"Creo que en estos momentos me costaría trabajo pasar a escribir en ruso"

Entrevista a la escritora Galina Álvarez

Amir Valle

galina-alvarez-especial-3-OtroLunes42

Conocí a Galina Álvarez hace ya unos cuantos años, cuando por esos avatares de la vida intelectual coincidí en Gijón, Asturias, con el escritor cubano Antonio Álvarez Gil, a quien yo entonces sólo había leído. Aunque me parezca algo absolutamente irracional, para quienes nos siguen (lectores, amigos e incluso colegas), nuestras esposas suelen perder sus individualidades para convertirse en “la mujer de…”. Y lo más curioso es que, desde nuestra primera conversación, no la vi como “la mujer de…” sino simplemente como Galia, una mujer reservada, en muchos modos tímida, de esas que gusta escuchar y, llegado el momento, expandir una poderosa personalidad y unos criterios que en muchos casos resultan de una claridad demoledora.

Aún así, cuando la escuchaba hablar, algo me hacía repetirme en mi cabeza que su experiencia de vida en Rusia, Cuba, Suecia y España la había convertido en protagonista de momentos que podían convertirse en literatura. Galia (así la llamamos sus amigos y familia), quizás entonces sin saberlo, acumulaba en su folio vital un mundo de historias que podrían llegar a ser buena literatura.

Por suerte, esa misma vida, ese tozudo azar concurrente del que han hablado muchos escritores y artistas (entre ellos, nuestro Lezama) y, lo sé, esa aventura que es vivir al lado de un creador insaciable e incansable como es Antonio Álvarez Gil, fueron circunstancias que la empujaron a escribir.

Gracias a eso hoy celebramos el nacimiento de su primer libro: Prefiero que me pongan a volar, que ha sido el pretexto y motivo para esta entrevista.

— ** —

Ante todo, definamos para nuestros lectores quién es Galina Álvarez como ser humano y, de ser posible, qué caminos vinculados al arte y la literatura (personales, familiares o profesionales) alimentaron a la Galina Álvarez que ahora se nos presenta como escritora.

Desde niña, he tenido gustos muy variados: me gustaba pintar, leer, ver películas y resolver problemas matemáticos. Y me gustaba escribir las composiciones literarias que eran obligatorias en la escuela de mi país de entonces. Creo que esos gustos tan diversos son la herencia de mi padre, que era una persona multifacética. Él era ingeniero militar, pero le gustaba mucho el arte, así como la literatura y el teatro. Era un actor aficionado bastante bueno. Desde pequeña me animó a leer a los clásicos de la literatura universal. En mi casa siempre sonaban la música clásica y arias de óperas famosas, reproducidas en los muchos discos de la colección de mi padre. Antes de cumplir los diez años ya yo había visitado los museos de arte más importantes de la capital de Rusia.

 

Tres retos esenciales tuviste que vencer para escribir este libro. Y quiero que te refieras a esos retos por separado. Yo voy a mencionarlos y tú debes pensar y decirnos cómo crees que lograste salir bien de tales empeños.
a) Empezar a escribir “tarde”:

Realmente, lo había intentado mucho antes. En los años ochenta escribí una novela de unas cien páginas. Pero tenía un problema grande, el idioma. Mi idioma materno es el ruso. Un buen amigo de nuestra familia, el difunto escritor cubano Justo Vasco, que hablaba ruso, la leyó y dijo que no estaba mal. Pero ¿qué futuro tenía yo, escribiendo en ruso y viviendo en Cuba, fuera de mi ámbito lingüístico? No tenía posibilidades de compartir siquiera mis escritos con nadie que no fuera mi marido. Estaba condenada. Por eso tiré el manuscrito a la basura y me olvidé del asunto. Hasta el día de hoy, que ya domino el español lo suficientemente bien para expresar mis ideas en este idioma. Ahora estoy jubilada, tengo tiempo y vivo en España, donde la gente me puede leer.

 

Con su esposo Antonio, de visita en Rusia, 2014.

Con su esposo Antonio, de visita en Rusia, 2014.

b) Escribir en un idioma que no es tu lengua madre:

Siento el idioma español casi como el mío propio. Distingo todos los matices, domino las formas idiomáticas y las uso, tanto oralmente como en forma escrita. He leído muchísimos libros en español y los he disfrutado. Adoro el español y me encanta escribir en este idioma. Creo que en estos momentos me costaría trabajo pasar a escribir en ruso. Y no porque lo haya olvidado ―lo uso diariamente en mi familia― sino porque mi contacto con la literatura, sobre todo la buena literatura, en los últimos años, ha sido mucho más extenso en español. Conozco mejor las técnicas y las tendencias literarias en español que en ruso.

