"Los peldaños de la vida"

Cuentos

Mercedes Senent García

Mercedes-Senet-Narrativa-OtroLunes42Mercedes Senent García  (Guardamar del Segura, 1966). Desde su adolescencia comienza a interesarse por la escritura, ayudada por su amor a los libros. Comienza escribiendo sobre su infancia  y  sus primeros amores y amistades. Es en un taller de escritura y otro de Cuentacuentos, organizado por la Universidad de Verano de Guardamar  donde comienza a interesarse más seriamente  por el mundo de la escritura gracias a las enseñanzas recibidas de Silvia Adela Koham, Llorens Giménez, Ariel Rivadeneira, Francesc Miralles y el cubano Antonio Álvarez Gil. El periódico “Información”, de Alicante,  en octubre del 2011 le publicó un microrrelato titulado “El nido”. Recientemente ha sido seleccionada con su microrrelato “La lavadora”, en el VI Certamen de microrrelatos  “Arvikis-Dragonfly de la plataforma cultural “Raices de papel”, de ámbito nacional. También será publicado su microrrelato “Encuentro con Dulcinea” al haber sido seleccionado en el Concurso de Narrativa : 400 años de El Quijote, que ha convocado la Editorial Artgerust.  Ha publicado el libro para niños Los colores de la lluvia, con sus propias ilustraciones.

 

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 Los peldaños de la vida

Miguel sabia que si subía por aquella escalera ya nada volvería a ser como antes. Hacía diez años que no veía a Victoria, y ahora que tenía la oportunidad de reencontrarse con ella, no sabía qué hacer.

Se habían encontrado en un taller de escritura en Madrid, cuando él apenas conocía el mundo literario. El día que les presentaron, sus miradas emitieron destellos que presagiaban que entre ellos iba a surgir algo muy especial. Victoria intervino en una mesa redonda para hablar de la situación de los escritores en España. Ahí fue cuando Miguel sintió que se estaba enamorando de aquella mujer tan bella e inteligente. Sus palabras atravesaban sus oídos hasta llegar a su estómago, para distribuirse por toda su piel, haciéndole sentir un desconocido placer. Esa noche, tras la cena, él la saco a bailar.

−Ya veo que te gusta dirigir –dijo Victoria mientras le regalaba una sonrisa−, y lo haces muy bien.

−Una mujer como tú merece un buen guía como yo –replicó Miguel sin dejar de mirarla−. ¿Dónde has estado todo este tiempo?

−He estado por Alicante –soltó Victoria con una carcajada, tratando de quitarle hierro  a la pregunta−, escribiendo principalmente.

Mientras iban bailando él le fue contando que venía de Galicia, su tierra, y que había comenzado a escribir de manera más seria desde hacia un año. Había publicado en sólo unos meses un libro de relatos cortos que poco a poco se iba vendiendo. Entre tanto, ellos seguían bailando al compás de una música caribeña que les hacía moverse de manera sensual.

Miguel recordaba todo aquello y se sentía confuso. Tenía grandes deseos de verla, pero sabía que ese posible encuentro del que habían hablado podría echar al traste  su actual relación. Él reconocía que acudía a este último congreso, en gran parte, porque deseaba volver a ver a aquella mujer tan especial para él, y a la que no había olvidado.

Volvió a retomar los recuerdos de hacía ya diez años: Llegaron al hotel en diferentes coches sin decir palabra sobre si se verían más aquella noche. Casualmente llegaron a la entrada del hall y tomaron el mismo ascensor. Victoria tenía una habitación compartida con una compañera  de trabajo, y justo al lado se encontraba la habitación de Miguel. Ella se encontraba un tanto mareada y salió al balcón a tomar un poco de aire fresco.

−¿Miguel, estás ahí? −preguntó  Victoria desde su terraza−, anda, ven, que te tengo que decir algo.

−Dime –respondió él.

−Veras,  es que yo…

Miguel la acercó tomándola del brazo y la besó con tanta pasión que ella se dejó llevar. Aquellos labios sabían transmitirle el deseo que él sentía. Al cabo de un momento, estaban juntos en la habitación de él. Allí la pasión les llevó a amarse de una manera muy especial para ambos. Los labios y la lengua de Miguel recorrieron el cuerpo entero  de Victoria deteniéndose en su pubis. Ella gemía de placer sin importarle si algún vecino de habitación la podía oír. Sencillamente se dejaba llevar por aquella sensación que tanta felicidad le proporcionaba. Cuando él acabó de acariciarla  se tomó unos minutos para descansar, después ella comenzó a besar el cuerpo de él. Miguel no sentía ese deseo por su novia; el sexo, hasta ahora, había sido algo secundario, pero lo que había descubierto al dejarse acariciar por  Victoria era sublime. Aquella noche durmieron abrazados  tras caer rendidos de tanto amor.

“Tal vez cuando nos reencontremos, no sintamos nada el uno por el otro”, pensaba Miguel, “es posible que la distancia haya contribuido a idealizarnos, pero, ¿y si volvemos a sentir el mismo deseo que años atrás?, sería muy doloroso volver a alejarme de Victoria, renunciar por segunda vez al amor de mi vida. Quizás lo mejor seria no volver a verla”… Pero no, eso no se lo perdonaría nunca. Mejor tomaría la decisión justo antes de la cita.

Bajaron a desayunar a la cafetería del hotel, recordaba Miguel. Él estaba pletórico, feliz, hacía mucho que no se sentía de ese modo.  Este regalo que la vida le ofrecía era inmensamente más valioso, porque ella era de carne y hueso y le hacía sentirse el hombre más afortunado del planeta. Tras el desayuno fueron a la sala en donde Miguel debía participar en una mesa redonda. Estaba un poco nervioso, pues era la primera vez que participaba en un congreso de literatura. De todos modos, su amigo Esteban confiaba en él y en su don para la palabra,  por eso le había invitado.

−¿A qué hora es tu intervención? – le preguntó Victoria.

−A las once –respondió Miguel mientras miraba la hora en su teléfono móvil.

−¿Has hablado antes en público? – le dijo ella mientras acariciaba su mano.

−Sí, en otros congresos, pero no tenían nada que ver con la literatura, eran charlas sindicales. Aquí hablaré de la Asociación de Escritores Noveles que he creado junto con otros colegas.

−Entonces, ya tienes algo de experiencia. Ya verás como lo haces bien.

−Eso espero –añadió Miguel mientras le regalaba una franca sonrisa.

Continuaron allí sentados escuchando a Almudena Grandes hablar de cómo empezó  a escribir, quiénes fueron sus referentes y sus maestros. Esta gran mujer tenía al público embelesado con sus conocimientos literarios.

El mensaje de Victoria le sacó de su recuerdo: ¿Vendrás finalmente al congreso internacional?, yo me hospedaré en el hotel NH de la ciudad. Está en el centro de Berlín. Hay unas escalinatas para llegar a él, pero es tan bonito, que merece la pena subirlas. Tengo muchas ganas de verte.

Miguel se quedó pensando. Apenas tenía tiempo para decidirse. Andaba dubitativo entre el deber y el querer, además sentía que si iba traicionaría a su novia, pero de repente recordó una locución latina que oyó un día decir a Victoria: ¡Carpe diem! Tomó su móvil y le escribió. ¿Cuántos peldaños hay que subir?