La lluvia está diciendo para siempre

Poesía

Del nuevo poemario del escritor español Jorge de Arco

Jorge de Arco

Jorge-de-Arco-poesia-OtroLunes42Siempre es una alegría asistir al nacimiento de un nuevo poemario, especialmente en tiempos en que la poesía le hace tanta falta al mundo que habitamos. Y es una alegría mayor si es el libro de un amigo. Pero esa alegría se multiplica si, además, se trata de uno de los responsables de la calidad que ha alcanzado esta revista, el escritor español Jorge de Arco, encargado de la sección de reseñas poéticas de OtroLunes.

¡Enhorabuena, Jorge, por este nuevo libro que, por si no bastara, viene marcado por el premio “Rafael Morales” de Poesía 2015!

Jorge de Arco (Madrid, 1969)

Es licenciado en Filología Alemana por la Universidad Complutense. En la actualidad, ejerce en su ciudad natal como Profesor Universitario de Literatura Española e Hispanoamericana.

Además de su labor como poeta, es traductor -ha vertido al castellano poesía inglesa, norteamericana, inglesa e italiana- y ejerce la crítica literaria en muy distintos medios. Pertenece a la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL)-.

En 1994, le fue concedida una Ayuda a la Creación Literaria con la que publicó su primer libro, Las imágenes invertidas (1996).

Posteriormente, aparecería Lenguaje de la culpa (1998), Premio de Poesía “Ciudad de Alcalá” y en 2000 De fiebres y desiertos, “Premio Comunidad de Madrid de Arte Joven”.

En 2007, vio la luz La constancia del agua; en noviembre de 2009, La casa que habitaste, Premio Internacional de Poesía “San Juan de la Cruz”, y en 2013 Las horas sumergidas, Premio Internacional de Poesía “José Zorrilla”.

En noviembre de 2014, se editó su primera antología -en versión bilingüe castellano /inglés- El árbol de tu nombre / The tree of your name (1998 -2013).

En 2010, editó su primer libro de poesía infantil y juvenil, Con el balón en juego (Hiperión. Col. Ajonjolí).

En 2014, vio la luz, Llama de amor viva. Antología de poesía mística y ascética, en la colección Adarga de la editorial Edelvives, de cuya edición, selección y prólogo se hizo cargo.

—**—

Sobre La lluvia está diciendo para siempre Antonio Lucas ha escrito:

Jorge-de-Arco-poesia-2-OtroLunes42En la poesía de Jorge de Arco sucede la vida como acontecimiento. No es exactamente celebración, sino el camino que el hombre hace desde sí mismo hasta el pensamiento. Es esta una escritura que sucede después de contemplar. Que no quiere adivinar, sino que tiene su fuerza en el modo de constatar una duda, una certeza, una lumbre en el ánimo. El poeta observa, define y dice su verdad. El poeta va descorriendo la noche por todos los límites de la emoción. Y también por todos nosotros.

En este conjunto de poemas, Jorge de Arco alcanza la plenitud de su voz, la madurez concentrada de quien tiene en la poesía una de sus razones: aquella que hace de esta ‘residencia en la tierra’ una expedición desde la que cifrar mejor la intimidad del hombre. Su sentido, su fuerza, su claridad, su confusión y su derrota.

Hazañas y naufragios, dice el autor en uno de sus versos. Así podríamos cifrar la existencia. Y así también debemos asumir la aventura en la palabra de este poeta. Qué otra cosa es, si no, esta búsqueda sin destino de nuestra salvación en las palabras.

 


 

LA VOZ limpia del campo
resuena en el umbral de la garganta.
Es la hora del trigo y los arcángeles.
Es la hora del alma y del relámpago.
Resuena mi reloj
y en el espejo súbito
del alba
comienzan a vibrar
las siete campanadas del invierno.

-Heredero del aire,
del beso y del ahogo
que dicta la soberbia del amor,
hago inventario
del frío y de los soles del ayer-.

Detrás de los maizales,
la lluvia está diciendo para siempre.
Ahora, escucho de nuevo,
la fe de su canción,
los ecos que golpean
al son de la memoria.

—**—

 

AL DORSO de un billete
dibujo mi horizonte.
Simplemente quisiera
dejar la algarabía de las sombras,
el frío del fracaso,
la mansa soledad que un día hundiese
en mi costado
un ángel de cristal y pesadumbre.

Lo primero sería
aprender a mirar
el cielo adolescente,
consumarse en la luz,
no ser el inventario
al que sobrevivirse.

Y tal vez, fuera lícito, también,
hacer del don sencillo del amor
lago, costa, bahía,
océano infinito, agua nueva…,
al cabo,
mirífica oración por uno mismo.

—**— 

 

TODO ESTÁ en calma
delante de mis ojos.
La noria del silencio martillea
sobre las largas lindes del recuerdo
y la tormenta última
dejó los campos
empapados de sueños y nosotros.

Voy descorriendo
en esta noche,
la niebla y los cabellos de lo amargo,
la luna y su desvelo,
mi lumbre y su verdad.

Afuera,
el brillo del estío
es la ardida canción
que

sigue

hablando

de

los dos.