Cuatro por cuatro
Sara Mesa
Editorial Anagrama, 2012
En cierta ocasión, un colega me reprochó que no resumiera el argumento de unas películas que comentaba por escrito. En ese preciso instante, no pude – o no supe – explicarle los motivos que me llevaban a cometer, según sus criterios, tamaña transgresión.
Esta magnífica novela de Sara Mesa, finalista del último Premio Herralde de Novela, sin embargo, me va a permitir justificar decisiones como la de eliminar la sinopsis del libro del que uno escribe a la hora de hacer su breve comentario.
He aquí, sucintamente, lo que se cuenta (según la página de la editorial Anagrama):
Cuatro por cuatro arranca con la historia de un grupo de chicas, lideradas por Celia, que se han fugado de un colegio pero que son atrapadas y devueltas a la institución. El colegio del que huían, el Wybrany College, es un internado completamente incomunicado del exterior y destinado a los hijos de familias acomodadas, los únicos que pueden aspirar a salvarse de un mundo en descomposición en el que la vida en la ciudad se ha hecho imposible. Pero el Wybrany College también acoge a los llamados «especiales», chicos becados cuyos padres trabajan al servicio del proyecto. Las relaciones entre ambos grupos y entre ellos, los profesores y los miembros de la Dirección –el Sr. J., la Culo o el Guía– internarán al lector en un microcosmos dominado por la manipulación y el aislamiento.
Queridos lectores: ¿ciencia ficción, horror, terror, suspense psicológico, drama adolescente, school novel, novela de aprendizaje?
Ni idea, ¿verdad? En efecto, en mi modesta opinión, un relato es la forma de un relato y no los sucesos que lo transitan. Cuando le di a leer a mi hijo adolescente la contraportada de la novela, me dijo entusiasmado que si era una “novelización” de la célebre y exitosa serie de televisión “El internado”.
En la página 202 de esta fábula inquietante, se desarrolla el siguiente diálogo entre dos personajes:
“Mi hermana me preguntó cómo iba la novela. Sopesé la respuesta unos segundos.
– Bien-dije-. Trata sobre un misterio.
– ¿Qué misterio? –me preguntó.
– El de unas reglas que alguien establece y que nunca se definen del todo. El extraño no conoce las reglas. Aunque desee hacerlo, no es capaz de asumirlas. Tampoco puede enfrentarse a ellas. Las reglas existen, son fuertes, son taxativas, pero no están escritas en ningún sitio. Por tanto no se pueden obedecer ni desobedecer.
(…)
– ¿Y sobre qué son esas reglas?
– Aún no lo sé. Por eso es una novela de misterio. Se va descubriendo según se escribe.
– ¿Y hay asesinatos?
– Hay, sí –concluí-. Hay al menos una decapitación.
Ella se estremeció. Parecía satisfecha.”
Si esta es una novela única, original e incómoda, lo es porque nos da dos lecciones literarias de primer orden. En primer lugar, nos enseña que las narraciones son construcciones de la emoción del lector: según vamos leyendo, las insinuaciones, los fragmentos del misterio, nos inoculan una creciente inquietud, morbosa e intensa. En segundo lugar, nos transmite una verdad sobre nuestra experiencia de la realidad: habitamos mundos ordenados sobre el violento e indolente ejercicio del poder y las jerarquías.
Nuestra rebeldía, nos dice, será cambiar el funcionamiento del mundo.