Conversando con algunos protagonistas

Ricardo Bada

Participan en este conversatorio:

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Alejandro Sandoval Ávila

(Aguascalientes, México, 1957). Estudió Filología hispánica (lingüística) en la Universidad Central de Cuba, de 1976 a 1980. Ha sido incluido en varias antologías de poesía y narrativa; ha publicado en revistas y suplementos periodísticos de México, España, Cuba, Venezuela, Alemania y Estados Unidos. Tiene una amplia experiencia como promotor y gestor de la cultura: director general de los Centros Culturales Fonágora, Secretaría de Educación Pública, de 1983 a 1985; Director de Cultura de la Delegación Cuauhtémoc, Gobierno del Distrito Federal, de 1985 a 1988; coordinador General de Cultura y Asuntos Internacionales del Consejo de Recursos para la Atención de la Juventud (CREA) de 1988 a 1989; de 1989 a 1991 director de Cultura del Gobierno del Distrito Federal; de 1991 a 1993 de Eventos Especiales del Programa Cultural para Jóvenes del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y de 1994 a 1996 director de Cultura del Gobierno del Distrito Federal; Director de la colección “Premios Bellas Artes de Literatura”; presidente de la Asociación de Escritores de México (AEM), y miembro del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), entre otras responsabilidades. Se ha desempeñado también como miembro del Consejo de Redacción de la revista “Tierra Adentro”, guionista y director de cámaras en la Televisión Cultural de Aguascalientes, y articulista del diario Excélsior.

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Alicia Salvi

Maestra y profesora en Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Máster en Promoción de la Lectura y la Literatura Infantil, Universidad de Cuenca, España. Fue Presidenta de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil (ALIJA). Escribió artículos sobre su especialidad y materiales para docentes usados en la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad y el Ministerio de Educación, donde capacitó docentes y bibliotecarios durante 16 años. Formó parte del equipo del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación en los periodos 2000-2001 y 2003-2008. Ha sido invitada como jurado en numerosos premios, entre ellos, en 2008  y 2010 el prestigioso Premio Internacional “Hans Christian Andersen”.

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Liliana Bodoc

(Argentina, 1958) Escritora, profesora de literatura y poetisa. Una de las más notorias cultivadoras de la literatura infantil y juvenil de su país. Ex actriz, cursó la licenciatura de Literatura Moderna en la Universidad Nacional de Cuyo, ejerciendo la docencia en ésta ciudad. Con su primera novela Los días del venado (2000), primera entrega de la trilogía La Saga de los Confines, obtuvo entre otros premios, la Mención especial de The White Ravens. Los días de la sombra (2002) y Los días del fuego (2004), segunda y tercera entrega de esta saga, culminaron lo que podría ser considerada como una trilogía épica mágica, inspirada en las leyendas aborígenes de Latinoamérica. Ha publicado también el libro de cuentos infantiles Sucedió en colores (2004) y las obras teatrales Adiós a las Puntillas, Doña Cata y la gitana y Por tantos.

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Luciana Sandroni

(Río de Janeiro, 1962). Es autora de varios libros para niños y jóvenes como Minhas Memórias de Lobato – que ganó el Premio Jabuti 1998 al mejor libro para niños publicado ese año  y O Mário que não é de Andrade, que recibió el Premio al  Mejor Libro para niños de la Fundación Nacional del Libro Infantil. En sus biografías desarrolla un proyecto sobre la historia de Río de Janeiro, como Ludi na Revolta da Vacina, Ludi na chegada e no bota-fora da Família Real, Um Quilombo no Leblon, entre otros.

Luciana se graduó en Artes de la PUC de Río de Janeiro e hizo maestría en Comunicación y Semiótica de la PUC de São Paulo.

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Luis Cabrera Delgado

(Jarahueca, 1945) uno de los auto­res más pro­lí­fe­ros y reco­no­ci­dos den­tro del género infanto-juve­nil en Lati­noa­mé­rica, con más de treinta títu­los publi­ca­dos en Cuba, México, Ecua­dor, Chile, Vene­zuela, Argen­tina y Bra­sil. Entre otras obras ha publicado: Antonio el pequeño mambí (1985), Tía Julita (1987), El niño de la bota (1989), Pedrín (1990), Mis dos abuelos (1992), Los calamitosos (1993), Carlos el titiritero (1994), Nano o Nino (1995), Mayito (1997), Catalina, la maga (1997), Ito (1997), Raúl, su abuela y los espíritus (1998), Cuentos de Jarahueca (1999), El aparecido de la mata de mango (2000), Vino tinto y perejil (2000), ¿Dónde está La Princesa? (2001), Palomita blanca, ¿quién me va a llorar? (2001), Maritrini quiere ser escritora (2002), y Vueltas de vidas revueltas (2002).