 

c) Escribir teniendo al lado a uno de los grandes escritores de las letras cubanas, tu esposo, el narrador Antonio Álvarez Gil:

Es todo un privilegio. Llevo años al lado de mi marido, sumergida totalmente en su prosa. Siempre hemos tenido mucha comunicación durante el proceso de creación de sus novelas y cuentos. De forma inconsciente, he aprendido muchísimo sobre el arte de la creación literaria. Más tarde, luego de haber empezado con mis propios experimentos, participé en dos cursos sobre técnicas literarias, que Tony ha impartido aquí, en Guardamar, y aprendí muchas cosas nuevas. Mi marido ha sido para mí un verdadero maestro, un maestro cuya competencia y conocimientos he aprovechado al máximo.

 

Antes de entrar en el tema de este libro de cuentos, me gustaría que me hablaras de otra de tus vertientes creativas literarias, que tuve la suerte de conocer: la literatura infantil. Se dice que es un género menor y por ello se menosprecia al escritor de este género. ¿Qué te impulsó a escribir historias para niños? y ¿qué piensas del género?
Un dibujo de uno de sus nietos.

Un dibujo de uno de sus nietos.

No estoy de acuerdo con la definición de “género menor”. Primero, porque todo el mundo quiere que sus hijos lean y que tengan cultura. En la mayoría de los casos, el amor a la lectura surge en edades muy tempranas o no surge nunca. Para que un niño se sienta atraído por un libro, cuando hay tantas otras cosas entretenidas hoy en día, este libro tiene que ser bueno. Y para que un libro sea bueno, su autor tiene que ser un buen escritor. Es más, debe tener cualidades de las que un escritor para adultos puede carecer: querer a los niños, ser un buen psicólogo infantil y tener una fantasía tal que pueda cautivar el corazón de los pequeños. Tiene que ser sincero, porque los niños enseguida descubren las falsedades. Escribir para niños no es fácil, lo mismo que escribir humor. Hay que tener un don especial.

Otro dibujo de sus nietos.

Otro dibujo de sus nietos.

En mi caso, fue una casualidad la que me impulsó a escribir para los niños. Estuve separada de mis pequeños nietos durante un año. Cuando volvimos a encontrarnos, sentí que ellos se comportaban conmigo como con una extraña. Era natural, apenas se acordaban de mí. Entonces, decidí reconquistarlos contándoles cuentos a la hora de acostarse. Los inventaba en el momento. Les gustaban mucho y cada noche me pedían más. Al cabo de dos semanas ya tenía tantas historias que decidí apuntar algunas de ellas. De allí surgió el proyecto del libro infantil.

 

Prefiero que me pongan a volar, tu primer libro de cuentos, es un libro de historias cotidianas, diríase que casi costumbristas, pero sabemos que esas historias de la vida, del día a día, necesitan ser revividas en ese otro universo vital que cada autor crea. ¿Hasta qué punto tu experiencia de vida aparece en estos cuentos y qué “contaminaciones” tuviste que añadirles para que funcionaran con vida propia en el terreno de la ficción?

Siempre me han gustado los cuentos y las novelas basadas en las historias humanas y los problemas sociales. Probablemente, eso se debe a la literatura rusa, la base de mi formación. Esto no quiere decir que no me gusten la fantasía u otros géneros. Todo lo contrario, me encantan. Por eso he incluido en mi libro algunas historias fantásticas. Pero lo que más me atrae como autora es llamar la atención del lector sobre los problemas que enfrentan las personas comunes y corrientes en su día a día. Problemas que a veces pasan inadvertidos para la mayoría de la gente. Es evidente que en este tipo de narrativa el autor utiliza muchas de las experiencias propias. No se trata siempre de experiencias personales, sino de un resumen, un resultado de la observación de la realidad que hay a su alrededor. Claro, escribiendo cuentos uno utiliza de vez en cuando algunos pasajes de su propia vida; pero nunca retratando la realidad, pues entonces no sería un cuento, sino una autobiografía. Algunas de mis historias están basadas en mis propias vivencias, pero sólo parcialmente; además, muy noveladas y enriquecidas con situaciones nuevas y personajes ficticios. En la mayoría de los cuentos he utilizado más bien mis observaciones. Observo mucho a las personas que se mueven a mi lado. Los otros son el resultado de mi imaginación al cien por cien.

