La cotidiana intimidad de lo vivido

Reseña

Sobre el libro de cuentos Prefiero que me pongan a volar,
de Galina Álvarez

Amir Valle

galina-alvarez-especial-1-OtroLunes42Una de las cosas que se extrañan en el universo de la literatura son los libros honestos. Esos libros que, tal vez, puedan no ser perfectos, o a los que puedas cuestionar algún que otro detalle que la madurez literaria permitiría abordar desde una perspectiva supuestamente más útil para la ficción construida, “defectos” que te ves obligado a perdonar sin embargo por el aluvión de sensaciones, de mensajes, de reflexiones que sólo brotan en la cabeza del lector cuando se enfrenta a una historia narrada desde la más natural sencillez y la honestidad.

Prefiero que me pongan a volar, el primer libro de Galina Álvarez es uno de esos libros honestos.

Y deberíamos comenzar diciendo que si para cualquier escritor cada página en blanco es siempre un reto, en el caso de esta cuentista –rusa, con una fuerte asunción de “lo cubano” y una larga experiencia de 20 años en otro entorno tan complejo y distante como la cultura sueca– tres retos esenciales no pueden olvidarse: el primero, comenzar a escribir tardíamente (aunque quizás escribía ya, desde hace mucho tiempo, pues los escritores sabemos que hay libros que vamos escribiendo durante años en nuestra cabeza hasta que rompe el dique de los pensamientos y se corporiza); el segundo, escribir en una lengua tan complicada como el español, tan alejada en lo gramatical, lo escritural y lo cultural de la lengua rusa; y atreverse a entrar en ese ruedo que es la creación literaria siendo la esposa de un gran escritor, nombre ya imprescindible en la literatura cubana, Antonio Álvarez Gil (y esto, que conste, no es algo sin importancia, aunque pueda parecerlo, pues quienes estamos en este mundo sabemos –que le pregunten a nuestras esposas o familia– cuán difícil es convivir con un escritor, soportar su sombra, intentar sobreponerse a sus vicios…, y un largo etcétera).

Esos retos añaden un valor agregado a este libro y, estoy seguro, a ellos debe buena parte de sus valores literarios: la fluidez natural de una prosa que, más que narrar, parece compartir un secreto en susurros; la configuración de personajes que se mueven con la sencillez confianzuda de los viejos conocidos; y un trabajo muy interesante en la estructuración de las historias mediante el más preciso escamoteo o la muy pensada dosificación de la información, de modo que el lector no sea simplemente un ser pasivo sino que se vea obligado a colaborar en la trama que va descubriendo mientras pasa las páginas.

galina-alvarez-especial-9-OtroLunes42Quienes tenemos el privilegio de conocer a Galina Álvarez (Galia, para sus amigos) sabemos que es una mujer que gusta reflexionar de asuntos tan insignificantes de la cotidianidad y de la vida humana que para otros ni siquiera son relevantes (vicio que, me atrevería a asegurar, le viene de su formación científica: “los científicos piensan distinto a nosotros, los mortales”, solía decir alguien a quien Galia ha leído muy bien: Dostoievski); pero sabemos también que tiene un don, el de la sinceridad, el de soltar lo que piensa sin temer a las consecuencias, algo que escasea desde que en la sociedad, hace ya unas cuantas décadas, se impuso esa marejada de limitaciones contra la honestidad que eufemísticamente se ha encasillado bajo el término “lo políticamente correcto”.  Y esa combinación de su carácter reflexivo y su aplastante sinceridad confieren a las historias recogidas en este libro la luminosa transparencia y la ligereza (enriquecida por las savias que arrastra) de las aguas de los manantiales que brotan, rebeldes, de lo más profundo de la tierra.

Gracias a esa mirada, inquietante, cuestionadora, analítica, la autora nos presenta un recorrido muy singular (que va desde la extrañeza, la compasión, el asombro, la confabulación hasta el distanciamiento y el rechazo crítico) por temas que, pese a ser universales: el amor, el odio, la muerte, el rechazo a lo distinto, etc., van marcados por la cotidiana intimidad de lo vivido por Galia en su confrontación personal con otras culturas y otras maneras de entender los avatares de la existencia humana. Y todo ese entramado temático es llevado a escena (y esto es esencial) por individuos que, como el ser humano que decidió trastocarse en autor para contarnos estas historias, han sido empujados a situaciones límites, a momentos que jamás imaginaron experimentar, a choques de toda índole, a enfrentamientos éticos, a circunstancias traumáticas que –además de conceder a estos personajes una solidez literaria que los hace parecer cercanos, vivos– configura un escenario lleno de señales de complicidad, guiños e incluso gritos de alerta para los lectores, que seguramente han estado ante situaciones similares pero, debido a la supuesta falta de importancia de estas situaciones (tan cotidianas, tan irrelevantes), nadie antes se había atrevido a recrearles.

Si a lo anterior se suma el equilibrio que logra la autora en colocar el dato necesario allí donde es más importante, o en quitar algunos elementos para obligar al lector a pensar, a sacar sus conclusiones e ir construyendo juntos la historia, es obvio que los cuentos parezcan empecinados en arrastrar al lector en sus riadas de sentimientos, de reflexiones, de acciones, como un experto pescador que, al sentir la mordida del pez sobre el anzuelo, sabe que es justo ahí cuando comienza el verdadero duelo de las inteligencias.

Prefiero que me pongan a volar, de Galina Álvarez, así, mediante la naturalidad transparente de sus tramas, la creíble y vívida configuración de los seres que habitan estas historias, y el amplísimo universo vital que muestra en un retablo que a muchos les resultará casi íntimo de tan cercano, es un excelente primer libro, qué duda cabe.