Underwood y otros poemas

Poesía

Sergio Muñoz

sergio-munoz-poesia-OtroLunes42Nace en Valparaíso en 1968. Poeta. Licenciado y Profesor de Música por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. En 1994, recibió la Beca de la Fundación Neruda, y ha dirigido desde entonces, el Taller de Poesía de La Sebastiana (1994–2008). En el Centro Cultural La Sebastiana ha organizado, entre otros, los ciclos: “Poesía en Valparaíso”, “Voz de Mujer”, “Encuentro con la Poesía Chilena”, “50 Años del Canto General”, “A 30 Años del Premio Nóbel”, “Literatura en Pareja”, “Neruda: 30 Años de Ausencia”, “Poesía Prisionera”, “Al Encuentro de Neruda” y “Escritores del Alma”. En 1998 dirigió el “Taller de Encuentro con Poetas Chilenos” y al año siguiente recibió la Beca del Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura. El 2003 fue uno de los ganadores del Concurso de Publicaciones del Gobierno Regional de Valparaíso. Ha participado en diversos encuentros de poesía y recitales de su obra en Chile, Argentina y Perú. Desde el 2003, dirige talleres literarios y musicales en la Cárcel de Valparaíso y otros recintos penitenciarios de la región. Desde el 2004 co-dirige el Seminario de Reflexión Poética en el Centro Cultural La Sebastiana.

Ha publicado los siguientes libros individuales: Lengua muerta (Ed. La Trastienda, Santiago de Chile, 1998); 27 Poemas – Lengua en Blues (Imprenta Herrera, Valparaíso, 2002) y Lengua ósea (Edición del Gobierno Regional de Valparaíso, 2003).

Poemas, reseñas y artículos suyos aparecen publicados en numerosas publicaciones chilenas y de otros países. Desde 1994, ha participado en innumerables conferencias y charlas sobre poesía en Colegios y Universidades chilenas y extranjeras, antologías, recitales y presentaciones de libros en librerías, cafés, pubs, ferias del libro, programas radiales y televisivos regionales y de Santiago.

—**—

 

crepuscule with nellie

a scott weintraub

 

toda la nostalgia desorientó mi gesto

estar aquí es estar en todas partes          y si no es el fin
es al menos el retorno al río o a algo que se le parece
un torrente perdido          inmaterial
que estuvo siempre y no vi antes
que revoloteaba
sacudiéndose de todo lo que no era importante
y no lo vi o no lo quise ver
no al menos con estos ojos mínimos

y sin embargo          ya puedo ver tu cara en el aire
imaginar al menos el canto de tus ojos
en su color de almendro sugiriendo lluvia

ya huelo en ellos una bandada de pájaros estáticos
volando libres por ti          y si este espiral persiste
y si la vida es esta respiración que descubro contigo
es porque el espiral son tus párpados benditos cuando amanecen
es porque la vida viene de tu silencio          que cada día me habla más
es porque el conjuro del tacto de aquello desconocido que nos roza
me sugiere un labio sin necesidad de decir nada
y el torrente y el agua me mecen
cuando toda la nostalgia desorienta mi gesto

algo que puede leerse como una poética
ni más ni menos que palabras
un ramo de palabras frescas para la caída del sol
percutidas sobre la represión de cierta oscuridad
que todos cargamos sobre nuestras supuestas cicatrices

crepúsculos con nellie
y sus dedos largos          tiesos
tan extraños como esta música que envuelve y arrulla
como el cielo          como tus pechos
como una tibieza cualquiera que no es cualquier tibieza
la evidencia de un calor que deja huella y significa
toda la seducción que se deduce de lo que allí habla como signo
como epicentro de algo que nos mueve

claro          ella emociona
y uno puede verla en el gesto del agua
en la imagen de esa piedra labrada por los años
que se alisa y se viste de suavidad
sólo para nosotros
al menos una vez en la vida
o en el día          qué importa
si lo visible sólo queda encerrado en el recuerdo

te acuerdas?

del hombre que tenía una rara obsesión?

del hombre que guardaba pedazos de mar?

que coleccionaba mares?

