Liudmila Quincoses y sus cartas a la poesía

Por Luis Rafael

liudmila-quincosesAtrincherada detrás de libros y cuadros, con el ancla puesta en su casa de la calle Maceo No 1, en la ciudad cubana de Sancti Spíritus, la poetisa y narradora Liudmila Quincoses Clavelo (1975), juega a condensar metáforas de vida en versos y misivas de amor.  A su ventana acude gente de lo más diversa, rostros ilusionados por el duende de la pasión, voces que necesitan su mano para decir a otros lo que solo el escriba es capaz de convertir en palabras. Estoy seguro de que, desde 2001, año en que a la joven artista se le ocurrió fundar la Escribanía Dollz, aumentaron los matrimonios y las reconciliaciones; y una luz límpida de aire fresco y lluvioso, de alma transmutada en poesía, recorre las calles de la ciudad utópica, enlazando miradas, reconstruyendo capiteles y creciendo en las columnas, más altas y universales sobre el papel.

Escritora precoz, con solo 19 años, la joven ganó el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara gracias a su poemario Un libro raro, queinició su andanza lírica. Luego Los territorios de la muerte, en 2001, obtuvo el Premio Pinos Nuevos; y Poemas del último sendero, el Premio Calendario. Sin pausa, fue sumando enseguida nuevos galardones a la lista de sus éxitos (vg. El Premio Internacional Nosside Caribe, 2002),  y, sobre todo, dejando sobre el papel nuevos alumbramientos, donde hizo evidente su perseverancia en hacer de la literatura el aleph de su vida.

La lírica de Liudmila fabula, alegoriza, traza parábolas,  mistifica e interroga, por eso a veces resulta hermética o extraña y parece salida de otro tiempo; aunque justamente por eso se acerque al hoy de la mejor literatura en lengua española, que indaga el reflejo en la imagen y descorre la sintaxis para decir, en una multiplicidad de sentidos hija del mejor barroco. Al cabo, su “ánima” no está sola en medio de la “noche eterna”, en el clarividente objetivo de correr las cortinas de un telos más imaginario que real, más utópico que tópico: “Sólo tienes que fijarte para ver / la historia que el agua le cuenta / a la clarividente.”

Inserta en la renovación de la poesía hispánica iniciada en la última década del siglo XX, la obra de Liudmila Quincoses esgrime la palabra como espada de fuego, trazando en metáforas y parábolas el lenguaje del porvenir. Aunque arraigada en el coloquialismo, la autora rompe con los modelos conversacionales gracias a su tropología y el ritmo de sus versos, que van del tono nostálgico al humilde clamor de quien se sabe un latido en el inabarcable cosmos. Su indagación de la existencia, el simbolismo de la ciudad y sus elementos arquitectónicos (“Ciudad translúcida /
de contornos vagos como sueños”), apuntan hacia la revisión de un entorno que el arte desea atrapar y ordenar mediante la palabra inspirada, regalada al otro. ¿Cómo entender su empeño impresionista de escriba de lo cotidiano, sino como misión? Cada poema de Liudmila Quincoses es una carta, una epístola a Dios, que se escribe en el continuo intermitente de sus trazados, siempre sobre la misma página.