"Vivimos sumando experiencias que fertilizan la ficción"

Entrevista con el escritor cubano Osvaldo Antonio Ramírez

Amir Valle

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La vida de Osvaldo Antonio Ramírez es la vida de un personaje de novela. Desde sus años cubanos, su integración al universo de la literatura insular lleno de contratiempos y traspiés, la decisión de salir al exilio, su exilio mismo y, para referirme al motivo de esta entrevista, las peripecias, artimañas y trampas que ha tenido que hacerle a eso que algunos llaman “destino” para no dejar que muera el escritor que, sin dudas, muchos sabemos que es. Un escritor tozudo, empecinado, fiel a los valores humanos que defiende tanto en la vida como en las páginas de sus libros. Y es precisamente esa tozudes, ese empecinamiento en imponerse a todas las circunstancias (la mayoría adversas y que desilusionarían a otros) lo ha convertido en un autor que es necesario tener en cuenta al hablar de la novelística cubana de la isla y el exilio. Si, además, se trata de un gran amigo, es un doble placer que haya concedido esta entrevista.

 

Comencemos por lo más sencillo: escribir, ¿cuándo lo descubriste? ¿Podrías contar alguna anécdota que explique a los lectores como un economista puede llegar a ser un escritor?

osvaldo-antonio-ramirez-entrevista-2-OtroLunes42Supongo que escribir estaba ahí, pero no lo había visto y esto, como dices, supone un descubrimiento. Aunque fui un lector precoz, empecé tarde a escribir. Me parecía que los escritores pertenecían a un Olimpo inalcanzable para el resto de los mortales. Era una idea muy ingenua y tampoco sabía que se trataba de trabajo y perseverancia y, por qué no, también un poco de terquedad. Un día, no sé debido a qué desencadenante, me vi escribiendo y salió una novela. Entonces me pregunté: qué hago con esto. Indagué y la pista me llevó a Julio Crespo Francisco, en Sancti Spiritus. Julio tuvo la gentileza de leer el texto y ponerlo en el yunque después de fraguarlo. Te confieso que fue demoledor. Lo odié, pero seguí sus consejos y hoy no me canso de agradecerle. Fue el primer “escritor” con el que tuve un contacto directo. Aquella novela: Las razones del silencio, la publicó tiempo después Editorial Oriente, aunque antes había publicado en las Ediciones Luminaria y algunas publicaciones periódicas. Así llegué a la literatura. Imagino que cada cual tenga una anécdota, no importa si es economista, abogado o médico. En mi caso, el contacto con la economía fue bastante superficial, apenas algunas funciones administrativas de segunda importancia. La literatura te atrapa, te saca de donde estés y te mete bajo sus sábanas; es como una trampa (digo trampa en su acepción para nada peyorativa) que Dios, o esa fuerza intangible que mueve el universo, pone en tu camino. Ya después, el mundo y la vida han sido diferentes.

 

Otra pregunta de ubicación: de Sancti Spiritus, en el centro de Cuba, a la populosa Barcelona. ¿Qué ha cambiado y que permanece entre aquel Osvaldo Antonio de El fantasma del camino de San José y este de Instrucciones para desobedecer al padre?

Este Osvaldo Antonio es otro, Amir. La metrópolis, sus códigos y la jungla que significa, te cambian. Aquello es el zoo, éstas son las praderas del capitalismo, hay que salir a cazar. He tenido que sobrevivir a mandobles. Me han engañado, utilizado, traicionado. Ya queda poco del hombre crecido en un entorno de ingenuidad campesina. Por suerte también la literatura ha cambiado. La creación, la forma de ver y asumir el acto literario se transforman. Recuerda que el acceso a determinadas lecturas en Cuba está condicionado por la censura. Un ejemplo: Parte de tu obra, la leí aquí. En Cuba no habría podido leer  Las palabras y los muertos, al menos por la vía tradicional. La cantidad de información, el intercambio necesario en el oficio influyen. Ya alguien dirá que allí también hay intercambio, y es cierto, pero me refiero a intercambiar con gente que tiene, precisamente, otro tipo de información, otra forma de ver el oficio; incluso la perspectiva para seleccionar los temas, cambian. Allá mucha información no llega o la tienen unos pocos que hasta la escamotean. Soy la misma persona, pero endurecida y con un oficio, Dios me oiga, reforzado. Algunos libros que publiqué en Cuba, hoy no los publicaría.

