Ayer y hoy de Edward Thomas

Carlota Juárez

EDWARD THOMASPoesía Completa
Edward Thomas
Traducción e introducción de Ben Clark
Linteo Poesía, Ourense, 2012

 

Afirma Ben Clark en el prólogo a este volumen, que “una traducción al español de la sosegada poesía de Edward Thomas, era urgente”. Junto al notable empeño de la editorial Linteo -que está convirtiendo su colección de poesía en una referencia indispensable-, dicha tarea se ha visto realizada, pues acaba de aparecer la obra completa del poeta británico.

Y una vez leída, y aún con el buen sabor de sus versos entre los labios, coincido plenamente con esa urgente necesidad antes citada, porque hallará el lector en estas páginas el aliento de un poeta cercano, revelador, que, como aquel aviador de Yeats, ni ama a los que defiende ni odia a los que combate.

Edward Thomas (Londres, 1878 – Arras, 1917), fue narrador y crítico -llegó a reseñar quince libros por semana-, antes que poeta. En verdad, el total de su corpus lírico lo completó en los dos años previos al inicio de la I Guerra Mundial. En ella, el 9 de abril de 1917, perdió la vida durante un bombardeo en suelo francés. Pero a pesar de su vinculación directa con el conflicto bélico, Thomas no está considerado como un poeta de guerra.

Su poesía está basada en el poder de las palabras -“sois ligeras como sueños/ robustas como el roble,/ preciosas como el oro,/ como amapolas o trigo (…) raras y dulces/ también/, y familiares/ para la vista,/ como las caras más queridas/ que ha conocido un hombre,/ y como los hogares perdidos (:..) Dejadme a veces bailar con vosotras”-; y también en la fuerza de cuanto las gentes de un país pueden hacer si están unidas, en la importancia de resistir en pie frente a la cruda realidad misma, frente a las cosas más mundanas, pero siempre verdaderas.

En estos 142 poemas, hay ecos de otros grandes poetas en lengua inglesa -Yeats, Pound, Lawrence-, y hay una simbiosis honda con la Naturaleza. De ella y por ella, el ser humano avanza, gime, goza, se libera y se condena. Sólo a través de su sabiduría y de su savia torrencial, podrá el hombre hallar su felicidad sobre la tierra. “La crítica lleva algunos años rescatando del universo thomasiano un aspecto fundamental hoy, cien años después: el mensaje ecologista que mana de su poesía”, anota Ben Clark en su prólogo.

Y es sencillo, aprehender en cualquiera de estos textos, tal esencia: “Un acre de terreno entre la costa y las colinas,/ sobre una cornisa donde se avisten mis tres reinos,/ la visible amable tierra y el cielo y el mar (…) Una casa que me amará lo mismo que yo a ella,/ bien cercada, y honrada por unos pocos fresnos/ que pardillos, verderones y jilgueros/ visitarán a menudo y donde harán el amor y revolotearán”, escribe en su poema “”Estas cosas”.

Según confiesa el propio prologuista -y también traductor del volumen-, ha decidido prescindir de la rima para ganar en sentido, si bien, se echa de menos un hálito de mayor musicalidad que dotara al conjunto de un ritmo más próximo al original.

Pero no cabe duda de que el universo de Edward Thomas toma, un sendero diferente y muy notorio dentro del marco de la lírica en lengua inglesa, tras dar a conocer estas atractivas versiones. Y no es casualidad, que otro sello editorial, Pre-Textos, haya editado también a la par un volumen que contiene la obra completa del escritor británico, traducida en este caso por Gabriel Insausti.

Poesía, al cabo, que controló los afanes patrióticos que deslumbraron a algunos coetáneos de Edward Thomas, y que nació con la intención de permanecer alejada de la denuncia y de la trinchera que impregnó la temática de muchos otros autores. Poesía sincera. Poesía pura. “Amo los caminos: las diosas que habitan/ a lo largo de ellos, invisibles,/ son  mis diosas favoritas”.