La vieja de la bicicleta

(Cuento)

Juana Vázquez

laviejadelabicicleta-juanavazquez-enlamismaorilla-otrolunes26Pasaba por el paseo lateral de la Castellana, llena de luces, pues era el día de Navidad. Tendría casi ochenta años, iba despacio, y es que sus piernas, seguro que no daban  para más.

— Mira, abuelo, qué señora tan mayor en bicicleta. Y además con el frío que hace… Ufff no lo entiendo.

— ¿Qué pasa? … Hija, los mayores también podemos hacer muchas cosas. Y somos valientes y desafiamos al frío …o ¿qué crees?

— Sí, pero ir en bicicleta con este tiempo y tan vieja…Es que no le has visto la cara, tendrá cerca de cien años.

— Anda no seas exagerada, no llegará a los ochenta y como mucho a los ochenta y poco.

— Pero es muy vieja, y no sé como tenía fuerza. Y además, mira, se le ha caído un papel metido en un sobre. Voy por él. Abuelo está escrito.

— Vete a ver si la alcanzas y se lo das.

— Es imposible, aunque va muy despacio, pero va en una bicicleta y yo no puedo, soy solo una niña de diez años, no un avión.

— No quieres ir, Clara, quieres leer lo que dice, no pongas excusas.

— Mira, abuelo,  Solo son unas cuantas líneas.

— No las leas, no es tuyo, y puede ser algo muy privado. Venga, corre, que todavía la puedes coger.

— Abuelo,  hace mucho frío y no tengo ganas de correr, además estoy segura de que no la alcanzo.

— Eres, de lo más remolona.

— Debemos leer el papel.

— No.

— Pues ¿cómo encontramos a la vieja?… ya no se ve.

— Vamos a quedarnos un poco de tiempo aquí, a lo mejor da la vuelta cuando llegue a Colón.

— Pero ¿si no viene, qué hacemos?

— Ya lo pensaremos. No es muy habitual ver a una señora tan mayor en bicicleta. Podemos preguntar a otra gente que esté por aquí cerca,  a lo mejor saben algo de ella.

— Pero ¿si no saben?…

— Tú lo que quieres es leerlo ¿no es así?… Por eso no has ido a dárselo.

— Pues sí, tengo mucha curiosidad, y es que parecía una vieja tan rara, ir en bicicleta por la noche…Y una noche tan fría, y  además de Navidad, que lo normal es que estuviera con su familia.

— Ya te digo que esperes. Todavía no le ha dado tiempo de volver. No seas ansiosa.

— Pero ¿si pasa el tiempo y no vuelve?

— Como tú has dicho es muy mayor, y no creo que vaya muy lejos con la bicicleta, pues…¿Qué pasa Clara?… Están pitando los coches y parándose. Ha debido de haber un accidente.

— Yo voy abuelo, debe ser la vieja.

— ¿Qué dices? Si ella iba por el paseo y, no por los carriles de los coches.

— Pero a lo mejor ha querido cruzar al otro lado.

— Imposible, eso es una temeridad a su edad, ya que hay que tener reflejos y…

— Que yo voy .

— Pero Clara, espérame, que voy yo también. No corras. Pues yo no puedo correr, hija… Ya me dirás.

— Abuelo, abuelo, no vayas más allí, es horrible… Ufff, qué fuerte, ya te dije que era la vieja.

— Pero…

— Ya no podemos hacer nada abuelo, ya te digo es terrible, pues ha debido de cruzar con la bicicleta cuando los coches iban a toda velocidad. Seguro que estaba loca.

— O muy sola, muy sola.

— Ya te digo, es mejor que no la veas. Y ahora, abuelo, ya sí que podemos leer lo que dice.

— No, hija, ya no hace falta, debimos hacerlo antes, cuando “se le cayó”,  o más bien nos lo tiró en demanda de auxilio.

— Abuelo no te entiendo

— Ni falta que hace, pero debí de hacerte caso. A lo mejor ahora todavía estaría viva.

— Pues yo lo leo ahora mismo… Oye, abuelo ¿Por qué sabías tú lo que decía el papel?

— Porque también soy viejo, muy viejo. Casi igual que ella.

— Pero no montas en bicicleta.

— Es que yo no estoy solo nunca, y el día de Navidad menos, te tengo a ti.

Del Autor

Juana Vázquez
Doctora en Filología (especialista en el XVIII) y Licenciada en periodismo. Ha colaborado en diversos proyectos del Consejo de Investigaciones Científicas, así como en la sección cultural de Diario 16, El Mundo y ABC. Hoy por hoy colabora en El País, Babelia, así como en Cuadernos del Sur. En la actualidad, está en la Universidad de Alcalá, donde imparte masters de postgrado. Aparte de ensayos, artículos de opinión,y crítica literaria, ha publicado en diversas revistas de poesia: Atlántica, El Matemático, Barcarola… así como los poemarios, Signos de Sombra, Ed. Kilix, 1993, En el confín del nombre, Huerga & Fierro, 1998, Nos+otros, Sial, 2003 , Gramática de Luna, Huerga & Fierro, 2006, y Escombros de los días, Huerga & Fierro. 2011. Asimismo , ha publicado una novela Con olor a naftalina, Huerga & Fierro, 2008. De ella ha dicho Pozuelo Ivancos (ABCD) : “Juana Vázquez recorre en su primera novela uno de los distintos caminos de su renovación posible...". Su último libro es el ensayo: El Madrid cotidiano del siglo XVIII, Endymión, 20011.