Prefiero que me pongan a volar

Cuento

Del libro homónimo

Galina Álvarez

galina-alvarez-especial-2-OtroLunes42Galina Alvarez nació en Moscú en 1948 y cursó estudios de ingenería química en la Universidad Politécnica Mendeleev de su ciudad natal. Tras graduarse en su carrera, se trasladó a Cuba, donde vivió durante 22 años. En este tiempo trabajó como ingeniera química en diferentes industrias del país. Posteriormente ejerció como traductora e intérprete en la organización internacional COMECON, en Moscú. Vivió 20 años en Estocolmo, Suecia, donde trabajó como ingeniera en el Instituto de Investigaciones de la Química de Superficie. Desde el año 2014 reside en Guardamar del Segura, Alicante, y se dedica a la creación literaria. Es ciudadana sueca y habla cuatro idiomas. Aparte de este volumen, tiene escrito un libro de cuentos para niños. Ha publicado relatos en diferentes periódicos de España, Alemania y Chile. Su relato “El cumpleaños” mereció el premio del XXI Concurso de Narrativa Corta Real Villa de Guardamar.

 

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Internet me apasiona. ¡Cuántas cosas nuevas uno descubre cada día! Por ejemplo, ahora. Estoy mirando una página fascinante, un reportaje sobre una curiosidad. Y debo reconocer que es algo difícil de asimilar. Al principio pensé que se trataba de un chiste mediático; pero no, estamos en pleno mes de agosto y todavía falta mucho para el veintiocho de diciembre, el día de los Inocentes. Si no se trata de una broma, debe tratarse  de algún virus nuevo. Porque no puede ser verdad lo que muestra la página. ¡Qué fotos y que títulos tan increíbles! A ver, aquí hay un vídeo. Hago clic, empiezo a reproducir y pongo toda mi atención para no perder un solo detalle.

En medio del océano Pacífico hay una isla llamada Burbuja, aunque nadie sospecha de su existencia. Ningún barco ha zarpado jamás de sus costas; ningún avión ha hecho allí un aterrizaje, ni siquiera de emergencia. La isla es invisible para nosotros; por  eso no la hemos descubierto. ¡Pero el vídeo me la está mostrando! ¿Por qué me habrán escogido, a mí precisamente, para enseñármela? ¿Seré yo especial en algo?  Claro, siempre me han fascinado los mundos paralelos  y  los platillos volantes; debe ser por eso.

De pronto, siento que no estoy mirando la pantalla del ordenador, ¡estoy realmente en la isla! Me veo caminando por un campo verde, cerca de la costa. Siento el olor del mar y oigo el ruido de las olas. Frente a mí aparece un rascacielos hecho de piedra blanca y cristal. Las ventanas son amplias y de color oscuro. Camino a lo largo del murete que lo rodea y observo los parques y jardines con flores exóticas en las áreas adyacentes a la construcción. Pero todo está vacío, no hay un alma por todo aquello. Sigo caminando para entrar en un bosquecillo de palmas tropicales, de tronco liso. Más allá, al cruzar el palmeral, hay una playa de arena muy blanca y fina, todo un paraíso. Me acuerdo del viaje que hice a Cuba hace unos años. ¡Cómo se parece esta playa a las del aquel país! También el aire, impregnado de humedad y lleno de aromas de flores tropicales. Aunque esto es diferente, me doy cuenta de que el edificio no se parece en nada a las construcciones cubanas.

No sé cómo, pero de pronto me veo en otros parajes, totalmente diferentes. Debe ser el extremo opuesto de la isla. Son tierras bajas y cenagosas. Por un puente medio roto, atravieso un río de aguas negras que apestan y  salgo a un pueblo desierto con casas destruidas por los frecuentes ciclones. Sin farolas, sin jardines. Las pequeñas ventanas no tienen cristales, solo rejas de barras oxidadas.  Las calles son estrechas y torcidas, un ambiente ideal para perder el rumbo. A pesar del calor, siento un escalofrío; pero sigo mi recorrido. No tengo miedo de perderme, porque el pueblo no es tan grande y siempre he sabido orientarme bien. Al lado del poblado, un cementerio viejo me invita a entrar por una puerta desvencijada. Las tumbas hundidas, con cruces quebradas y obeliscos rotos, representan  un cuadro bastante desolador. Los árboles secos, entre la maleza, culminan un paisaje siniestro. ¡Basta ya! Tengo ganas de salir de este caserío deprimente, me ahogo en sus calles angostas. Quiero ver la luz y sentir la brisa del mar. ¡Inmediatamente!

Parece que he adquirido el poder de manejar la situación a mi antojo. ¡Es increíble! Ahora estoy caminando por las calles de una ciudad desconocida. Aunque esta sensación desaparece enseguida. Es mi ciudad, vivo en ella y siento su pulso. La gente que camina a mi lado no me parece extraña, pues me siento una parte de esa multitud. Son mis colegas, son mis hermanos. Aunque tenemos apariencia distinta o pertenecemos a razas diferentes, vivimos en paz y armonía. Y lo más importante, todos tenemos la misma misión: somos trabajadores del sueño. Nuestro trabajo consiste en crear y enviar los sueños a la gente del mundo grande.