 

Uno de los ámbitos más curiosos del libro es la mirada transcultural, híbrida, de muchas de las historias, pero una mirada natural, sosegada, nada forzada, que demuestra la asimilación profunda de idiosincrasias y culturas ajenas a tu origen. Expliquemos a los lectores, desde tu perspectiva, a qué se debe ese tan particular punto de vista.

galina-alvarez-especial-1-OtroLunes42Desde siempre he conocido la psicología y el comportamiento de la gente de mi país de origen. Por eso me resulta fácil imaginar su manera de proceder en diferentes situaciones de la vida.

En cuanto a las personas de otros países, he aprendido a entender y evaluar su modo de ser.  Viviendo en el extranjero, uno tiene dos opciones: comprender la cultura ajena y tratar de asimilarla, o ponerse a criticar todo lo que ve y amargarse la vida. La primera opción es la más sabia. Cuando vivía en Cuba, hacía mucho esfuerzo para asimilarme dentro de la sociedad cubana. Creo que lo logré; y durante los años que pasé en aquel país viví como una cubana más. Por eso conozco bien la idiosincrasia de la gente y entiendo su psicología.

Al mudarme a Suecia, me enfrenté a un mundo totalmente distinto y conocí un tipo de personas muy diferentes a los cubanos. Al principio, me costaba trabajo comprenderla, ya que se trataba de gente sumamente reservada, con otro tipo de cultura de comunicación. Creo que al fin lo logré, al cabo de veinte años de vida en aquel país. Por eso puedo meterme en la cabeza de un sueco, imaginar cómo piensa y lo que siente.

En España, donde vivo ahora, la cosa ha sido mucho más fácil; parece que ya tengo mucha más experiencia para asimilarme en otras culturas (he pasado por tres inmigraciones, lo que es algo a tomar en cuenta). Los españoles no se parecen tanto a los cubanos como uno pudiera pensar, pero son muy abiertos en el trato y muy agradables. Creo que ya los entiendo muy bien y me atrevo a escribir sobre ellos.

 

Grandes temas, temas universales, grandes preguntas existenciales, forman la escenografía y ocupan a los personajes de tu libro. ¿Qué demonios quiso exorcizar la escritora Galina Álvarez aquí?

Es verdad. En mis cuentos toco los temas que tienen una importancia grandísima en la vida de cualquier persona. Por ejemplo, la amistad, el amor, la lealtad. Son tópicos que siempre han sido importantes para mí. Y en ellos sí que ha habido demonios. O, por ejemplo, el tema de la inmigración. Sufrí en carne propia las dificultades que enfrenta un inmigrante en Europa, donde nadie lo necesita. Particularmente, salí airosa de todas las pruebas a las que la vida me sometió. Pero he visto a otras personas fracasar, personas que tenían sueños y ansias de un futuro mejor. Y en vez de eso tuvieron que enfrentarse a una sutil discriminación laboral y al aislamiento social. Algunos de estos problemas existenciales que disecciono en mi libro no me han rozado a mí personalmente. Por ejemplo, el tema de la soledad. Nunca he estado sola; todo lo contrario. Pero he visto mucha soledad en un país tan admirado como Suecia. O, por ejemplo, el drama de las familias problemáticas; de los niños que crecen en tales familias. No tengo ningún demonio a exorcizar en este sentido, pero tengo mis recuerdos sobre otros niños que, seguro, han tenido que arrastrar los demonios durante toda su vida.

 

Ya hablamos de la influencia que tuvo en tu decisión el haber vivido la mayor parte de tu vida al lado de un escritor como Antonio Álvarez Gil, con una obra impresionante por su calidad y madurez, pero… ¿qué otras influencias literarias crees que te formaron?

