No os asombréis
En la ciudad han comenzado
a morir las ratas
Que el temor
no se apodere de la ciudad
prisioneros no importa
no os asombréis
en estos tiempos de peste
morirán
ejemplares mayores
(El único hombre)
Uno nunca sabe, no sospecha en qué momento el ostracismo, la censura van a saltar y caerte encima desde una oficina donde te planifican los malos pasos, agentes de la Seguridad del Estado, los que te han sido asignado por la cuota de racionamiento, no de razonamiento.
Admiras a los amigos que por sus libros y su comportamiento irreverente, rebelde, muchas veces suicida, se manifiestan abiertamente enemigos de la bestia, y la desafían, léase por bestia la dictadura de los hermanos castros.
Comportamiento que a los amigos los ha hecho alcanzar el honor a ser defenestrados de los círculos oficiales y oficialistas, donde se mueve y señorea una masa gigante de escribanos y amanuenses.
Y miras con cierta envidia a los elegidos, como José Martí, Félix Varela, de la Luz y Caballero, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Gastón Baquero, Heberto Padilla, Marielena Cruz Varela, Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Jesús Díaz, Antonio José Ponte, y otros tantos nombres ilustres del quehacer literario y político de Isla diseminados por el mundo, vivos y muertos.
Sin saber que un día vas a pasar a ser de esos muchos o pocos, tocados por la luz del honor, el decoro, la decencia de morir por la verdad, de estar orgulloso de haberte sumado a ese mayúsculo o minúsculo grupo de amigos que no se deja(ro)n anular, ni anudar la lengua por el miedo y el horror.
Y, comenzaste a caminar al lado de Guillermo Vidal, Zoelia Frómeta, Rafael Alcides, Amir Valle, Ángel Santiesteban, Luis Felipe Rojas, Michael H. Miranda, Francis Sánchez, Jorge Olivera, Víctor Manuel Domínguez, Guillermo Fariñas, Rafael Almanza, Dagoberto Valdés, Yoani Sánchez, entre tantos amigos valiosos, valientes, que a pesar del oprobio, no claudican, no dejan de avanzar en el camino acompañándote en la verdad.
Por qué te apartaron, porque un día dijiste cosas que por verdaderas levantaron ronchas a los mandamases, a los, lenguas lustrabotas, porque escribiste libros que nunca se publicaron y que los ofendieron, y les clavaste la varilla en el testuz y los heriste de muerte.
Hago un rápido repaso de mis libros, los que supe alguna vez sentenciaron, porque yo, como Amir Valle, y otros escritores cubanos, para publicar en las editoriales dentro de la isla, tuve que ganar contra viento y marea, concursos y premios que validaran mi obra.
1994 o 1995, la Editorial de Bayamo vetó mi libro El dedo en la pupila, que recién acababa de ganar el Premio Literario Batalla de Guisa en poesía, junto a un libro de cuentos de Delis Gamboa; un comité de lectores integrado por cuadros de Cultura y bibliotecarias, no aprobó su publicación, quizás algún poema les pinchó los ojos.
1999 o 2000, mi novela Ángeles desamparados fue despojada del Premio de la Ciudad de Holguín, porque una importante y famosa escritora de la ciudad de los parques, se enteró que la novela no era, como sospechaba el jurado -conformado por Eugenio Marón, el poeta Cesar López y el catedrático Martínez Coronel-, de mis amigos, los escritores Guillermo Vidal o Alberto Garrido, y sí del desconocido e inédito Rafael Vilches Proenza, y dejaron desierto el premio en novela, en poesía ese año ganó mi amiga la poeta Belkis Méndez.
2008 gané con Tiro de gracia el Premio Nacional de Poesía por el Centenario de Emilio Ballaga, el libro tuvo que esperar hasta 2010 para ser publicado, a pesar de que el jurado había sido Cira Romero, Cesar López y Luis Lorente, el poemario logró ver la luz porque en el equipo evaluador estaba el poeta José Luis Serrano que lo defendió.