Los creadores de sueños trabajamos en grandes grupos. Una persona sola no puede producir un sueño que valga la pena. Crear un sueño es, en principio, lo mismo que hacer una película. Y como en el mundo del cine, aquí también existe la rivalidad y la ambición profesional, todos queremos trabajar con directores famosos, desempeñar papeles principales y hacernos un nombre. A nadie le gusta participar en los sueños cortos, del montón. Es un trabajo para principiantes, no para estrellas. Normalmente, al despertar, los usuarios no se acuerdan de las visiones breves, que sólo sirven para rellenar la noche. La gente piensa con frecuencia que no ha soñado nada; y no es precisamente así. En realidad, ha consumido un producto mediocre hecho en cadena industrial, que no merece ser recordado.

Sin embargo, cuando se trata de arte, todo cambia. Los sueños bien hechos se convierten en clásicos, sobre todo, las pesadillas. Las buenas muestras del género lo despiertan a uno de madrugada, lleno de pavor y sudando frío. Encima, sin poder dormir el resto de la noche. Otro detalle: una pesadilla de calidad tiene que ser inolvidable. Lo explico mejor: Cuando yo era joven, participé en la filmación de una pesadilla tan espantosa que todavía me acuerdo de ella. Y ya he rebasado los sesenta. Se trataba de un sueño en blanco y negro, que, en mi opinión, son los más espeluznantes. Caminaba entre las tumbas de nuestro viejo cementerio y, con voz siniestra, anunciaba ―una a una― las muertes de los seres más queridos de los espectadores. Sé muy bien que los sometidos a aquella tortura se despertaron con los pelos de punta aquella noche. ¡Eso sí que fue una obra maestra!

Para filmar este tipo de visiones, el pueblo desierto es un escenario perfecto. Claro, el caserío, el bosque y el cementerio no son gran cosa para garantizar ofertas variadas. Pero un buen director puede hacer milagros, incluso con un presupuesto limitado. Lo principal es dominar a la perfección las técnicas de horror. El trabajo de nosotros, los actores, también es importante, igual que el maquillaje y el vestuario. Pero lo principal son los efectos especiales y el uso de la informática. Para garantizarlo, tenemos expertos de altísima calidad. Igual que en Hollywood, donde son muy buenos en eso. Nuestros directores roban a veces sus ideas y las usan en las filmaciones. ¡Y sin pagar los derechos! ¡Si los de Hollywood lo supieran! Bueno, como es imposible, no hay de qué preocuparse.

Llevo muchos años trabajando en eso y bien sé que fabricar una buena pesadilla es sumamente difícil. Pero crear un sueño bonito es todo un reto. Y de la misma manera, aquí hay variantes. Hay quien prefiere los sueños románticos. Sin embargo, para realizar este tipo de visiones, hay que tener mucha habilidad y un gusto exquisito. Es muy importante no pasarse ni caer en trivialidades. A mí particularmente me gustan más las fantasías. En los sueños fantásticos, la imaginación puede volar… Y esto es lo que más me agrada. En la isla hay condiciones para filmar, así que hemos hecho buenos ejemplares. El edificio de piedra blanca con sus jardines, y también las playas son un espacio perfecto para concebir historias mágicas. Hay todo un arsenal de peritos y asesores para dar su aporte: especialistas en vuelo, en música, en danza… Cuando era joven y guapo, yo trabajaba mucho como actor en esas producciones. He hecho papeles de príncipes, de amantes perfectos y hasta de seres fantásticos. Pero lo que más me gustaba era volar, sobre todo de noche. Suspendido en el aire y muy ligero, me movía lentamente, ayudado por los brazos extendidos como alas de un ave. Abajo, la ciudad con miles de luces centellando; encima, millones de estrellas en la inmensidad del universo… Volar es lo más bello que un ser humano puede experimentar en un sueño. Como no soy joven ya no me dan ese tipo de trabajo, actúo más en las pesadillas y en el relleno nocturno. Pero me quedan las memorias, los recuerdos de los vuelos no me los quita nadie.

Hay otras limitaciones que uno tiene al acercarse a la edad de jubilación. Son los sueños eróticos. Todavía trabajo un poco en este género; pero me tocan pocas filmaciones. Claro, ¿quién me va a escoger a mí, si hay tantos chicos guapos disponibles? En algunos momentos escasos, también tengo oportunidades. Es que también aparecen clientes que quieren soñar con un amor maduro. Para los gustos están hechos los colores. Así que a veces tengo mis momentos de gloria. Pero este género no es fácil; es el más problemático de todos. Porque la gente tiene gustos muy variados. Algunas personas se conforman con hacer el amor con un compañero de trabajo, pero los otros… Hay que tener tremenda imaginación para que todos queden satisfechos. Puesto que se trata de una producción masiva y no de una confección por encargo, es necesario hacer numerosos estudios sobre las preferencias sexuales de los habitantes de la Tierra. Para ello, existe un centro de investigaciones eróticas. Debido a que  los ocupantes del planeta y sus gustos son muchos, el Centro posee varios departamentos: por ejemplo, de incesto, de sadomasoquismo o de necrofilia; para citar sólo algunos. En fin, la investigación es una etapa importantísima; es, en definitiva, lo que garantiza la calidad. Sin embargo, la filmación de este tipo de visiones es algo más sencilla. Lo más complicado dentro del área es la enorme demanda, difícil de cubrir. Por eso pienso que al jubilarme seguiré teniendo algo que hacer.  Planeo trabajar de voluntario en este Centro. Ya me han prometido un puesto de ayudante.