tenía la obsesión de aprisionar un mar
en frascos de vidrio etiquetados:

mar jónico          mar báltico          mar negro
mar del japón          mar de los sargazos
mar egeo          océano índico
mar muerto          mar caspio
mar del coral          mar rojo
mar de valparaíso
mar céltico o cantábrico

te acuerdas que scott nos contó la historia
de ese hombre y del hijo de ese hombre
que ayudando a su padre en su obsesión
equivocó la botella en un tren al sur de francia
y se tomó el mar mediterráneo que llevaba a casa
y escupió sobre su novia los restos de un mar encerrado
que prefería secarse en el piso de un tren
que amanecer etiquetado en una botella y un número
adentro de una sala de amplia chimenea
en una casa de connecticut o minnesota
o carolina del norte o new jersey?

toda la nostalgia desorientó mi gesto
y si no emerjo          esto es todo lo que hay
no hay más en la tibia máscara que es el recuerdo
cuando punza como esta telaraña que punza
en un día que no es noche o en la noche que aún no es día

y si no emerjo          es porque aún no sé nadar
es porque una espina se amoldó a mi cuerpo
con raíz y sacrificio          con mancha oscura
en el tramo inicial de los días
y nunca quise ese estado de placenta en mí
lo que el agua hacía en la roca a mi me corroía
el margen          la sombra
la marca de absurda identidad

crepúsculos con nellie          cómo ir más allá de estos signos dispersos
en la gracia del camino y del sueño que creemos soñar en el otro
cuando la verdad es que somos soñados por alguien
por otro          en otro tiempo quizás
por la transparencia o la sombra
por la máscara o el ropaje
escondido en otras caras y cuerpos
recordados por un rostro que no es el nuestro
recobrados en el ropaje y el olor
de otro mar escurridizo que horada el horizonte

—**—

underwood

a luis garcía montero
 
fata viam invenient
(el destino encontrará la manera / eneida x – 113)

 
yo conozco el cauterio de este racimo gozoso
que es el tintineo de un silencio quebrado

tac         tac          la máquina
pero todo tiene un nombre
y virgilio viene al extravío de mi boca y de mi piel
con su voz umbilical          susurrándome al oído
fata viam invenient          ahí donde me pierdo
donde soy el muerto que soy y goteo sombra
donde la luz se enhebra antes de la carrocería oxidada
de un buda volador que me cargará en su féretro máximo
es decir          en el misterio del aire
de aquello que se agota y no se quiere ver
casi un barco arrastrando un dique
con el cielo arriba y mi abuelo          exponiéndose
y colocando su corazón en el peso de esa quilla
para sentir en su latido acorralado
lo corto y efímero del mundo

bastaría con que algunas bocas se acercaran
pero no          es tiempo de la alternancia del agua y del fuego
como si necesitara sólo ser quien soy
pero quién soy?

como si fuera feliz con recordar sólo una parte
como agotar por una vez el cariño que alguien me daría o viceversa
pero quién soy?

lo que subyace en el caso del tiempo          o del ser
es que al caer como el barro o la sangre por la pendiente
en que la raza cae          y ver cómo las sienes se recogen
con un gran estrépito de sombra
nada vuelve a ser como antes         nada
siempre hay una luz equivocándose en el lado del camino
que nos distrae o nos alumbra con su brillo o su margen

y ayer          aunque el ayer es sinónimo de sangre
vi un margen          una luz irrepetible
y sin saber quién soy          tuve un sueño
que al menos retuve en el espacio que nos vincula
es decir          en la orilla de esa embarcación que naufraga
la misma que vimos de reojo en el sueño
y que ahora veo yo         con cansancio
con sequedad en el movimiento que existe
entre lo que vemos y lo que nos ve
entre lo que somos y lo que no
si es que eso es posible

yo no sé          yo he perseguido cosas a lo largo del tiempo
y me he quedado estático         encerrado en ellas
como dentro de un túnel que no pasa
y no me deja ser ni cicatriza
labios          rutas         a veces cosas mínimas y erráticas
pero contigo me ocurre otra incertidumbre