2010 mandé País de Fondo a un concurso que convocaba el Centro Cultural Lalita Curbelo Barberán, “Premio de poesía Entre caracolas y salitre”, el galardón lo ganó mi amigo, el poeta José Poveda. Cuando recogí mis tres ejemplares, dentro de uno venia un papelito que decía:
Lourdes, el libro de Rafael Vilches Proenza, es País de fondo, seudónimo: Rapi Maret.
Me hice fotos con el papel, con Mariela Varona, Ramón legón, Luis Felipe Rojas y Ghabriel Pérez. Los ejemplares los metí en un sobre ese mismo año y se lo remití a un amigo en Camagüey para que lo mandara a Manzanillo donde gané el Premio Nacional de poesía Manuel Navarro Luna,
2013 envié Salón del reino a la Editorial Capiro en Santa Clara, cuando ya se iba a publicar, su directora la poetisa Isaily Pérez convocó a su equipo editorial y por orden del G2, sacó el libro del plan editorial.
Ese mismo año la propia Isaily quitó del Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara mi libro Casa de aguas.
En Cuba no es fácil ganar un premio literario, mucho menos publicar un libro.
Hoy haciéndoles homenaje a los escritores que ya mencioné y a los que no. A quienes llevan su puñado de sol en el pecho para que algún día la Patria se llene de luz, les hablaré de un autor y su último libro publicado por Ediciones Santiago, editado por el poeta Oscar Cruz, la composición corrió a cargo del también poeta León Estrada, que fuera presentado en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana, Las Falsas Pedradas, de Alexey Amarán Bogachov, que nació en Pinar del Río, 1975.
Tiene publicado el poemario Código de guerra (Eds Santiago, 2010).
La censura a veces no es tan eficaz.
Unas palabras por Las falsas pedradas de Amarán
Con disposición de guerrero en su discurso, Alexey Amarán hace tiro al blanco con el filo de la navaja, como quien empuña la espada del idioma. Idioma que ha venido alimentando desde su infancia, y ahora es brote irreverente e irrespetuoso, para acercarnos la maravilla de poetizar una realidad circundante.
¿Tengo?
Lo doloroso no es saber que un día/ te irás físicamente
Sino sentir como te vas marchando/ a cada instante…
Jesús David Curbelo
_Tun, tun.
_ ¿Quién es?
_Nicolás Guillén…
_!Cierra La muralla!
Carlos Esquivel
Ha llegado Nicolás a mi oficina.
Me trata de Señor,
convida a alcoholes,
hace un inventario del libro.
Hablamos de la muerte
para fingirnos otros.
Hablamos del poder,
dos de coronilla y lloramos a un tiempo.
Nicolás viene a comprobar mis manos vacías.
Su sombra escapa lentamente por la ventana.
No intento retenerla.
No contesto a la puerta.
Del otro lado insiste el pánico.
Cenando con los galos
A Carlos (Obelix) Esquivel, indomable
Jabalíes, una manada de jabalíes
convidan desde la plaza
abriendo la feria agropecuaria.
El poeta da un viva a los romanos,
por los más débiles,
con temor de quedar sin enemigos,
sin plato donde verter sus fuerzas;
el hambre de su voz, tajante músculo.
Una manada de jabalíes,
rugen, y chocan el vino los poetas.
Noches perdidas
(a dúo con Joaquín Sabina)
Brindo por las mentiras que he mentido,
las verdades que cuestan la cabeza,
los versos sucios y los otros;
por la masturbación
y el aire que respiran los muertos.
Por la vida de perros,
el adiós, el nosotros,
el desaire de los sanos,
el hambre, la abundancia,
el miedo, las blusas sin sostén,
las malas compañías (las mejores),
el disparo que el mártir
guardó en la camisa.
Por los remos,
Las medallas justas
y las mal ganadas.
Los sudores extramatrimoniales,
los excesos de confianza,
los culpables.
Por las dobles intenciones,
por la cuerda floja y el equilibrista.
Las falsas pedradas es un libro que nada tiene que ver con las modas literarias ni los artificios de laboratorio que intentan pasarnos gato por liebre; discursos falsos que prosperan y hastían en el país natal. Él nos suelta, mejor, mariposas feroces que cantan con gritos propios, y nos evita mentir, soltar palabra vana, embustera, que por repetitiva se ha tornado canto diario, perpetuo, como voz marcial: tonadas de sirenas que rigen el camino a seguir en el discurso poético de una isla versada, y publicada.
