y no sea en español. Por si acaso.
De todos modos, no dejo de preguntarme adónde habrán ido a parar esos quinientos y pico de cubanos. He pensado que, tal vez, en lugar de a Holanda, Rusia o España, fueron a dar a algún universo alternativo en el que hay efectivamente sitios llamados Delf Station, Amstelven, Sheremtiev o Plaça Clunya.
Y quién sabe si, conociendo a mis compatriotas, dentro de algunos años no habrá una nota por este estilo, en el sesudo equivalente de la Enciclopedia Británica de algún sitio inimaginablemente alejado de este… o inimaginablemente cercano:
Cubano (pl, cubanos): Adjetivo, gentilicio. Oriundo de Cuba (país mítico hasta ahora no localizado en el sistema de coordenadas espacio temporales) -Los cubanos, pueblo nómada de dudoso y discutido origen, llegaron hace unos años a varias localidades del Multiverso Metagaláctico, de manera inesperada y por medios desconocidos. Pese a sus diferentes aspectos étnicos, todos afirman proceder de la misma nación: una legendaria isla (Cuba) situada en medio de un mar llamado Caribe.
Se les identifica, entre otros rasgos, por su descontrolada pero nunca amenazadora gesticulación al hablar, su fanatismo incontenible por un deporte bastante estático y de complicadas reglas al que llaman “pelota” y un juego de mesa, el dominó, en cuyos partidos se alteran y llegan al borde de la riña para luego serenarse entre risas. Poseen notables aptitudes musicales innatas, especialmente para la percusión, pero en cambio prefieren mantenerse lo más alejados posible del trabajo físico.
Entre sus platos típicos se debe mencionar una curiosa mezcla de arroz y leguminosas que llaman “congrís”, las bananas fritas y aplastadas que denominan indistintamente “tostones”, “chatitos” o “patacones”, la yuca “con mojo” y la carne. Son un pueblo eminentemente carnívoro. Prefieren la de cerdo a cualquier otra, y la consumen en grandes cantidades siempre que pueden. También aprecian las bebidas espirituosas, como la cerveza, pero especialmente un destilado de jugos dulces que llaman “ron” y sirven en numerosas e imaginativas combinaciones con frutas o refrescos.
Los cubanos, gente en general simpática, tienen una curiosa serie de chistes muy particulares, de cerradísimo contexto, lamentablemente ininteligibles para cualquiera que no pertenezca a su grupo. Las alusiones casuales o voluntarias a ciertos enigmáticos términos, como “Partido”; “CDR”; “Trabajo Voluntario”; “Fidel”; “Período Especial” o “Mesa Redonda”, por solo citar algunos, suelen ser suficientes para desencadenar auténticas olas de cómplice hilaridad que, singularmente, resulta en extremo contagiosa y fácil de compartir incluso para los que ignoran todo sobre tales conceptos o instituciones…
25 de junio de 2008
(La Habana, 1969) Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de La Habana en 1991. Entre otros ha escrito Timshel (1989), W (1997), I sette peccati nazionali (1999), Los pecios y los naúfragos (2000), Se alquila un planeta (2001), El Encanto de Fin de Siglo (2001), Al final de la senda (2003), Precio justo (2006) y Pluma de león (2007). Su obra aparece en numerosas antologías y es además compilador de Reino eterno: cuentos cubanos de fantasía y ciencia ficción (1999), Escritos con guitarra: cuentos cubanos sobre el rock (en colaboración con Raúl Aguiar, 2006) y Crónicas del Mañana: cincuenta años de ciencia ficción cubana (2008). Reside en La Habana.