Sagradas pasiones

Poesía

Arístides Vega Chapú

Estos poemas pertenecen al libro Sagradas pasiones,
en su edición de la editorial Voces de Hoy, Miami 2012.

 

Pasión de Ana

-¿Y usted puede describir esto?
Y yo le dije:
Puedo.

Ana  Ajmátova.

 

Años antes de nombrar por primera vez la muerte, de predecirla y entregársele tan pulcra y de blanco como una novia, Ana Ajmátova reposó su mentón en los firmes balostres de la cárcel de Leningrado. Tres veces gritó el nombre de su único hijo, como si hablase ya desde otra vida, quizás de donde Gumilev, su esposo fusilando, continuaba dialogando.

No le importó la caída de los días, saber si era dulce o agria la lluvia, ni le temblaron las carnes, surcadas por la caligrafía de los años, con el sosegado desvanecimiento de la nieve aspirando reposar su petrificada espuma sobre la simple sombra de lo efímero.

A pesar de que habían retirado los faroles para dejarla sola con la rotunda oscuridad que se refugia en las cárceles, adiviné lo que había sido la luz natural de sus ojos que ahora protegían las lágrimas no mostradas a nadie.

Por entre la única abertura la escuché. No es posible silenciar a una madre. Las hebras de luz que se atrevían a penetrar quemaron mis ojos con sus intermitentes relámpagos y no pude responderle. En la cárcel a las palabras les falta el sonido.

 

*****

 

Pasión por la belleza

Agradeciéndole a Pavel Lominchar
su dibujo  “El hombre contra la tentación de
un pavo rea
l”.

A merced de quedar sin fuerzas
dejo constancia de lo que me produce asombro.
En mi piel grabo los signos de la verdad
y la fortuna de poder apreciar la belleza.
Hablo de donde se sumergen,
uno tras otro
los soles de Cuba.
En silencio escribo esa verdad
pero no deberé olvidar
todo cuanto me produjo asombro en el pasado.
Ni siquiera porque se me ha concedido morir
de espaldas a las aguas hirvientes, de Lezama, el maestro,
por las que caminó a nuestro encuentro Dios.
Alguna vez las contemplaré por última vez
para divisar cuanto la inquieta espuma acepta
del lado en que lo desconocemos casi todo.
Ha sido para mí un misterio,
la única imagen real que me ha acompañado
mientras transcurre con incertidumbre mi vida
como la sombra de otro que ha decidido vivir,
con más ímpetus,
por mí.
He podido ser cualquiera de esos dichosos hombres
atravesados con saña por la última luz
que embiste contra la isla,
esta tarde en que desearía poseer otro cuerpo,
otra cabeza
que con audacia sostenga la fruta
picoteada por el pavo real.
El sonoro plumaje del ave que codicio
se adueña de todo lo existente bajo esa  luz
con que atravesaremos la tiniebla de este difícil tiempo
en que el ave nos ha dejado su vacía sombra.
¿Quién no desearía esa luz
que tanto atrae a la hermosa ave?
Escribo a merced de morir,
cuánto miedo me produce la belleza.

 

*****

 

Pasión por Frida Kahlo.

                                  a Agustín Labrada.

Aferrada a tu hombre,
como si pudiera salvarte de escuchar el persistente sonido
de las campanas abiertas a la mitad.
Sonido semejante al de dos piedras friccionadas
hasta evidenciar la amarga luz de su mineral anunciar la muerte.
Admiro la paciencia de entornar ojos tan hermosos,
como si la luz capaz de adueñarse del estático cielo mexicano
alcanzara un peso irresistible.
Estás obligada a disfrutar a solas de ese instante irrepetible
en que se traspasa el límite sin miedo,
pues todo es renuncia.
Con la liviandad de quien anda de mano de su creador
tus ojos observan la figura oculta del otro lado de la luz,
desconociendo cuál de las dos es real.
Adviertes que estás en el mismo paisaje de tu sueño
en el que la Virgen de Guadalupe
se presenta con el rostro de tu madre.
A pesar de mi temblor sostengo las flores
que imaginé para ti,
colores tan reales como el amarillo, lila, rojo.
Las quise dibujar pero no se me concedió el don
que arrebataste
creída de que sería un alivio a tu dolor.
Olores antiquísimos que conservas en un cofre,
regalo de Diego,
como manera de estar en paz
y reconocer el cielo que aprenderás a atravesar,
quiera Dios delante de mí.
Hubieras preferido conservarlo en tu vientre
y no en un cofre,
pero tantas apariciones perturbaron tu endeble equilibrio
en una cuerda no prevista para una mujer.
No dejes que el dolor se apodere de ti,
te paralice como si le pertenecieras.
No dejes que el dolor ocupe tu cabeza
y las aves no puedan arrancarla
como parte del espectáculo de la noche
en la que todo está  por reconocer.
Al menos esa sería una imagen para venerar siempre,
pero tú no necesitas alas,
ni dolor,
ni andar cabizbaja
como si desconocieras que tus días tienen la fragilidad
que lo mortal imprime a lo verdadero.