Desmemoria
en esa graciecita Zen han perdido la cabeza
y los brazos (…)
Oscar CruzEl viejo Andrés lustra sus medallas,
entra en el dolor
con antiguas maneras de la desmemoria.
Culpa la recompensa.
Los niños de ahora no van a su portal
donde ondea un viejo uniforme.
El viejo Andrés no encuentra las cicatrices
Bajo la camisa.
Almanaques
A papá, allá en Angola.
A Desiderio Borroto Fernández y su soldado 841309.
Los almanaques de bolsillo cuestan un peso,
y el guarapo y el transporte local y los helados,
el parqueo para bicicletas, algunas confituras,
los fósforos, las jabitas plásticas,
los cucuruchos de maní,
el tabaco, los guardabolsos,
la adivinanza del bolitero,
la danza del mono, los voladores antiguos,
la cuota de yogurt de soya, la entrada a la pelota,
las especias de Arcadio,
los recados telefónicos, el ajo (ciertos días),
las gomitas de olla de presión,
las coladitas de café,
el periódico revendido por los jubilados,
la entrada al cine municipal, las postales.
Cosas hay, todavía, por un peso.
Pero mi padre ya no sabe esas cosas.
El tiempo no pagó sus almanaques.
El héroe mi vecino
Esta vez el disparo fue en la nuca.
Se acabaron los apodos para mí.
Un vecino habrá siempre tras el revólver
de igual manera que el monstruo en nosotros.
La sangre no es tan tibia como solían decir,
ni pegajosa, ni siquiera tan roja
como la de los auténticos derrotados.
Reconozco el ruido de mi hipotálamo
al estallar contra la acera,
no voy a voltear un gramo de la carne
que todavía sujeta mi osamenta.
No hay luz ni túnel,
este peso en los párpados es pura coincidencia.
Quitan el sueño esas voces, detrás del revólver,
o los silencios que han vuelto a vencerme,
a disparar sobre mi espalda
que moja un charco de sangre
que no es mía.
Magia es la de su palabra, espada en gloria con destreza esgrimida, y con ella el soldado Amarán versifica, de coraza y yelmo en luz, para protegerse y embestir al minotauro que acosa el patriótico laberinto donde se nos entrampa corazón, pasado, presente y futuro.
Compartiendo la isla sordomuda
Para Diusmel, por su poema.…la multitud de cobardes y sordos que Dios corteja,
a quienes dicta/ aconseja: «No se piense, no se diga:
la palabra es enemiga».
Diusmel Machado Estrada
Después de rumiar palabras
camufladas en el viento,
regresa vieja sed a la garganta.
Las noches salivan no tan neutras.
¿A quién confiar la voz?
¿A quién el cuello para que lo ciña?
II.
Ahora que el insomnio
ha matado al hambre
y a todas sus tristísimas advertencias,
he colocado bajo mi lengua,
junto a los cuchillos, otras palabras.
No temo al veneno
ni a este dolor punzante en el estómago.
III.
¿Sabrá Dios que me escondo
de su doble obsesión?
¿Que la ruta no es agua
ni la mala memoria de unos héroes?
¿Sabrá mi geografía?
¿las fronteras que callo?
IV.
Conozco el humo de la patria
(humo que exhalan los arrepentidos
como señal de fuga
para ya no morir).
Desconozco el humo de los otros,
los que muerden nucas y mejillas
y consiguen nadar entre dos aguas.
V.
Cuando la isla es cíclope y bisiesto,
es fácil titubear,
desoír en el pecho ajenas decisiones.
Lo difícil es encontrar el sitio
donde empezar a hacerlo.
Yo pudiera inventar mis elecciones,
pero temo al rescate de otras islas.
VI.
Supongamos que no soy un cobarde.
Que grito mi verdad
y mi esperanza alcanza un verde irreal.
Supongamos que otros gritan su verdad
en estampido poderoso.
Que el cuerpo vibra pirómano en su rugido.
Supongamos que existe mi familia
y querrá también soñar su isla sordomuda,
y escuchar la canción que ella se elija.
