Libro de poemas humanos que nos pertenecen

Recaredo Veredas

Fugitiva ciudad
Manuel Rico
Editorial Hiperión, 2012

 

fugitivaciudad-manuelrico-librario-otrolunes26El libro comienza con una dedicatoria que no resulta, como es habitual, accesoria: los destinatarios son los hijos del propio autor, miembros, como él mismo afirma, de una generación golpeada. Los golpes no provienen de la guerra sino de una penuria cuyo desenlace se pierde en el horizonte. Tal vez todas las generaciones que han nacido en España han sido golpeadas, al menos para quien no pertenecía a esa élite que tan certeramente describe, casi narra, en alguno de sus poemas  –porque también narra, aunque sea mediante recursos poéticos, este libro-. Fugitiva ciudad transcurre en una ciudad atemporal, que sigue existiendo porque en este libro no aparecen internet, ni las redes sociales pero sí el polvo, el dolor de la crisis, el mismo que fotografiaron Agee y Evans en los campos de América durante la crisis del 29 y seguirá existiendo dentro de cien años. Construye con sabiduría, sentido de la medida y cierta originalidad, un correlato urbano desolado pero no nihilista. El correlato de una ciudad de la que huye, casi escapa, el bienestar pasado, una ciudad fronteriza que camina entre los límites del centro y los suburbios, los envejecidos suburbios de las grandes ciudades.

Aparece una clara, nítida conciencia de la historia.  Conciencia de un pasado duro, que no fue en absoluto mejor que este presente. No es, por lo tanto, un libro complaciente ni nostálgico. Así ocurre porque no ha cedido al filtro ni a la benevolencia del tiempo. La decepción, consciente, por los sueños perdidos se percibe con nitidez en poemas como En la tumba de Gramsci y, por la equivalencia de las épocas, en el titulado , por ejemplo, Huidizo muchacho. También en lo versos dedicados a la guerra de Irak, tan inacabada e interminable, que enlaza de nuevo la nueva y la vieja miseria. Fascina, hilando con el inicio de la reseña, resulta el poema Formentor, medio siglo, en el que cuenta cómo la gauche divine y sus excentricidades eran contempladas y envidiadas  desde los sótanos del antifranquismo: Aunque fuéramos hijos/del abismo industrial y de la casa/sin vieja biblioteca y sin ancestros/de solemne apellido, fortuna familiar/o fincas y bodegas. Un poema largo, que muestra, con nitidez, la oscilación de Rico entre el realismo, nunca prosaico, y el atrevimiento, concretado en una combinación de clasicismo –incluye cinco depurados sonetos- y de verso libre, libérrimo. También aparece, inevitable, el tiempo y la vejez, como en ese bello poema de amor –y lucidez- llamado “De la hermosa insistencia”.

Manuel Rico concede el protagonismo justo, exacto, al lenguaje, con el que sabe jugar e inventar, una de las misiones del poeta, pero con el que no especula. Sabe que ha escrito un libro serio, consciente y no cae en trivialidades.  Fugitiva ciudad habla de gente ya olvidada, aunque siga  viva, incluso en plena juventud. Un libro, concluyendo, poblado por poemas humanos, que nos pertenecen a todos.