Abril es el mes más cruel. A la postre, el verso de Eliot que abre La tierra baldía, resultó profético. El día ocho del presente falleció en Santa Clara, el poeta Frank Abel Dopico. Un poeta con mayúscula, cuando la mayúscula intenta adjetivar la audacia, la autenticidad, o simplemente denota esa calidad extra que exigimos del arte para ocupar su lugar dentro de la existencia humana.
Allí, pertrechado de una sabiduría con visos de magia, el poeta desgrana sus artificios verbales para que tengamos qué llevarnos a los ojos, o a los oídos. Frank Abel Dopico también declamaba su poesía de manera exaltada, enfatizando el dramatismo, la torpeza de existir, o la riqueza de lo imprevisto cuando transcurren los días, y se agolpan las jornadas.
Una voz inapagable
A un poeta auténtico es difícil medirlo por sus influencias. Hay que calibrarlo por lo que es capaz de hacer con esas influencias, o a pesar de ellas. Frank Abel Dopico, desde su primer libro: El correo de la noche, apostó por el riesgo, por los efectos deslumbrantes de un verso que no se permite envejecer. Entonces, lo lúdico se instala en el poema como estrategia, e inicia cabriolas insospechadas.
Lo sorprendente le corta el paso al lector, y le invita a jugar: fabulando, torciendo el rumbo, recordándonos la infancia con personajes y libros emblemáticos, sin olvidar el amor, la muerte, los trabajos y los días.
Frank Abel Dopico repite su maestría en Algunas elegías por Huck Finn, un cuaderno con apenas 11 poemas y una introducción, que promete una voz inapagable.
Transitar la inmortalidad
Otros textos de Frank Abel Dopico son El expediente del asesino, Las islas del aire, El país de los caballos ciegos, y Los puentes de Arcadia. En este último libro, encuentra el lector la síntesis del propio destino del poeta. Se titula “Hace falta un enemigo bueno”.
Estructurado en dos partes y apenas 36 versos, el yo lírico, posesionado en su circunstancia, detalla los pormenores para encimarse al precipicio. Después de convencernos de lo inevitable del enemigo, porque somos nosotros mismos, resume su tesis sibilinamente:
“Sabes que solo a él puedes gritarle: / Haberte conocido es el crimen perfecto”.
Abril es el mes más cruel, dice Eliot. El ocho del presente falleció Frank Abel Dopico. Ha muerto el poeta. Su poesía, en cambio, transita ya la inmortalidad.