Pero supongamos primero
que no soy un cobarde.
Es el oficio de Amarán la palabra ríspida, látigo con el cual descarna, azota todo, para no olvidar que graba en piedra viva las heridas que lo desangran, lo desgarran: así mañana, cuando el enemigo despierte amansando nuestros corazones con la torpe harina de su costal, no nos engañemos.
Solo de guitarra
Ahora que ha pasado un siglo,
voy a sentarme con los niños
y contarles que nunca
tuve un traje verdeolivo,
ni estuve en las UMAP,
los rusos vivían en casa,
el Mariel era muy chico,
mi padre fue al África.
Que a las marchas nunca quise.
Que la censura no supo mi nombre,
ni cuelgan medallas en mi cuarto
donde el miedo rompió todos los remos.
Voy a sentarme junto
a los niños, para desenterrar
ciertas ausencias, ahora
que ha pasado un siglo.
Esta es, la segunda entrega de un autor que se rehúsa a integrarse al silencio culpable, cómplice, que profesan sus coterráneos. Es, sin lugar a dudas, un proyecto de luz. Invito al lector intrépido, al turista de paso por Cuba, que busque en las librerías este poemario atrevido y arriesgado, del escritor Aelxey Amarán Bogachov, que si no se convierte en Best Seller está llamado a causar muchos disgustos y dolores de cabeza al aparato opresor que impone el silencio obligatorio a los escritores en la Matria, digo, Patria.
1980 o cronología de un éxodo
Uno empieza siendo infiel
a la casa donde vive (…)
Ronel González
Todo está muy bien, incluso
traicionar.
José Luis Serrano
Fuimos infieles
primero a la casa,
al árbol que el tiempo no dejó para otras sombras,
a cada piedra agonizante contra la puerta,
y luego a los regresos.
Quisimos creer que todo terminaba,
y empezamos a traicionarnos
los unos a los otros.
Testamento
¡Hipócrita lector –mi prójimo–, mi hermano!
Charles Baudelaire
Voy a morir
con algún verso cansado
entre los pedales de mi bicicleta,
debajo del cuerpo de mi novia,
o en los huecos de las calles
en medio de una ciudad descascarada
por las malas lenguas de los vecinos.
Nunca en la sala de mi casa.
Voy a morir al pecho de los locos,
en el miedo de los cuerdos,
en un tren interprovincial,
en cualquier cabina telefónica,
en la carne de los de abajo;
de memoria,
de costumbre;
de tantos muros y consignas,
de los centrales muertos.
Voy a morir de los golpes que sufro
—incluso, los que sufriré mañana—
y tú vas a seguirme
torpe, cómplice, hipócrita.
Alexey nos conmina a dar pasos mejores, nos grita a viva voz: “Esta mi cicatriz, mi patria, mi potestad, , mi dolor, mi amar, mi recriminar!”. Hay que, lavar en honra el cuerpo de la palabra en luz, para no quedar solos cuando todos por lo común traicionan, asisten al manjar de las jaurías cíclicas, y se acomodan a las palabras esbirras. Son sus versos del desencanto, pero desde ellos jamás nos abandona su esperanza, aunque la sienta sesgada. No se integra al silencio culpable que profesan sus contemporáneos. Así advierte:
Vuelvo a tener la imagen de un globo aerostático
con su racimo de gas hirviente,
pero esta vez no yace en el césped
ni lleva el color alma máter de los 90.
El aire pulsa en mí
como la mano en las amarras para urdir el movimiento,
mano de arrojar falsas pedradas,
poemas en vinagre.
La imagen torna a fragmentarse
y convertir en lastre cada cuerpo desprendido de los bordes.
Soy todos los rostros que caen.
Soy los rostros que saltan al interior de la cesta
para ser suavemente ascendidos
sobre el mapa deshecho de sus culpas.
Duele aferrarse al vuelo,
despedir el rumor que se aleja,
la sombra de esos brazos que quedan extendidos.
Y es que amarán no quiere, le espanta que cuanto nos rodee sea solo aire, nada de la nada, pues sabe que algo sustancioso nos sostiene, y hay que dejar en custodia a familiares, y amigos, la Patria de la palabra.