 

Una tercera clave de ubicación: ¿cómo te fue como escritor en Cuba? ¿Qué le aportaron esas, lo sabemos, singulares circunstancias al escritor que hoy eres?

No quiero decir que soy un producto de los talleres literarios, aunque ya lo dije. Nadie es un producto de nada. Todo depende de sí mismo. Los talleres literarios pueden ayudar, pero también traumatizar a un creador hasta el punto de sumirlo en un ostracismo absoluto. Hay en los talleres literarios muchas y diversas opiniones, algunas ayudan, pero otras no se deben tener en cuenta. Hay mucho sabiondillo improvisado en ese mundo y es importante saber dilucidar entre un buen consejo y a un mediocre diciendo chorradas escudado en palabrería rebuscada. No puedo decir que me fue mal como escritor en Cuba; sin embargo, pudo ser mejor, pero la culpa es mía. Al margen de esto, nunca pertenecí a las “guerrillas literarias”. Vivía en Fomento, un pueblito perdido en la barriga del interior de la isla y eso influía a la hora de escribir y, en mayor medida, darlo a conocer. Hay mucha y buena literatura engavetada en Cuba. Acá ha sido distinto porque me deshice del autocensor que tatuaron en mi subconsciente.

 

Y un cierre para el lector: el exilio, ¿cuándo, por qué y cómo llegas a vivir a España?

A España vine invitado por la Universidad de Murcia. A pesar de lo que antes te comentaba, desde aquella ciudad (lo digo por jactancia) perdida en el quinto mundo, intentaba tocar el exterior. Logré que los Diálogos Cervantinos, que celebra la universidad, me invitaran. Traje un ensayo que escribí de una novela de Jorge Edwards: El sueño de la historia. Así vine. La decisión de permanecer aquí fue mía. Quería sacar de allá a mi obra y a la familia. Luego vino el trauma del exilio. Las circunstancias que imponen la existencia y la necesidad de sobrevivir. Algunas cosas salieron mal; otras, no las hice bien. No obstante, algo he logrado. Y sigo apostando por el futuro.

 

Propuesta para matar a Salinger

Para quien no ha leído el libro, ¿qué dirías si quisiera que lo comprara?

osvaldo-antonio-ramirez-entrevista-4-OtroLunes42Para decirlo a manera de código genético, diría que es la rebelión del hombre nuevo y el fracaso de las utopías. La escribí en Cuba casi en su totalidad. Sabía que allí jamás se publicaría. Aquí la trabajé con un cruce de perspectivas: la que no tenía de aquí mirando desde allá y la de allá con distanciamiento. Trabajé con más cercanía toda la parte que transcurre en España. Con experiencia vital pude acercarla a la realidad. Me gustaría que fuera leída dentro y fuera de Cuba. En ella se develan mecanismos de represión que muchos desconocen, todo para lograr el aplastamiento de la personalidad a quienes se niegan a vivir constreñidos en el asfixiante molde de “el hombre nuevo”. El clásico “con nosotros o contra nosotros” aunque tengan que recurrir al chantaje para doblegarte, pegarte donde más duele como le ocurre al personaje que he querido nombrar “Yo”. Pero además, intento mostrar la realidad adversa que puede ser el exilio. Conoces de cerca que no es la manzana dorada, sean cualesquiera que sean los motivos: los que nos hemos ido huyendo del aplastamiento de la personalidad o quienes han decidido emigrar para acomodar la existencia paupérrima que han vivido en la isla. Partimos con la abrumadora idea de cazar al gran cetáceo y nos convertimos en el capitán Ahab. Hay un ligero matiz entre exilio y emigración. Nadie se desarraiga por complacencia, pero en quienes han tenido que recurrir al exilio como salvación el trauma se multiplica. Es lo que pretendo compartir con el lector. Me gustaría que la novela se publicara en Cuba, que la gente de allí conozca la experiencia. Que no se dejen chantajear como le hacen a Yo, el personaje de Propuesta para matar a Salinger, que puedan dilucidar que no todos los que van y alquilan coches y pagan cervezas viven el sueño del capitalismo y prefieren llevar con ellos el sofisma del triunfo aunque para algunos sea una pesadilla.