esa underwood          que suena como todo lo demás
la heredé de mi abuelo materno          el único que tuve
un día que late con la furia de su ritmo endemoniado
quebrando la noche para todos          goteando
en su hilo dactilar          en su odio          en su cólera
el sueño de una música estática que fue mía y no
como todo         como el sueño que es y se deshace
en la memoria gris y azul de la mañana
como la figura quebradiza de esos altares en los que ya nadie cree
fijos los ojos en la epifanía que ya no se produce
por si voláramos en el rito de esta escritura nemotécnica
que hila el hilo de su regreso          en su propia derrota
aunque rauschenberg me desmiente en un cuchillo
que es un cetro que es una cabeza que es un bolígrafo
que es un peinado que es una caja que es un río
que es un pájaro muerto          tal vez un collage resucitando
y aunque siempre perdemos
cuando más perdemos es cuando no nos damos cuenta
y el filo de lo que sea termina incrustado
en el fondo del ojo          así          sin aviso
con la fe y el cuerpo terminándose poco a poco

pero no somos distintos
distinto es el color del cielo cuando al fin lo vemos
encerrado entre esas montañas
distinta es la comisura de una boca cuando aletea
y yo la he visto aletear          colmando al menos
una parte efímera de mis horas solas

distinto es el modo en que nos aferramos a la noche
yo insisto en las palabras          y tú
abres la ligazón de los minutos a un círculo mágico y bello
que habla con lo visible y lo invisible
como si se pudiera hablar de todas estas cosas quebradizas

pero no todo es espejo          no todo resuena
como la multitud en las calles          remando en el fango
de un tiempo que creo          es todo el tiempo

si yo supiera quién soy sería tan fácil desnudarme para ti
relajar el hábito tibio de cada mañana en tus ojos
abrazarte en español como si del idioma dependiera
la fugacidad del abrazo o la imagen carcomida
del espejo          o la ilusión detenida en las manos

nada que no hubiésemos podido despejar
o aprender con un poco de sexo en la mañana
pero la verdad no está en lo poco que ardemos
está en la sensación pasajera del ser          del estar
en la mueca feroz de la pertenencia al placer
a la especie que en un quejido se consuma
como el fuego eterno que somos
ardiendo pasajeros y virtuosos
como una estela fugaz en el sueño
que nos reconoce en nuestra matriz animal
y de allí a la piedra del sacrificio
que alguna vez nos retuvo

y él está ahí          mirando hacia adentro
soportando el laberinto infernal de otra máquina
que quiere dejar su luz para siempre
que quiere ser su aliento
repartiendo los años del encierro
en postales avedon         en citas
en cosas de ese tipo          avedon          avedon
y sin embargo          la imagen es una          la piedra
la boca retorcida levemente          errante
su voz rota          los pliegues          pliegos de su frente
la certeza de unas palabras repetidas hasta el fin
avedon          avedon           una de esas cosas increíbles
que sólo se avistan y ya sabes que su silencio
será un grito más desgarrador que todo lo que has oído antes
avedon          derramándose          derramándose

como una erupción que se deja ir por el cerro
por la calle          por la distancia de un rostro a otro
limitando
desde tus ojos a los míos
desde el silencio en que se abren a la lejanía que los arropa
o los envuelve          o los rige          cómo saberlo

en la inmediatez de un abrazo que no existe
en el espiral adonde completamos lo que somos
si es que somos          con la misma exactitud
de los altares con que a veces me abismo

me forcé a través de años de silencio
a la transparencia exacta del adiós          a su mímesis
a su aura benéfica          pero claro
yo me acuerdo cómo éramos
cómo encendíamos el fuego en su nombre

tac          tac          tac          tac
resonaban las teclas como antorchas rebosantes de algo

tac          tac          tac          tac
la estética lateral de aquello que se adhiere a uno
como la tristeza          como un acto mudo o mundano
o la ceguera que empieza a acariciarme con levedad
con sinrazón y escalofrío          tac          tac
si hasta el título emociona cuando lo dices despacito
y sin prisa          adivinando la cita y el año
el puente colgante y el agua
que ha acariciado a esas piedras
con una voz tan fina

turbio el pulso de su demora
ellas          agónicas          perdidas y sin nombre
porque su anonimato significa sombra
noche pernocta para el silencio del duelo
una heroicidad que no se ajusta al límite          al albedrío
a la mecánica del abrazo donde quisiera un día ir contigo
donde te veo         donde sé que me ves          donde el viento
se solidifica en cierta huella que alumbra y nos acerca
y une algo que no se podrá desatar sino con la muerte
que es hasta donde comprendo          por ahora

