Locuciones irrevocables

Sobre el poemario Señales de humo, de José Poveda Cruz

José René Rigal

Señales de Humo
José Poveda Cruz

Ediciones Holguín, Cuba, 2015

 

jose-poveda-cruz-librario-poesia-OtroLunes42A veces me pregunto, sin detenerme a pensar en la diversidad de conceptos que sobre este género literario se han vertido a lo largo de los siglos, ¿qué es poesía? Y qué será poesía si no la vida misma, nuestro caminar, el aire que respiramos, el interactuar con la realidad que nos acompaña a cada paso, el devenir supremo de los días, una necesidad de lo interior y contra lo exterior, y como bien dijera ese grande de las letras, Rainer María Rilke, “es el arte de las soledades infinitas”. Sobre ese entramado de percepciones está fundado el poemario Señales de Humo, Ediciones Holguín 2015, del poeta cubano José Poveda Cruz.

Es un libro hecho de una rara y sólida realidad, porque contiene una viva y consistente cristalización de la poesía. A golpe de cubanía proclama con imágenes explícitas los enrevesados laberintos que acompañan la cotidianidad de un espacio marcado por las inclemencias de un cerco de tonos estrábicos llamado vida: ahora me toca hablar de la cola del pan y quejarme cuando nadie sospeche que anoche no dormí contando los centavos que me quedan hasta el fin de mes del parco sueldo que recibo.

En Señales de Humo el autor nos brinda su entorno, su visión, su ética,  a partir de un mensaje puro, profundo y salvador, que da en la frente a un público instruido en el arte de toda valiosa poesía.

Es un libro puramente contextualizado y su discurso intangible, se vierte con delicadeza siguiendo normas ingeniosas a la usanza del mejor sofista. Es lírico y armonioso, reflejando en cada una de sus líneas, mediante un lenguaje no convencional, apareado a lo bello, toda clase de verdades que respiran el aire de lo cotidiano: Como un perro perdido en ciudad ajena olfateo con sana suspicacia el olor de las señales que nos llegan desde el aire.

Como el excelente poeta que es, nos muestra ese otro parque de misterios, que pasa inadvertido a miradas ausentes, para adentrarse en el interior de las edades. …hay aguas invisibles, hay sitios que no vuelven, hay muros infranqueables en la memoria…

La poesía de José Poveda, puesta de manifiesto en este y otros cuadernos, lleva implícito una multiplicidad de razones que hacen de ella una estrecha y encarnizada guerra con la realidad, una obra de arte que surge de la necesidad, una forma de ver la vida de manera espiritual, un texto hecho por mandato del corazón, por impulso de la palabra, por vocación de decir versos. Lo poético en él no es una ensoñación, sino una concreta angustia; la impotencia de no poder echar por tierra la pobreza, lo vuelve seco, distante, testigo del dolor irremisible de su suelo. Su fuerza poética es tan inmensa que cae como un alud que se precipitara desde lo alto de un monte.

Señales de Humo es eso: una sucesión de imágenes que muestra el padecimiento intensísimo del alma, y dice cuánto se vive circuncidado de ensueños, de imágenes, de visiones fantásticas, y de cómo se acierta a soportar el peso de la vida. Uno de sus poemas capitales es el que termina declarando: Ínsula del nunca jamás, verde reptil anclado en el tiempo y la desidia. Benditos sean tus frutos, tus habitantes, tu complacencia dolorosa. He ahí el hilo conductor que ha servido para unirse en cuerpo apretado a la corriente de irreverencia que riega el suelo en apretado discurso. Es la poesía en vela sobre el cuerpo estremecido de la patria. Es el reflejo del mundo que quisiera el poeta habitar con la misma fuerza e inocencia con que Dios lo habitara.

En este libro descubrimos que la vida, la libertad, la belleza, la humanidad verdadera, no son otra cosa que frutos y huellas de la poesía. Por la página en blanco se mueven las manos de un artista que de veras siente la necesidad de hacer habitable una porción del universo: Señor, danos hoy nuestro pan de cada día y danos también un pedazo extra, un poco de sal y una pizca de aceite. De golpe nos golpea el rostro un reflejo de que la vida tiene miopía para descubrir la verdad, y solo le viene encima lo vil, lo decepcionante, lo amargo. Vida que a la luz del poeta se vive con la misma intensidad, tanto para el que está llamado a combatir en el centro de la arena, como para el que está llamado a contemplar las estrellas. Es una de las cualidades mayores del poeta su capacidad y fidelidad de llenar estas rectas arquitecturas de sus poemas con ardientes sentires, con profundas tristezas, con fuertes vetas de ese metal manoseado que es el dolor. No solo ha tenido el valor de trabajar directamente sobre su experiencia de hombre ante el mundo de los hombres y de las formas, sino que ha afrontado los temas que teníamos vedados por conciliatorios y menesterosos: estos tiempos son buenos para desarrollar el alfabeto morse, para hablar en clave, excelentes para cultivar el sexto sentido.

Señales de Humo es como una sombra de luz, un espíritu que puebla de voz el universo de las almas, una raíz que aflora a las raíces del eco. Su poesía viene a ser como un milagro de ser y no ser, de estar y no estar, de aparecer por una sucesión de desapariciones, y de, en última instancia, quedar fijo, preciso, definido en el tiempo y las circunstancias. Es una pasión directa que obra directamente sobre lo cotidiano, en el sentido más recto que se pueda pensar y ver. Una luz con la brevísima iluminación que arroja, siéntese la mirada conducida hacia unos reinos que transgreden las formas y se llenan de nieblas: mi familia también se dispersó hacia conocidas lejanías. De ahí que sea una poesía que lejos de caer en conceptos, centra su lenguaje en el realismo mágico que enlaza la historia con un viaje al interior del alma.

Si en realidad casi todo poeta escribe a partir de sus vivencias y convicciones, no todos se han expresado de una manera tan sincera como lo ha hecho este creador cubano. Su poesía evidencia una poderosa necesidad de socialización hasta sus más recónditas interioridades. Poesía que tiene en él el valor de un acto sagrado, de un exorcismo, de un supremo caudal de locuciones irrevocables.