 

Es un libro poderoso y estridente. ¿Por qué esa rabia, casi grito, que recorre todo el libro?

Porque, sin que me lo propusiera, la novela es una denuncia que se apropia de la ficción y narra la rabia de que Alguien (en la novela es un sustantivo propio) nos imponga algo que no queremos hacer. Estoy convencido de que muchos de los delatores ––chivatos o informantes, en buen cubano––, viven asqueados de lo que hacen. En la novela serpentea la rabia por abandonar  a los tuyos porque tienes miedo de que la maquinaria represora se ensañe con ellos. La rabia de ser quien no quieres y vivir desarraigado. Libertad, la verdadera, es poder decir que no. Decidir que no vas el domingo al trabajo voluntario porque, sencillamente, no te da la gana; quedarte en casa la noche de la reunión del Comité de Defensa sin que Alguien marque tu nombre en una lista negra; que no existan las asambleas de méritos y deméritos que tanto condicionan la voluntad; es la rabia de sentir que tu vida está ceñida por tu decisión de aceptar o no los postulados que te imponen.

 

Quienes hemos estado cerca de ti en estos últimos años reconocemos en ese libro muchas claves personales. ¿En qué sentido podría considerarse un exorcismo de esos fantasmas que desde Cuba te vienen siguiendo?

No puedo evitar que experiencias mías y de personas cercanas afloren en los dos libros. Sabemos que la novela es un fenómeno de madurez. Vivimos sumando experiencias que fertilizan la ficción. Yo, el personaje, está basado en alguien que siempre consideré un buen amigo. Un día, asfixiado por los fantasmas que le corroían la conciencia me confesó que él me había delatado, que era mi sombra, y me dijo cómo hacía los informes, pero lo que es peor, me hizo saber que la maquinaria represiva se preparaba para sacarme de circulación. Tuve miedo. Pasado el tiempo he pensado que su confesión pudo ser parte del mecanismo. En los dos libros, me apropio de la ficción para descorrer la película de lodo sobre las aguas del pantano. Propuesta para matar a Salinger es una especie de exorcismo, tenía necesidad de sacarme de las tripas algo que, ahora mismo, puede estar sucediendo a cualquiera. Hay muchos Yo y Alguienes allí dentro.

 

Tu novela habla de traumas nacionales muy cercanos a eso que he llamado en mis ensayos “cubanidad corrosiva”: la delación, la mentira, la doble moral, no ya solo entre los intelectuales y escritores, sino permeando a toda la sociedad. Alguien que sigue esos hermosos cantos de sirena, engañosos, que lanza la propaganda revolucionaria, diría que exageras… ¿Exageras?

Nada más lejos. Queda mucho por develar: mecanismos psicológicos y otras lindeces que algún día se conocerán. La delación, la mentira y la doble moral en el amplio sentido del término se han arraigado durante tanto tiempo que ya son endémicas. No creo que exagere en lo absoluto. Se creyó que Solzhenitsin exageraba cuando publicó Archipiélago Gulag, salvando las distancias entre él y yo, por supuesto. Anoche, vi una película: Promesas del este, de Cronenberg,  que muestra cómo actúa la mafia rusa en occidente, su sangre fría y comportamiento inhumano. Me hizo recordar tu pregunta porque pensé ¿exagera, la película, lo hago yo en mis libros? Y me dije, no, la mía es una página de un libro inmenso que empieza a hojearse. Quienes viven con una venda en los ojos y el mundo cerrado en la punta de la nariz, creyéndoselo o fingiendo, dirán que exagero.

