El sendero de la espiral
de Sandro Battisti

Cuento

Traducción de Giovanni Agnoloni

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Portada de la novela donde Sandro Battisti desarrolla un estilo similar al que aparece en el cuento que acompaña a esta imagen.

Es un fluctuar vigoroso más suelto, una pura liberación del alma ya no sujeta a las erosiones del cuerpo. El cuerpo se encamina hacia una trasustanciación de límpida angustia existencial, símil al ruido de quásares que se lanzan contra el muro onírico de la atención sensorial. Y eso duele. Me da pena, repite los estilos hasta hacer naufragar la conciencia en un puro tedio postexistencial. Las voces se levantan más allá de la nada y me convocan: estoy por traspasar el umbral, más allá, más allá. Sí, más allá…

 

 

El líquido amniótico en el que estoy sumergido transporta informaciones y me conecta a muchas realidades; no es un sueño normal el que estoy viviendo, sino una lírica visual que envuelve olográficamente mis sinápsis, acunándolas como si estuvieran adormilándose despacio. Las láminas ácidas que llegan a mí desde una puerta que se ha abierto sobre la nada diferencian mis estímulos emocionales, así es que vislumbro, veo entrar prepotentemente en mi bolsa onírica, una inmensa nave espacial; no entreveo su fin, ni su inicio; es sólo una secuencia ininterrumpida, sin solución de continuidad, de paneles nanoentretejidos, pegados a otros gracias a nanoresinas. Su nombre es explicativo: ‘SydSpace. Sus colores,  que van desde el hielo del argento hasta el carmín intenso y el verde ácidamente sideral, conquistan toda mi atención; esa nave ocupa la mayor parte de mi visión craneal, y estoy conmocionado, y como un torpe me pregunto el sentido de esa brutal invasión, me pregunto adonde irá a aterrizar esa astronave más grande que un planeta.

Me dejo atraer por los susurros que se han introducido dentro de mi esfera holosensorial juntos con la ‘Syd; son partes integrantes de la mística epifanía que se abre a mi comprensión; escucho el mensaje inducido por el pasaje de la nave.

“Olvida tu naturaleza falaz. Olvida tus afectos derivados de la biología. Olvida cada impresión que sea hija de tu ser carne y física conductiva. Oscila en la nada sensorial y aprecia la infinita extensión empática de la energía que ahora eres…”

Me hace un efecto mejor que cualquier otra droga haya consumido antes, y es infinitamente más eficaz que los feedback suministrados en las neuronas con efecto Doppler, y es ácido como una dosis experimental de LSD uploadado hacia las conexiones neurales. El negro de la ‘Syd que estádicamente viaja hacia el otro cabo de mi burbuja onírica parece traerme un sentido de paz místico, y me olvido de mí.

El porte de mi figura se vuelve hierático. Mis miembros se transforman de un modo inexplicable y, sin embargo, tangible, como si infinitos universos en los que yo asumo configuraciones diferentes colapsaran en sí mismos; el resultado de mi imagen es variable, imprevisible, y al final mis piernas parecen haber llegado a ser turbinas de forma de espiral y de estilo fantástico, cargadas de cualquier suerte de información. Lloro sumisamente, me estoy revistiendo a mí mismo del luto y del funeral que va a ser celebrado dentro de poco para mí; la picazón en mi nariz sube junto con infinitas lágrimas y el inmenso sufrimiento, sin nombre, y sin la más mínima vergüenza me expongo al juicio de la energía, que me viste, acoplándose a cada curva de mi ser.

El Sendero de la espiral está sobre mí. Este, también, completamente pegado a mis formas, como una especie de latex.

 

 

El momento del renacimiento me llena de dolor, que es poco físicamente pero casi infinito en lo psíquico. Debo haber traspasado el confín en el momento de máxima extensión de mi visión, y atravesado la burbuja junto con la astronave. Ahora me siento arrastrar por el flujo de la Corriente donde flotaba ligero, pleno, percibiendo mi sinestesia con las obscuras radiaciones del cosmos. Creo estar otra vez limitado, comprimido dentro de una entidad finita; soy un cuerpo genérico, que me obliga a sentir mortal, ese sentimiento de pérdida que se perpetúa, sin solución de continuidad, en los encantos de una soledad tan mordaz que podría morirme simplemente por el llanto que suscita.

Subo a bordo de la ‘SydSpace por una pasarela que se abre, silenciosamente, en el espacio estelar; el interior está finamente amueblado con gusto posthumano, y me muevo flexiblemente gracias a la baja gravedad. La luz que veo en estas salas es difusa, sólo a veces directa, y mientras me muevo siguiendo las infinitas curvas de los pasillos, me doy cuenta de que estoy recorriendo la trayectoria de una espiral.

Infinito atormentador de una muerte impostergable: y esto me impresiona. Entiendo que debo estar al final de una nueva encarnación, entonces me encojo, triste y silencioso, me dejo secuestrar por la infinita mística del espacio profundo. La última imagen que veo con mis ojos biológicos es una galaxia en forma de espiral que se forma bajo mi mirada y me envuelve, me abraza, me transforma en un sudario de lágrimas inmenso y cargado de sufrimiento interior, por la alegría de no tener más, de no tener todavía que morirme a través de la carne modificada.

Estoy desapareciendo completamente, y sonrío con mi energía que se expande en forma de espiral.

 

(Ver original italiano en: http://www.fantascienza.com/magazine/racconti/14297/il-sentiero-della-spirale/ o a continuación de esta traducción)