Vivir es, también, respirar en soledad

Esteban Gutiérrez Gómez

Safaris inolvidables
Fernando Clemot
Editorial Menos Cuarto, 2012

 

safarisinolvidables-FernandoClemot-librario-otrolunes26Uno de los mayores placeres de un lector empedernido es descubrir nuevas narrativas capaces de extasiar. Algo nuevo bajo el sol llegó en 2009 cuando pude leer por recomendación de Carlos Salem el libro de relatos Estancos del Chiado, de Fernando Clemot. Sentí entonces la satisfacción de haber descubierto una narrativa poderosa, curtida y envolvente. El premio Setenil del año siguiente fue justa recompensa al peso de esas narraciones.

La nueva incursión de Fernando Clemot en el relato, Safaris inolvidables, me ha vuelto a sorprender. Quizá sea una prosa más depurada, aparentemente más sencilla, pero el buen hacer del escritor barcelonés sostiene un entramado ingenioso.

Me gusta en el relato la apuesta por el juego cortaziano, la propuesta de puzzle ofrecida al lector y, en Safaris inolvidables, el juego está muy presente. Varias narraciones conforman el cuadro de la vida. Vivir es huir. Vivir es penar. Vivir es enloquecer. Vivir es, también, respirar en soledad.

El juego de la Literatura se inicia en la pantalla de un ordenador. El protagonista de las narraciones utiliza un programa informático que ofrece la posibilidad de recorrer todos los rincones del mundo, e incluso de sobrevolarlo, sin moverse de casa. No es necesario viajar en realidad, frente al ordenador el viaje es posible. El viaje, la huída para encontrase  a sí mismo en otro lugar y otro tiempo, para encontrar respuestas a preguntas sobre el pasado, para visitar lugares comunes, conocidos aún sir haber sido visitados.

Es una propuesta de inicio gozosa y, si se acepta el reto, el juego será agradable, divertido para el lector. A partir de ese inicio se diseña la vida del protagonista, una vida complicada, en un momento valle, que, a la vez que recorre diversos lugares del mundo (siempre en relación con sucesos personales que Fernando Clemot hilvana con otro tipo de acontecimientos en un trabajo de artesano de la palabra), conforma el paisaje de una vida triste empapada de rupturas, soledades y locura.

Hasta ahí todo correcto, todo engarza y los relatos, como piedras preciosas de colores, tarde o temprano se transforman en pulseras en los ojos del lector. Pero Fernando Clemot es amante del riesgo, y un simple juego de engarces de fragmentos es poco para su imaginación de cuentista. En un giro de trama de 359 grados, cambia el narrador de la historia y, con precisión lingüista y pulso firme de cirujano literario, despega al protagonista de la trama, lo eleva sobre el libro como si el lector estuviese observando un viaje astral (como los viajes que el protagonista hacía con la herramienta informática sobre el mundo y, a la vez, sobre su vida) e introduce en el lector las inquietudes filosóficas de vida del protagonista, convirtiendo lo que parecía ser algo particular en algo universal.

El resultado final de Safaris inolvidables es un golpe que no voy a desvelar. No sería justo privar de esa conmoción a los lectores que disfrutan con la pasión por el juego