Siempre me ha gustado la lectura. Cuando cumplí los dieciocho años, ya yo había leído prácticamente toda la literatura clásica rusa y europea. En la escuela, la asignatura de literatura era una de las principales. Estudiamos a fondo a los clásicos rusos como Pushkin, Lermontov, Nekrasov, Tolstoi, Dostoievski, Turguénev, Chejov, Kuprín, Gorki, Gógol, Shólojov… la lista sería muy larga. Posteriormente leí a muchos más como Babel, Bulgakov, Pasternak Nabókov. No quisiera olvidar a otros que no forman parte a esta lista. Como cuentistas, sin duda, Chejov y Babel están para mí en el primer lugar.

Por otra parte, conozco y amo la literatura universal, tanto europea como americana, y en particular, la hispanoamericana. Y como cuentistas, siempre he apreciado a Maupassant, Hemingway, Maugham, Poe,  Cortázar y Bukowski. Pero hay tantos escritores buenos, que este espacio no alcanzaría  para nombrarlos a todos. Por eso he mencionado a los primeros que me vinieron a la mente.

 

Preguntarle a una madre cuál  de sus hijos prefiere es una estupidez, pero en este caso me animo a preguntarte: si tuvieras que proponer a los lectores los cuentos de este libro que te definen como escritora, los más cercanos a lo que consideras sea tu estilo personal, ¿cuál propondrías?

Creo que todos llevan mi sello personal. Tengo cuentos dramáticos, por ejemplo “El castigo”, “Encuentro en Guardamar”, “Mirando las estrellas”, “Heavy metal” y “El método cubano”.

Pero también me gustan el juego y el humor. Por eso, para reírse un poco, recomendaría los cuentos como “Castidad”, “Prefiero que me pongan a volar” y “Sabrosura cubana”.

 

Durante una de las sesiones de la Tertulia que en Guardarmar organizan los escritores españoles Juan Calderón Matador y Javier Bueno.

Durante una de las sesiones de la Tertulia que en Guardarmar organizan los escritores españoles Juan Calderón Matador y Javier Bueno.

Sé que otras ciudades han sido esenciales en tu vida profesional, pero ahora justamente Guardamar del Segura es la ciudad donde naces como escritora. ¿Qué encontraste en Guardamar que te decidió lanzarte a este tan complicado oficio que es escribir?

Un día asistí a La Tertulia Literaria de Guardamar. Algo curiosa, fui con mi marido, sólo para acompañarlo y conocer nuevas personas. Me había jubilado, precisamente, y por primera vez en mi vida tenía mucho tiempo libre y estaba buscando en qué emplearlo. Continué yendo a  La Tertulia para escuchar los escritos de los participantes, ya que me había gustado el ambiente en el grupo. Con el tiempo empecé a presentar mis trabajos, que tuvieron muy buena acogida. Me hablaban de publicar un libro y yo no lo tomaba en serio. Pero un día pensé: ¿y por qué no? He tenido una vida muy interesante, con experiencias en varios países y muchas historias que contar. Así surgió este libro de cuentos. Y lo que me dio un estímulo adicional fue el hecho de haber recibido el premio en el XXI Concurso de Narrativa Corta Real Villa de Guardamar de este año.

 

Los escritores sabemos que cuando terminamos un libro, ya otras ideas creativas nos asolan con su presencia. ¿Qué nuevo proyecto literario te ocupa ahora mismo o qué podemos esperar de la autoría de Galina Álvarez en el futuro?

Después de este libro, voy a publicar el libro de cuentos infantiles del cual te hablé al principio de la entrevista. También me gusta mucho la pintura y el diseño. En otros tiempos estuve barajando entre dos posibles carreras universitarias: la pintura y la química. La química venció. Fui práctica, pues es más fácil ganarse la vida siendo ingeniero que pintor. Además, me gustan mucho las ciencias exactas y siempre he sido buena en ellas. Trabajé toda mi vida como ingeniera, y no me quejo. La afición a la pintura quedó guardada hasta el día de hoy. Pues después de escribir los cuentos infantiles, decidí ilustrar yo misma el libro. Me pasé varios meses trabajando con los dibujos y ya están hechos. Pienso publicar este libro infantil para finales de este año, si Dios quiere. Por cierto, ya se puede valorar la calidad de mis dibujos, pues fui yo quien hizo la imagen para la cubierta del libro Prefiero que me pongan a volar, y la editorial me la aceptó, lo cual me puso muy contenta. Pinté un sueño, un vuelo nocturno.

Y hablando del futuro, vamos a ver. Estoy escribiendo otros cuentos, pero a lo mejor se me ocurre escribir algo diferente. ¿Quién sabe?