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Instrucciones para desobedecer al padre

Cuba nuevamente vuelve a gravitar en esta novela, aunque aquí desde una perspectiva más cercana a la novela negra. ¿Por qué elegir la novela negra si sabemos que en Cuba es considerado un “género menor”?

osvaldo-antonio-ramirez-entrevista-5-OtroLunes42Cuba gravita en todo lo que escribo. Es un trauma que arrastro, no por patrioterismo sino porque dejé allí las puntadas de la vida que me han bordado por dentro. La novela negra es el género que con mayor profundidad revuelve el estercolero de la sociedad. Se considera un género menor porque se ha escrito muy mala novela negra, al margen de la confusión de mezclar con ella a la literatura policial, que entregó al público lector peores ejercicios. Novelas por las que transitaban heroicos agentes de la Seguridad del Estado llenos de virtudes, policías filantrópicos incapaces por su, llamémosle, formación altruista, de maltratar a un delincuente. Sabemos que hay mucha falacia, corrupción y envenenamiento sentimental entre los que ejercen el acto represivo y eso allí nadie se atreve a decirlo y quienes lo hacen sólo se atreven a rozar el tema.

 

Lo más curioso en esta novela es tu inmersión en la marginalidad y, como autor de novelas que transcurren en La Habana, conozco que no es igual la marginalidad en provincias, donde se desarrolló buena parte de tu vida, la marginalidad capitalina y, además, la marginalidad española, de Madrid o Barcelona. Ya que, por las traumáticas circunstancias de tu exilio, has podido vivir en esas tres marginalidades: ¿qué puntos de contactos literarios te han alimentado? Y, también, ¿cuál es el papel de la marginalidad y de esa fauna marginal cubana en tu novela que, al menos desde mi punto de vista, va más allá de lo cubano?

La marginalidad en el interior de Cuba tiende a ser más astuta, se mimetiza por necesidad, se enmascara y es más ladina y recelosa. Por ser ciudades pequeñas, el control policial se ejerce con facilidad. Por decirlo de alguna manera, la policía recurre menos a la praxis del oficio. La gente se conoce, sabe cómo vive cada cual y el alcance de sus posibilidades económicas. Cuando esto cambia, salta la alarma y con activar a un par de chivatos es suficiente. Es lo que le ocurre a Rey, el personaje de Instrucciones para desobedecer al padre. La marginalidad en las grandes ciudades tiene más capacidad de movimiento. Conocer este fenómeno: Interior de Cuba––Madrid––Barcelona me aporta la posibilidad de comparar una realidad y otra. En las dos novelas, los hechos que ocurren en Cuba suceden marcados por el cuidado (mejor decir miedo) al ojo que te ve. La existencia de una banda armada que opera con cierta impunidad allí no ocurriría (aunque, a ojos vista, por el camino que lleva la sociedad cubana no tardará en superarlo). Hemingway aconsejaba no escribir de lo que no se conociera de cerca. Vivir estas realidades me permite acercarme al tema. No se trata de ser amigo del delincuente al que le pagas una copa y te cuenta la historia de un atraco que después recreas. Se trata de ser delincuente junto a él. Carlos Montenegro escribió Hombres sin mujer porque vivió entre ellos. De nuevo se impone salvar distancias. Hay quienes escribieron desde fuera acerca de un determinado tema y lo han hecho muy bien, pero la experiencia vital es importante. He leído muchos libros que se mueven en la marginalidad que van enriqueciendo y ampliando esta visión.