 

*****

 

Pasión por mi oficio

Heme dispuesto a revelar con el silencio de las palabras
todo cuanto de frívolo acoge mi corazón impuro
como los ojos
que han subastado más de un áspero paisaje.
Con tanta exactitud lo dibujo
que nadie rehusaría escuchar sus latidos.
También he escrito con heroicidad mis versos
en cortezas húmedas y distantes
como el abismo al que me entrego
tan sólo para disfrutar de la caída.
Admito que no me pertenece la sabiduría,
sólo presto mis manos
para que Dios escriba
cuanto considere justo y necesario.

 

*****

 

Conversación con Gastón en San José

“Volverás de nuevo a decirme adiós”,
dice Gastón Baquero, y no le creo.
Bajo el intacto cielo que desconoce la noche,
no será posible.
El destino trazará el mapa
del país que he imaginado.
Podré despertar,
solo y nostálgico en Madrid
o en un accidental paisaje
al que me aferro
por no encontrar nada
en derredor que sienta como mío.
En el lento cielo las estrellas se reflejan
sin ofrecer descanso.
Quiero dejarlas caer sobre el papel
cuando el cielo en su extensa región
se nos vuelva a mostrar amaneciendo en Madrid,
en la isla,
o en cualquier otro paisaje
de los que navegan
el profundo océano del deseo.
Aspiro una bocanada del habano
y sigo las efímeras rutas del humo,
hasta regresar a la bodega de mi pueblo
donde todos se conocen,
y continuar una conversación familiar.
Lo que recuerdo no podrá ser relatado,
aunque caigan todas las estrellas
sólo para satisfacerme un deseo.
Si alguien pudiera recordar el pasado por mí
me agotaría menos,
pero estoy solo con la foto del joven Maceo,
sin machete a la cintura,
la almidonada banderita y una flor de majagua.
Me apropiaría de todos los recuerdos
como si fuesen los míos,
y así los ojos enrojecidos no se desesperarían
al no ver el país que he imaginado
dormir, como un ángel, en mi hombro.

 

*****

 

Mirándome dentro

Sigilosamente me acerco al borde de la zona
en la que los recuerdos me reflejan.
Me dejo observar por mis ojos errados
como si no existiese más que la sombra
desprendida de mi cuerpo.
Desde lejos,
donde todo permanece invisible
llega un viento de extraño rugido.
Para lograr la ilusión,
regreso al silencio las palabras
que su poder aferra en mí
la angustia provocada por la duda.
Siempre quise revelarlo en tus palabras
pero un viento de extraño rugido las llevó.
Con seguridad bastarían las más sencillas
para aliviar el miedo a exponer mi pecho
y probar la verdad
por la que se está dispuesto
a llevar a cuestas la muerte.
Recorro los bordes de esa resbaladiza zona
de la memoria
en la que estoy a solas con mi sombra,
donde antes estuvo el poder de las aguas
que calmaron mi sed
hoy sólo se soporta el vacío de una imagen.

 

*****

 

Memoria tribal

Del otro lado de la lluvia
que cae en paz a través de la ventana
no existe más que un paisaje en reposo,
con la postura de un cadáver.
Allí donde a la luz
no le importa si es día o noche
pues llueve a cántaros,
un árbol muestra sus hojas.
Con la ligereza del que descree
de su destino
imagino las hojas caer en libertad
dividiendo un nublado cielo,
falto de geometría,
imposible de ser descrito.
Donde las sombras se extienden
para siempre
y a pesar del bienestar
conque caen las aguas
arden las hojas como idóneo material
para avivar el fuego.
Con la ayuda del aire y de la lluvia
no quedará más que cenizas.
Las juntaré sobre mi pecho
con la ilusión de que se revele un rostro
cuyos ojos miren atentos a los míos
y descifren mi verdad.

Del Autor

Arístides Vega Chapú
Santa Clara, Cuba, 1962. Reconocido poeta, su producción literaria está compuesta, entre otros por los poemarios Breve estancia de Cristo en la ciudad de Matanzas (1989), Finales de los años (1993), Revelaciones en las postales del viajero (1993), Ultimas revelaciones en las postales del viajero (1994), La Casa del Monte de los Olivos (1996), Retorno de Selím (1998), El riesgo de la sabiduría (2000), El signo del azar (2002), De lo que se supone (2002), Días a la deriva (2002), Mensajes del pan (2003), Sagradas Pasiones (2005), Dibujo de Salma (2006, 2ª redición en Editorial Letras Cubanas, La Habana 2008 y tercera redición, Editorial La Hoguera, Bolivia, 2010), Después del puente sobre las aguas (2007), Que el gesto de mis manos no alcance (Antología personal con prólogo de Lina de Feria, Ediciones UNION, La Habana, 2008) y Noche cálida en Santa Clara (2010). Ha publicado también las novelas Un día más allá (Editorial Bluebird Editions, Miami, 2008 y Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010), Soñar el mar (Editorial Capiro, Santa Clara, 2002 y Letras Cubanas, La Habana 2009), Te regalo el cielo (Editorial Cauce, 2007) y Steinway & Sons (Atmósfera Literaria, 2012).