Remembranzas del exilio y otros poemas

Poesía

José René Rigal

Remembranzas del exilio        

Bajo otro cielo, en otra tierra lloro,
donde la niebla abrúmame importuna.
¡Sal rompiéndola, Sol; que yo te imploro
!

Tula

 

Noche de infortunios, ha de amanecer libre la silueta de  lluvia.
Un relámpago de viento ilumine la libertad de un rayo.
Caballos pasten la mar, una ola de orina invada la ciudad.
Los cadáveres entierren a sus muertos,
un vendaval de miserias despierte el horizonte.
Legado de naipes. Cortinas de hierro.
Verde pastizal donde las alondras no pueden cantar.
Tomeguines confinados. El cielo es odio.
Paredes embadurnadas. Quimeras.
Estoy naciendo, cada día regala su pedazo de luz.
Busco en cada recoveco de mi encierro,
un diapasón de ilusiones que converjan al margen,
y mi espejo de luz pueda salvarla.
Soy pastor de la brizna de los caballos
donde al gato montes hace ulular como metáforas las palmas.
En harapos sentada, una nube de piojos pasa el puente.
Me acuesto en el camino, arriba juegan las estrellas,
abajo ladran los perros, los gallos anuncian la madrugada,
un borracho pasa, canta su yo a la desmemoria.
Este amanecer el mismo es, al atardecer vuelven los gorriones,
en cada estación suelen florecer los mismos gandules.
Disiento y arqueo la rutina.
Envuelvo en esparadrapos mis dedos rotos.
El vaivén de mi barca no causa mareos,  es solo delirio cargado de pan,
piel curtida de salitre y sol, recuerdo de un tiempo de mi barca y yo.
Árboles sin flores, otoño es.
Venga la lluvia a espolearme el alma, un alud de esperanzas llueva la tierra.
Pescan las flores de madrugada,
en el lirio pubis llevan el velo.
Verdades a la sombra, pasan estatuas.
El corcel de plata no mea la calle,
casas adosadas con alumbre y miel.
Los albañales vuelven por sus fueros,
montañas de heces alumbran la ciudad.
Una sonrisa luenga  destila el aliento de mil voces,
un espectro diluye el plomo en espiral maquinaciones,
gorjeos que pasan al zumbar de los recuerdos.
Este amanecer de luna llena ronda la brisa
una mañana cargada de vaivenes,
brillan alas de gaviotas que suspiran pan.
Las olas estallan en el necio trepidar.
Turba mugrienta disputa su pedazo de suelo.
Sigo en pie por latido o por costumbre,
porque para morir nunca es tarde.
Un espasmo desmonta mi almohada taciturna.
La vida terrenal es mutis de dolor a la bondad del polvo,
otro Espejo levante vuelo en el andar del Cauto.

 

 *****

 

Asimetría

Cuando se desdoblan los pliegues del sendero
y largas filas compran la vida al precio de la espera,
prefiero estar equivocado,
si vierto mis razones en lugar de las Segovias.
He visto las calles cagadas,
la hora de los muertos,
la mañana imberbe,
las flores extasiadas,
cadáveres insepultos,
los perros indiferentes,
los años inútiles,
labrados de miseria,
el futuro ciego, la sonrisa inerte,
las sombras que matan,
el mar sin horizontes,
la lluvia envenenada,
el aire saturado de indolencias.
He visto anaqueles despoblados de luz,
ojos de parto ausentes de morir,
caballos premiados con freno y cabestro,
mares de orina trasquiladas de dolor,
huérfana la voz, seducida la transparencia
de una niebla con pétalos de rosas.
Un torbellino de fuego
arranque hálitos de luz a la esperanza.
Es la hora novena,
razón verde para desenterrar difuntos.

 

*****

 

Flor y pan, réplica irreverente

Fresco en mi memoria
graznido de voces petulantes.
Réquiem, doctrina que retiñe, luz de cánticos.
Sueños que adormecen virtudes de morir.
Aves de azul a no volver.
Siento olor a mi suelo en el lastre de mis pasos.
Las palomas de mi encierro hacen filas de pan al firmamento.
El ayer es hoy, orden los recuerdos.
Rostros en la almohada, desentraño un mirar
entre cañas y palmeras.
crepitar de unas manos aferradas a su aliento.
Endecha el árbol, tímido consuelo,
su interior es piel curtida de acero y sol.
No tenerte más, declamo transparencias.
Nubes de acicates.
Venzo distancias dormidas.
Olor pueril del grano al suelo,
flor y pan dibujan sinfonías de colores.
Sueños rotos, aroma insomne de mujer.
Impuro aspaviento de coces y lisonjas.
Déjame morirme solo
si mi muerte destila un verso quieto
cargado en manos del dolor.
Presume la inocencia rictus de labios, palabras asonantes.
Plomo y humo en crisol de tiempo discordante.
En bambalina sepulto mis penas
para no acordarme del eco de tu voz mestiza
mezclada entre mamparas de selvas y praderas.

 

*****

 

Tiempos de volar

Que cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.
Borges

 

Vuelan canciones del estío,
vengan libres de ajenjo al tímpano insolente,
rieguen de humedales labrados de paz.
Tañen de aliento el repicar añejo,
la nostalgia se viste de seda en tiempos de volar.
Dejo suspenso en estadía la mañana,
calco de azul el cielo almidonado,
las nubes obedecen mis reclamos de andar.
Un ave transparente me regala un trozo de silencio.
Hago camuflaje entre las flores.
Estos días difuntos truenan de parto domadores de sombras.
Se abre una puerta al Universo, pasan mortales.
Otra vez el vino amargo me ofrece un instante de luz.
Un niño en su risa me acaricia libre,
me escurro de largo en la puerta del dolor,
echo al vacío mis penas del camino.
Ascuas de pasión el brote de una rama herida.
Reniego de impaciencia el torpe parlotear
del eco que adereza bondades descosidas.
Tamborileo el ritmo cadente de mis versos
en tiempo de volar.

Del Autor

José René Rigal
(Baracoa_ Cuba 1953) Profesor y Economista. Es miembro del Taller Literario "Pablo de la Torriente Brao" patrocinado por el escritor cubano Rafael Vilches Proenza. Ganó el concurso provincial de Talleres Literarios en el género de poesía con el poema "Remembranzas del Exilio", obra que da título a un poemario inédito. Próximamente varios de sus poemas serán publicados en una antología de poetas holguineros que será publicada por la casa Editorial Caritas.