Pero ya antes te decía que la marginalidad en Cuba tiene un papel protagónico. Toda la sociedad se mueve en torno a ella. Aquel “compañero” que antes fuera un cuadro del Partido Comunista y hoy tiene un negocio privado, se mueve en el mundo de la ilegalidad porque ¿de dónde saca la materia prima, insumos y todo lo que necesita cualquier negocio para funcionar en las condiciones de Cuba? Los dirigentes aceptan sobornos, abusan de su poder. La policía te quita una multa si le pagas la mitad del importe, siempre que seas turista, se entiende. Los niveles de corrupción son muy altos. La descomposición moral no tiene banderas o límites geográficos y es eso lo que va más allá de lo cubano. Temo que los cambios en Cuba generen una sociedad similar a la de la Rusia de hoy. Vemos en España a la mafia rusa dueña de la Costa del Sol, llegando a Europa con maletas llenas de dinero comprando mansiones. Ya se sabe que en Cuba los hijitos de papá, herederos del poder, viajan por el mundo vacacionando en preciosos yates anclados en paraísos de ensueño, con escoltas y tirando dinero a cuatro manos.

 

En esta obra, la realidad política cubana adquiere un protagonismo fuerte al mostrar una cara bastante oscura de la represión y la manipulación social, que se alza como un fantasma para perseguir a los protagonistas. ¿Qué retos enfrentaste para que tu novela, teniendo momentos muy críticos, incluso a nivel de parlamentos de los personajes, no se convirtiera en un panfleto político anticastrista?

El primer reto que me impuse fue ser honesto con los personajes. No me permití en ningún momento matizar sus existencias o exagerarlas. Sus vidas son así y los habría traicionado si no las respetaba. La realidad como telón de fondo no la podemos negar. No me permitirían que sus vidas florecieran en un paraíso isleño edulcorado y falaz. Las historias están narradas en un contexto histórico y social insoslayable. Pero hay algo que debo puntualizar: todo es ficción, una gran mentira que, aunque parezca contradictorio, devela una gran verdad. El error que cometen las sociedades cerradas, las dictaduras, es confundir historia con ficción porque le temen a la verdad inventada que hace que la gente piense. Los libros de historia narran sucesos que ellos pueden ordenar reescribir a su antojo, pero la verdad de la ficción es insoslayable porque se rebela contra la verticalidad. Es esa, precisamente, la gran virtud de la ficción y de la novela en particular.

 

En la novela, como telón de fondo, se perciben esos silenciamientos, esos secretos, esas zonas podridas que a muchas zonas del poder en la isla no le convienen. ¿Necesita Osvaldo Antonio, el escritor, gritar esas terribles verdades a la luz? ¿Hasta qué punto, según andan las cosas, no es esta novela sobre la situación cubana otro surco en el mar?

Ambas novelas pueden provocar rash cutáneo en determinados círculos de poder, pero no entre la gente que vive al borde del descalabro y conoce el fenómeno de cerca, lo vive día a día. Me decía un lector que son mecanismos que él no imaginaba, que identificarse con el entramado narrativo le resultó fácil. Queda mucho por decir, sólo esperemos a que se destape La caja de Pandora. La historia se puede tergiversar y escribir a petición de los vencedores, pero la novela es dueña de una verdad que no se puede negar y es por eso que existe tanta censura.

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Las dos novelas han sido publicadas en la editorial Atmósfera Literaria. Me gustaría que me comentaras cómo ha sido tu relación con ese proyecto.

Atmósfera Literaria es una editorial pequeña, emergente y con recursos limitados. La promoción es cara y hacen lo que pueden. Mi relación con el proyecto ha sido buena desde el inicio. Esperemos, y lo deseo de veras, que los vientos editoriales tensen sus velas. Sabemos lo que vive hoy el mundo editorial y cómo se comporta. Hace unos días leí que Belén Esteban (famosa tertuliana de la chismografía que escribió un libro sobre el tema) vende tres veces más que Vargas Llosa. Esto no es sólo una muestra de cómo está el mercado, sino de dónde está el interés cultural. Confío en Atmósfera Literaria, quizá debamos hacer más, ellos y yo.

 

 Pregunta necesaria, aunque algo gastada. ¿Algún nuevo proyecto en preparación?, ¿próximamente, otro libro?

Tengo dos novelas terminadas: una se decanta, Géminis y a la otra, Cierra los ojos y mira intento colocarla en algún concurso. Trabajo para vivir y todos los espacios se los dedico a la literatura. Vivo y sufro el acto de escribir, pero ahí voy, como dijo F.S. Fitzgerald: “Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”.