Erudiciones, momentos de vida, iluminaciones

Sobre la novela Resplandor, de Gustavo Arango

Marco Tulio Aguilera Garramuño

Resplandor
Gustavo Arango
Ediciones B, Colombia, 2016

 

Gustavo-Arango-librario-narrativa-OtroLunes42La novela Resplandor de Gustavo Arango es el relato de dos peregrinaciones: la del monje chino Fa Hsien en busca de los libros sagrados y la del escritor del libro (que no oculta ser Arango, por los abundantes datos biográficos que cede) en busca del cumplimiento de una tozuda fantasía que nació en su infancia: ir a Sri Lanka (antes Ceilán) y no solo conocerla, sino saber por qué a lo largo de su vida ha estado obsesionado por esa isla (que es casi un continente).

Alimentada por varias fuentes, plagada de pequeñas historias que se van entretejiendo a lo largo del relato del recorrido del monje Fa Hsien (que llega a la isla de Ceilán tras  atravesar 30 000 kilómetros de montañas, desiertos, eriales, mares, mendigando, predicando, reuniendo discípulos); alimentada también por la crónica de las observaciones del escritor, que efectivamente viaja a Sri Lanka; alimentada además por la reproducción de documentos escritos por autores que vivieron en o visitaron la isla; finalmente alimentada por la historia de Buda, sus milagros, transformaciones, su vida, muerte… Resplandor va organizando fragmento a fragmento una novela en partes apasionante e ilustrativa, en ocasiones con achaques de manual turístico o doctrinario.

En el relato del recorrido de Fa Hsien por 30 000 kilómetros de mundo se da cuenta de los avatares que tuvo que sortear el monje obstinado (como el escritor Arango) así como de la construcción de cientos de miles de templos celebratorios en los que se veneran reliquias de Buda (el templo más curioso es el que se dedica a un diente que se halla protegido por siete candados dentro de siete cofres, cuyos candados tienen llaves que son cuidadas por siete monjes: “Cada cofre tenía tres cerraduras, para un total de veintiuna, y la llave de cada cerradura estaba confiada a un monje distinto. Solo una orden suprema hacía que los veinte monjes se reunieran en ceremonia solemne y procedieran a abrir las veintiuna cerraduras”.

(La obsesión de Arango por Sri Lanka y todo lo que se refiere a ella es extraña y admirable. Otro de los libros de Arango,  Morir en Sri Lanka, es una especie de catálogo universal de aforismos, frases célebres, erudiciones, momentos de vida, iluminaciones. Escrito en párrafos que no rebasan las tres líneas, toma como modelo insoslayable de su estructura a un libro del (casi anónimo) escritor norteamericano David Marksan; y para mí que lo supera, pues el de Marksan resulta ser seco, mecánico, mientras que el de Arango es jugoso, apasionante. Lo leí en una especie de deslumbramiento y ocasionó en mí lo que generalmente ocasionan los buenos libros en los escritores: querer haber sido el autor o escribir por lo menos uno semejante).

Vale la pena reproducir un fragmento de una carta incluida en Resplandor: No sé si la expresión “Morir en Sri Lanka” surgió desde el principio o fue gestándose poco a poco. Al principio creía que era el título de una novela que pensaba algún día escribiría. También pensé que se trataba de una premonición. Lo cierto es que la familia y los amigos se han cansado de oírme repetir la frase… Y en otro párrafo dice: Un día empecé a notar  que las reinas (de belleza) que enviaban (a los concursos de Miss Universo) de Sri Lanka tenían bellezas raras y eran, de lejos, las que más felices se veían. Sentí que ese país era propicio a la alegría, y así empezó a gestarse el sueño de visitarlo algún día”.

La belleza de las reinas de Sri Lanka se convierte en una especie de hoyo negro que determina la vida de escritor y que lo lleva hasta la gran isla.

El escritor narra su salida de Colombia tras el asesinato de su padre, traficante de sueños” (involucrado en tráfico de drogas). Luego de un matrimonio fracasado, de los hijos, el divorcio, el trabajo como periodista en  la ciudad de los crepúsculos (Cartagena) y después como profesor en el país de los sueños (Estados Unidos),  Arango viaja a Sri Lanka (antigua Ceilán) y allí cumple su deseo arraigado de conocer el país de su obsesión. (Todos los anteriores son datos verificables en entrevistas y otros libros del mismo autor).

En una Nota del autor al final del libro Arango escribe: “La historia de Fa Hsien me ha acompañado toda la vida. Además de su proeza admirable, me ha interesado que el destino más distante de su viaje fuera Sri Lanka… Se ha dicho que Fa Hsien  escribió dos libros y que solo uno de ellos sobrevivió. He querido pensar  que aquí escribí una versión aproximada de ese otro libro que el tiempo devoró”.

El viaje de Fa Hsien resulta ser un viaje en busca de la pureza, en busca de las fuentes originales de la doctrina y en busca de un sentido para su vida, así como el viaje del escritor configura un intento de comprender su existencia azarosa (azarosamente doméstica, sin grandes hazañas), en busca, en fin, de la pureza; ello  para poder como el monje responder a la gran pregunta final: ¿Eres puro? ¿Estás libre de faltas?  (Gran pregunta que todos los escritores en sus obras y todos los seres humanos en su vida, tarde o temprano deben hacerse e intentar responde).

Y en la raíz de todo y como origen de todo lo narrado se halla la belleza feliz de las reinas de belleza de Sri Lanka vistas en la infancia y el asesinato del padre, hechos que movieron la maquinaria del mundo para que se pudiera concretar Resplandor. Novela que es un viaje compartido hacia otra cara de  esta humanidad: la que se encuentra en la Isla  Resplandeciente, Sri Lanka, donde infinidad de templos de asombrosa arquitectura llenos de prodigios artísticos son ahogados por la selva, donde hay  vestigios de mundos perdidos y donde la religión ocupa gran parte de la vida cotidiana.

De Arango he leído, además de Resplandor  y  Morir en Sri Lanka,  las novelas Santa María del Diablo, rescate histórico de la fundación de la primera ciudad española en el continente americano, situada en el Golfo de Urabá (hoy territorio colombiano), obra de ineludible valor histórico, sólida documentación y alto valor narrativo;  y El origen del mundo, que rescata experiencias de un escritor latinoamericano en una universidad de Estados Unidos. Todas, las cuatro, novelas dignas de ser leídas, obras de un escritor que ha fundamentado una carrera meritoria que sigo con la más aficionada atención y apasionamiento.

(Nota final: esta reseña, imperfecta y apresurada, no da cuenta cabal de la obra de Arango: quise terminarla pronto  para que saliera en Otro lunes¸ que me puso un plazo improrrogable).