Galina Alvarez nació en Moscú en 1948 y cursó estudios de ingenería química en la Universidad Politécnica Mendeleev de su ciudad natal. Tras graduarse en su carrera, se trasladó a Cuba, donde vivió durante 22 años. En este tiempo trabajó como ingeniera química en diferentes industrias del país. Posteriormente ejerció como traductora e intérprete en la organización internacional COMECON, en Moscú. Vivió 20 años en Estocolmo, Suecia, donde trabajó como ingeniera en el Instituto de Investigaciones de la Química de Superficie. Desde el año 2014 reside en Guardamar del Segura, Alicante, y se dedica a la creación literaria. Es ciudadana sueca y habla cuatro idiomas. Aparte de este volumen, tiene escrito un libro de cuentos para niños. Ha publicado relatos en diferentes periódicos de España, Alemania y Chile. Su relato «El cumpleaños» mereció el premio del XXI Concurso de Narrativa Corta Real Villa de Guardamar.
Categoría: Especial – Última Hora
Creo que en estos momentos me costaría trabajo pasar a escribir en ruso
Conocí a Galina Álvarez hace ya unos cuantos años, cuando por esos avatares de la vida intelectual coincidí en Gijón, Asturias, con el escritor cubano Antonio Álvarez Gil, a quien yo entonces sólo había leído. Aunque me parezca algo absolutamente irracional, para quienes nos siguen (lectores, amigos e incluso colegas), nuestras esposas suelen perder sus individualidades para convertirse en «la mujer de…». Y lo más curioso es que, desde nuestra primera conversación, no la vi como «la mujer de…» sino simplemente como Galia, una mujer reservada, en muchos modos tímida, de esas que gusta escuchar y, llegado el momento, expandir una poderosa personalidad y unos criterios que en muchos casos resultan de una claridad demoledora.
Aún así, cuando la escuchaba hablar, algo me hacía repetirme en mi cabeza que su experiencia de vida en Rusia, Cuba, Suecia y España la había convertido en protagonista de momentos que podían convertirse en literatura. Galia (así la llamamos sus amigos y familia), quizás entonces sin saberlo, acumulaba en su folio vital un mundo de historias que podrían llegar a ser buena literatura.
Por suerte, esa misma vida, ese tozudo azar concurrente del que han hablado muchos escritores y artistas (entre ellos, nuestro Lezama) y, lo sé, esa aventura que es vivir al lado de un creador insaciable e incansable como es Antonio Álvarez Gil, fueron circunstancias que la empujaron a escribir.
Gracias a eso hoy celebramos el nacimiento de su primer libro: Prefiero que me pongan a volar, que ha sido el pretexto y motivo para esta entrevista.
La cotidiana intimidad de lo vivido
Una de las cosas que se extrañan en el universo de la literatura son los libros honestos. Esos libros que, tal vez, puedan no ser perfectos, o a los que puedas cuestionar algún que otro detalle que la madurez literaria permitiría abordar desde una perspectiva supuestamente más útil para la ficción construida, «defectos» que te ves obligado a perdonar sin embargo por el aluvión de sensaciones, de mensajes, de reflexiones que sólo brotan en la cabeza del lector cuando se enfrenta a una historia narrada desde la más natural sencillez y la honestidad.


