El muralismo mexicano, nada de folklorismo ni curiosidad turística

Gregorio Vigil-Escalera
Asociaciones Española y Madrileña de Críticos de Arte (AECA/AMCA)

Diego Rivera - "Caña de azúcar".

Diego Rivera – “Caña de azúcar”.

A partir de la Revolución de 1910 se pone en marcha en México este gran acontecimiento cultural, que, según uno de los tres artistas más representativos de esta corriente, Siqueiros, consideró como la creación de un arte monumental y heroico, humano y popular, y fruto de un trabajo noble y de la expresión de la vida espiritual de la raza mexicana que brota de lo nativo, y en particular de lo indio.  La idea central era la pintura de muros que el pueblo mexicano no tenía más remedio que ver dada su visibilidad urbana y reconocer porque en ella se reflejaba la fe en una revolución que lo había sido todo.  Mediante tal tesis se estaba dando lugar a través de esta gran pintura mural a una exaltación nacional, a una invocación a sus raíces prehispánicas y a una glorificación de los héroes de la independencia.

En realidad, el juzgado por algunos como el acontecimiento más importante del arte iberoamericano a lo largo del siglo XX, dio comienzo por obra y gracia del Secretario de Educación del gobierno Obregón, convencido de la necesidad de un arte heroico que ayude a fortalecer al pueblo y motivarle a participar en los cambios políticos  -cierto es que actuaba de buena fe-, al poner a disposición de artistas jóvenes la oportunidad de impulsar un proyecto artístico capaz de llegar al pueblo (es decir, capaz de convencerle de que era él el auténtico protagonista incluido en las imágenes).  De ahí procede una reflexión previa que derivó en un discurso didáctico, barroco, expresionista y con cierta retórica, abogando por el historicismo, el costumbrismo y un incipiente vanguardismo. Con lo que  partir de la creación del Sindicato de Trabajadores Técnicos, Pintores y Escultores, se produce la estructuración del movimiento muralista, que, repudiando la llamada pintura de caballete, se decidió por un gran formato y unas inteligibles figuraciones que trasladaran un mensaje visual que fuera recibido -¿bien, regular o más que bien?- por el destinatario al que estaba dedicado –el proletariado industrial y el campesinado especialmente-,  y en parte también por su estratégica ubicación pública y fácilmente visible.

José Clemente Orozco (1883-1949), Diego Rivera (1886-1957) y David Alfaro Siqueiros (1896-1974).

José Clemente Orozco (1883-1949), Diego Rivera (1886-1957) y David Alfaro Siqueiros (1896-1974).

José Clemente Orozco (1883-1949, con su bóveda del antiguo Hospicio Cabañas de Guadalajara, Diego Rivera (1886-1957) con sus frescos en la sala de actos de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo y David Alfaro Siqueiros (1898-1974), con su trabajo en el Palacio de Bellas Artes de la capital, conformaron el trío fundamental de este fenómeno estético que cruzó fronteras (especialmente las de Estados Unidos merced a sus frecuentes invitaciones a desarrollar está fórmula allí mismo, aunque no fue fácilmente aceptada) y marcó una pauta singular que llega a nuestros días. Adentrarse en su obra es encontrarse con el hombre, con su sentido creador, constructor, pensador y rebelde.

José Clemente Orozco - "Khatarsis".

José Clemente Orozco – “Khatarsis”.

Mientras se dice que Orozco fue el gran innovador en el uso que hace de esta escala monumental, explican a Rivera como un maestro con una técnica refinada, con la cual llegaba a una factura basada en la química sensual del color y en el ordenamiento prodigioso de la estructura total. En cuanto a Siqueiros, un gran agitador que se pasó un tercio de vida en la cárcel, se analiza su ampliación extrema de la configuración de la perspectiva y los escorzos.

Lo paradójico es que a pesar de su radicalidad artística y política, asombra la facilidad de su manipulación o entrega, por cuanto nunca hubo un intento de llegar a lo que se postulaba respecto a un proceso de transformación social, absolutamente ideologizado, sino únicamente a una finalidad de salvar la cara de una supuesta élite revolucionaria que para ello subvencionó esta escenografía muralista durante varios años. Incluso Rivera denunció, aunque sin dejar de seguir obteniendo su contribución, a los dirigentes estatales que le daban el sustancioso soporte económico como una “fracción de la burguesía que necesitaba la demagogia como arma arrojadiza para mantenerse en el poder”. Visto lo cual, lo que no se pudo impedir al final, es que tales síntesis pictóricas de fuentes indigenistas y con cierto acento europeo, potenciaran la identidad y soberanía nacional.

David Alfaro Siqueiros - "Retrato de la burguesía".

David Alfaro Siqueiros – “Retrato de la burguesía”.

Sea o no arte revolucionario, sea o no lírico, poético o épico, el muralismo se concibió con una impronta visual desbordante, idiosincrásica y consagrada a una temática susceptible de ser narrada en grandes dimensiones, y también como un arte para estar presente en la calle como evocación de la ancestral cultura del pueblo mexicano, lo que constituyó una práctica pionera tanto en sus aspectos formales como conceptuales, así como una línea a seguir por otros artistas, fuesen de la misma época o posteriores, tales como Alva de la Canal, Fermín Revueltas, Xavier Guerrero, Carlos Mérida, Juan  O´Gorman, Alfredo Zalce, Pablo O´Higgins, Fernando Leal, Jean Charlot y otros.

Del Autor

Gregorio Vigil-Escalera
Oviedo, Asturias, 1950. Reside en Madrid y es Licenciado en Derecho. Colabora en la sección de cultura de noticias digital y en la revista de arte Latin American Art.Autor de un pintor habanero conjugador de la luz y la penumbra (dedicado a Humberto Viñas) y la Universalidad del rapsoda sobre Felipe Alarcón Echenique. También es el creador de los blogs Goyo-Vigil Blogspot y Goyo-Vigil Wordpress, así como de la presentación de Catálogos de diversos artistas. También es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA). En 2013 publicó la obra El camino es el arte y en 2014 No hagan preguntas de arte en la España de hoy.