
Danza al atardecer – Guillermo Simón.
«Vuelven a brillar los azules del pintor maliayo, esos juegos entre el azar y la razón que le caracterizan, exploraciones de universos efímeros, íntimos y subyugantes donde prima la fuerza de su instinto. La obra de Simón Gallego mantiene esos mil destellos sobre el soporte y su sempiterno Mar Cantábrico que se brinda nuevamente desnudo, repleto de humedades (…) los registros expresivos de Simón Gallego se constatan entre lances de un dialogo constante con la pintura, que conjuga transparencias y espacios dramáticos logrando efectivos equilibrios de escenografías que recrean, una y otra vez, instantes inspiradores de sentimientos. Y de fondo, una vez más, la idea de «ser pintor» o sucumbir en el esfuerzo cotidiano».
Ángel A. Rodríguez
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Cuna del anochecer – Guillermo Simón.
«su mirada no busca mares en calma, ni siquiera con marejadilla. Lo que él focaliza son otros estados menos previsibles y placenteros de la mar: gruesa, arbolada o enorme; el agua en erupción».
Ángel Cantero
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Desprendimiento – Guillermo Simón.
«Guillermo nos construye un mirador sobre la ría para repensar un mar de agua, sin plásticos, sin tóxicos, ni metales pesados, invitándonos con insistencia tal vez a la exploración de los procesos perceptivos y cambios cuelturales asociados a la concepción del pasisaje, a sus viejas y nuevas sensibilidades, como en un intento de rehabilitar un concepto — el paisaje — que no ha logrado cuajar en nuestra cultura».
Avelino Mallo
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Duelo al atardecer – Guillermo Simón.
«Tres, cinco, diez… Muy pocos/as artistas provocan en mí sentimientos tan profundos y trascendentales como el pintor Guillermo Simón Gallego(Villaviciosa, 1968). Le conocí en la Galería Gema Llamazares (Gijón) en el mes de abril del año 2014. Confieso que no pasaba por un buen momento, ni en lo personal, ni en lo artístico, que es mi refugio particular donde mitigar males y preocupaciones. No encontraba referencias estéticas, ni artistas que me motivaran y casi todas las exposiciones me parecían un aburrimiento… Descubrir «En las crines del mar»fue la mejor y más eficaz inyección de vida y ánimo que pude recibir. Sentimiento, pura expresión y nostalgia que me hizo evocar de inmediato mis veranos felices en San Juan de La Arena, mi familia, mis raíces y mi mar…, el mar bravo que golpea, salpica y moja, el mar fuerte e indomable, como yo: pasional, impulsivo, con nervio y espíritu…, y como el que Guillermo Simón plasmaba en aquellos óleos. Después conocí a la persona, me cautivó… ».
Luis Alberto Fernández
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Mar de enero – Guillermo Simón.
«No somos pocos quienes hemos asociado la pintura abstracta de Guillermo Simón, que nació y creció al lado de la ría de Villaviciosa, donde también tiene su estudio, con las idas y venidas de la marea, desde las sorprendentes pleamares de sus comienzos (que le valieron conquistar el Certamen Nacional de Pintura de Luarca en 1993) hasta los posteriores ecos de la bajamar o, ya más recientemente, con el ímpetu de la ola rompiendo contra la roca (…) Flujos y reflujos que, más o menos inconscientemente, se han desarrollado de forma coherente (…) La mar y la ría ya no son contempladas desde sus interioridades plásticas y fluidas, en el vórtice de la marea, sino desde fuera y con una perspectiva casi paisajística, en la que parece intuirse la superficie del agua, la línea del horizonte o incluso un pedazo de cielo, no claro y luminoso sino oscuro y brumoso, como de noche, no apto todavía para marineros inexpertos».
Luis Feás Costilla
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Montañas de mar – Guillermo Simón.
«…pocas veces los artistas, sobre todos los plásticos, han tenido el valor necesario para interpretar en sus obras la desencadenada fiereza de las olas de tormenta que rompen con fuerza inusitada contra muros y roquedales. La pintura del artista asturiano Guillermo Simón apuesta por el paisaje, sin renunciar a interpretaciones absolutamente personales y muy ligadas a la abstracción expresionista, que ofrecen al visitante de la muestra una original visión de la naturaleza. Se trata de obras muy ligadas al algua, al mar, que representa con enorme fuerza gestual. La cambiante superficie de auténticos maremotos es el modelo perfecto para que Guillermo Simón muestre toda la fuerza de su pintura conceptual en la que priman la imaginación y la creatividad».
Marcelino Cuevas
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Permanente impermanencia – Guillermo Simón.
«el visitante tiene la sensación de estar frente a un mar tan cambiante como cada uno de los cuadros de Guillermo Simón. Un universo hecho de agua y, por lo tanto, en eterno movimiento. (…) cuentan una historia a través de la luz y el color, la de una danza que puede tener lugar al atardecer o al anochecer y en la que la espuma blanca se enlaza con las olas (…) juega con el tiempo, con las horas del día, hasta llegar a la noche más oscura, e incluso consigue arrastrar al espectador al frío de un mar de enero. Porque en estos cuadros, que interpretan un permanente baile siempre distinto, las lenguas de espuma tienen tanto protagonismo como las caracolas de luz. Describen días plácidos y violentos, eclosiones, enredos y hasta naufragios. Situaciones que, por supuesto, el visitante no ve, simplemente las siente a través del movimiento del líquido, que se agita y se calma y parece en ocasiones salir del espacio de la tabla. Ya que estas pinturas son abstracciones, diálogo de manchas que, sin embargo, pueden representar hasta el castillo de Kafka».
María Aurora Viloria
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Rompes en mares y oceanos – Guillermo Simón.
«…en definitiva de eso se trata, del sentimiento de una naturaleza que, como Cezanne recomendaba, debe ser el primer maestro y luego de la autonomía de la obra de arte, del concepto plástico primando sobre la percepción. Aunque pintara abstracto, Pollock reivindicaba la presencia de la naturaleza en su obra. «Yo soy la naturaleza», llegó a decir Guillermo Simón, quizás con mayor propiedad, podría asegurar: Yo soy el mar. Toda una vida de pintor con el mar en su pintura, mirando, pensando, soñando, pintando el mar. Desde el aquietado lirismo de las bajamares a las melancólicas neblinas y las tenebrosas oscuridades que presagían tormenta hasta estas enmarañadas madejas de ola donde la substancia de la pintura, que es la luz, parece hacerse materia».
Rubén Suárez