La sorpresiva luz de las botellas

Armando Añel

El cementerio de las botellas
José Lorenzo Fuentes
Azud Ediciones, 2012

 

elcementeriodelasbotellas-joselorenzofuentes-librario-otrolunes26Siempre es una sorpresa leer a José Lorenzo Fuentes, porque su escritura recrea ritmos y asociaciones invariablemente novedosos, y porque su imaginación incansable se sirve de ella sin mezquindades. Y siempre es un placer, porque las historias que nos cuenta terminan una y otra vez atrapándonos en su laberinto, haciéndonos partícipes, enrolándonos en su viaje hacia lo real maravilloso.  

Estas consideraciones vuelven a hacerse presentes con el último libro de ficción publicado por el autor, El cementerio de las botellas, al cuidado de Rita Martín y Azud Ediciones.

El cementerio de las botellas está compuesto por la novela corta del mismo nombre y seis relatos: Volar, Casting, El espejo multiplicador, Gato entrometido, Idéntica a la otra y Dos Él. ¿Existe un hilo conductor que justifique la unión de estas obras en un libro más allá del hecho editorial meramente práctico? Por supuesto. Tanto la novela como los relatos están atravesados por el estilo de oficio que caracteriza la literatura de Lorenzo Fuentes, una suerte de resplandor envolvente que difumina a los personajes y engrandece el escenario, las historias, el guión de las historias, la atmósfera de las historias. Un fulgor que transparenta los caracteres y es el secreto de la prosa del autor de Después de la gaviota.

Pero es sin duda El cementerio de las botellas mismolo más jugoso de un libro donde piezas como Gato entrometido, por mencionar sólo una, insisten en recordarnos que estamos ante un clásico de la cuentística cubana.  Por la novela desfilan gente como Alejo Carpentier, Carlos Enríquez y José Mijares en zafarrancho de combate, en plena batalla sensorial, embistiendo los molinos de viento de la faena erótica. Bajo la sorpresiva luz de las botellas, los cuerpos son botellas de Coca Cola, piedras torneadas de carne iridiscente, sensuales elementos de reafirmación e inspiración. Otra prueba más de que la narrativa de José Lorenzo está más viva que nunca.