También podría colaborar en la distribución de los sueños, que es la parte más delicada en todo el proceso. En la Tierra hay demasiada gente, con sus diferencias culturales, religiosas o de edad. Claro, en la isla existen varios grupos que combaten por la libertad e igualdad de los sueños. Están en contra de todas las diferencias, tanto culturales como de clases. También hay feministas que luchan por el derecho de la mujer a recibir productos de todo tipo, incluyendo los preferidos por los hombres. ¡Y estoy muy de acuerdo! Soy una persona de mente muy abierta. Pero las cosas no son tan sencillas como parecen. Figúrense, ¿qué pasaría si un sueño sobre el sexo abusivo llega a un adolescente de edad escolar? ¡Tremendo descuido! Se llevaría un susto de muerte. Quedaría psíquicamente dañado por el resto de su vida y tendría problemas en sus relaciones futuras. Tampoco sería correcto que una monjita de edad avanzada soñara con estar topless en la playa. Por eso existen leyes y reglas muy estrictas.  Según ellas,  los sueños más dulces se envían a las camitas de los niños pequeños. Por otra parte,  los esquizofrénicos disfrutan de la alta dosis de pesadillas que les pertenecen por derecho propio. Es decir, cada persona recibe visiones apropiadas. Sin embargo, se dan casos en que los expedidores se equivocan. ¡Qué embrollo!

Muchos, probablemente, piensan que el problema de los sueños no es tan importante. Sin embargo, las visiones nocturnas pueden, sin duda,  perturbar a una persona. Imagínense a un cirujano que acuchilla, soñando, a un individuo. Al día siguiente no tendría ánimos para operar a un enfermo de apendicitis.

Compenetrado con el asunto de los sueños, me veo, de nuevo, frente a mi ordenador. Consciente del alcance del problema, saco la conclusión de que un grupo de gente que vive en la isla de Burbuja, por eficiente que sea, no es capaz de controlar toda la actividad nocturna en la Tierra. Por eso es primordial que todo el mundo tome el problema de los sueños en sus propias manos. Y propongo organizarlo de forma democrática. Por eso hay que localizar la isla de Burbuja, porque no entendí donde se encuentra, y establecer la colaboración con sus habitantes. Opino que es necesario crear un Consejo Mundial de los Sueños, y que se ocupe de la distribución de los mismos en nuestro planeta, para evitar los errores. Claro, en este caso hay que tener mucho cuidado y vigilar al personal de dicha organización. No vaya a ser que los sueños más atractivos se conviertan en negocio lucrativo entre los funcionarios del Consejo y las personas poderosas del mundo. No quisiera ni imaginar, en ese caso, qué nos tocaría al resto.

 

Siento que la puerta se abre. Ahí está mi amiguita Flora. Es muy buena, aunque un poco monótona. Siempre lleva la misma ropa blanca. Me trae las pastillas para dormir.

―¿Qué está haciendo con esta caja vacía? ―me pregunta con voz cariñosa―. Las galleticas ya se acabaron. La voy a tirar.

―¡Qué dices! Es mi ordenador. No me lo toques.

Ella me da las pastillas con un poco de agua. Me las tomo todas juntas. Ya estoy acostumbrado y, como siempre, me envuelve un dulce sopor. Me acuesto y Flora me tapa. Es muy amable. Me dice que mañana vamos a pasear. Me pasa la mano por el pelo y se va, mientas yo me sumerjo a un sueño profundo… Ojalá que no aterrice en aquel viejo cementerio en blanco y negro. Prefiero que me pongan a volar.

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galina-alvarez-especial-1-OtroLunes42Diversas facetas de la vida, cuatro países, cuatro pueblos con diferentes mentalidades y costum – bres. Todo esto y mucho más podrá encontrar el lector en el breve volumen de cuentos Prefiero que me pongan a volar. En las páginas de este libro hierven pasiones de todo tipo. Las piezas que lo conforman cuentan los problemas que día a día enfrentan las personas comunes y corrientes. Aquí puede uno reconocer a sus vecinos, amigos o familiares; aquí están presentes el amor, los ce – los, la envidia… Desde los fríos parajes de Suecia hasta la Cuba tropical, pasando por la enigmática Rusia y el soleado Levante español, así de extenso es el itinerario del viaje que nos propone la autora. Este es un libro cosmopolita, ilustrativo y lleno de emociones. Dignidad, amor y amistad son sus lemas principales.

Editorial Círculo Rojo
Colección Relatos
Fotografía de cubierta: © Galina Álvarez

ISBN: 978-84-9140-000-4