algo que se oye sólo en la morfología de la penumbra
es decir en ti          en tu aliento con el oído extranjero
de otro abuelo que nunca me habría querido
cómo saberlo

con párpados acariciando el vacío
la sombra          el ramaje impuesto
por irrefrenables labios
con distancia
con displicencia
con disidencia
con desenfado
si quieres decirlo así

repite          yo lo acepto
yo escapo de las cosas que me aprisionan o me dañan

escapo aunque en la herida deje rastros de mí          sangre
ojos cabizbajos          múltiples señas de mi paso por el tiempo
signos de mi estancia en esta calle solitaria y lúgubre
que vuelve tan etílico y lejano el aliento de alguien
que no nos quiso y no permaneció

y los puentes          o se cruzan          o separan
como el hombre que meditó bajo el barco
que arriesgó su cabeza y urdió su silencio en su alma
y me heredó el amor          el silencio y el alma con sigilo
con cierto temor de mi lengua materna
la única que tuve
y yo          me zambullí en ellos
y claro          esto es pura ideología
y cómo no          si el trueque de la lengua es eso
pudor          vergüenza         escalofrío
un tibio trance ideológico por donde te guía el deseo
una danza         un cruce aletargado de tantos y tantos caminos

tac          tac          tac
el tableteo de lo que es exacto y vuelve
y abre incertidumbre en la gracia de un abrazo
en el latido de un color que crece dentro nuestro
lo que íbamos a ser          doblegándonos sobre nuestra sombra
el tumulto          el giro sobre nuestras cabezas dormidas
esa proximidad de unas pisadas que se descuelgan del sueño
y divierten sin más razón que cierta burla elegíaca
que después de tanta muerte          de tanta ala herida y enterrada
ya no quisimos agitar sobre nuestras cabezas
o lo que fuera          esa bruma
esa desolación de sabernos partícipes
de un baile irremediable que se acaba

tac          tac          tac
pero hay que estar ahí
indefinidamente estar ahí
donde la bruma y la desolación a veces nos doblegan
donde cargamos la energía necesaria
para después inocular nuestros mitos cotidianos
esas pequeñas hazañas que a veces nos disfrazan
la devastación de nuestros rasgos más humanos
la consagración de una impiedad
una pereza o una gula que siempre están
en el torrente que nos lleva

hay otras dimensiones en esto y en todo
pero a veces pienso en cualquier cosa que no sea palabra
que sea sombra          que sea silencio y me colme
que sea ritmo y rumia abriendo sus fauces indistintas sobre mí
abriendo longevidades en un abrazo seco y sinuoso
que nos obliga a la decantación de una nueva rutina de sombras
fijando el intersticio fantástico de la lujuria
alrededor de unas olas que apenas se divisan
constituyen          abrazan y silencian

porque nadie aparece en el horizonte sin ser llamado
nadie acude a la periferia de un verbo
sin la palabra exacta que se derrama
en la arqueología de un mar
en su proporción significante
que divide la ruta del desgano en la figura de lo exacto y su luz
de lo sagrado que es nada pero espesa el camino
calaveras profusas a través de un ventanal
de manera simultánea y con fascinación
de un plano sugerido por la ausencia del otro
extremos tensados hasta la dulzura
una frágil voluta empujada por el aliento del viento

pero esto no es todo
aparecen voces que acompañan          que arrojan lejos
que hilan el temple sagrado de la derrota
pues cada una de ellas trama su pequeña elegía
reencantada en la traducción de la memoria
su desvelo material
su cuerpo
lo dual
lo que se habita en la distancia
de una desconfianza que fuerza desaparición
en los rincones en que la voz se transparenta
se ilumina fatalmente
arde en sus nudos invisibles

tac          tac          tac          tac
underwood          underwood

el destino encontró la manera

el lugar de la poesía          si es que ese lugar existe
es la conjetura del mínimo error          la luz
del retazo que anochece en la ciudad vulnerable y espectral
las teclas que resuenan aún en mi memoria
el pecho del hombre debajo del barco
la luz de tu abuelo sugiriendo mi exilio
las piedras recogidas en el tumulto de una época          los pasos
deshabitados en el desequilibrio de una constelada presencia
la caricia exacta y dolorosa de un adiós que dice adiós

Textos pertenecientes al libro: Lenguas de Humo Transparente, Ed. Altazor, 2016.