 

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Si estuviera obligado a definir dos de los retos más importantes a la hora de escribir en este género, ¿cuáles serían?

Alejandro Sandoval (México): Como respuesta, asumo el siguiente párrafo de Michel Tournier: “¿dónde situar los cuentos de Perrault, las fábulas de La Fontaine, la Alicia de Lewis Carroll? Y a esas obras maestras habría que añadir los cuentos de Grimm, los de Andersen, las leyendas orientales, Nils Holgersen de Selma Lagerlöff, El principito de Saint-Exupéry. Pues bien, creo que es preciso atreverse a recordar que, con excepción de Selma Lagerloff, esos autores no se dirigen en modo alguno a un público infantil. Mas, como tenían genio, escribían tan bien, tan límpidamente, tan brevemente -calidad rara y difícil de alcanzar- que todo el mundo podía leerlo, incluso los niños. Este concepto de “incluso los niños” ha llegado a tener para mí una importancia capital y diría que hasta tiránica. Se trata de un ideal literario al que aspiro sin lograr -salvo una excepción- alcanzarlo. A riesgo de chocar a algunas personas, voy a decir lo que pienso: a Shakespeare, Goethe y Balzac se les puede tachar de una imperfección a mi juicio imperdonable: la de que los niños no puedan leerlos.” Hago énfasis en TAN LÍMPIDAMENTE, TAN BREVEMENTE”.

Alicia Salvi (Argentina): Creo que el desafío es considerar al lector infantil y a la vez no pensar en él como un factor de achicamiento y limitación de las obras. Los temas, la construcción de los textos y demás decisiones se adecuan pero no se subordinan al destinatario. La literatura infantil y juvenil es literatura, como dijera la escritora argentina María Teresa Andruetto, “literatura sin adjetivos”.

Liliana Bodoc (Argentina): Con seguridad, uno de los primeros y más serios retos es el debate con las instituciones (familiares, escolares, etc) que observan y deciden sobre la literatura escrita para niños y jóvenes. La literatura infantil y juvenil está atravesada por todos los discursos y todas las contradicciones sociales. Más todavía, es uno de los ámbitos donde las sociedades tramitan los temas culturalmente relevantes o neurálgicos. Dicho de otro modo, más que un arte, la literatura para niños es concebida como un espacio que carga con el mandato de “construir una infancia”. Y así le corresponde, o se pretende que le corresponda la tarea de formar individuos que pertenezcan, que entren al cauce de una determinada cultura.

A raíz de esto, surge entonces el otro gran reto para quienes hacemos literatura para niños: defender la propuesta estética del lenguaje por sobre la visión “moral”, admonitoria y aleccionadora que pesa sobre la literatura infantil y juvenil. En lo personal, me importa mucho el tema, el asunto o el concepto a desarrollar. Pero siempre el “qué se cuenta” debería estar subordinado al “cómo se cuenta”. En el arte y la literatura, lo sabemos, la forma se hace contenido.

Luciana Sandroni (Brasil): Mi mayor desafío es tratar de mantener la atención del lector en la historia. Para lograr eso tengo que trabajar bien el lenguaje y los diálogos buscando dar agilidad a la trama. Crear uma trama que despierte el interés del lector, que ló haga “entrar” en el libro, que se emocione, ría o llore.

Luis Cabrera Delgado (Cuba):   En la teoría literaria que se ocupa de estos asuntos hay dos teorías: la dirigista que cree que los libros para niños han de estar específicamente concebidos para ellos, y la liberal que plantea que cualquier libro podrá ser leído, disfrutado o desechado por cualquier lector. En ambas formas de creación nos vamos a encontrar destacados escritores. José Martí es un autor muy especial, pues escribió para los niños La Edad de Oro, y ello lo dice explícitamente en el prólogo del primer número de la revista, pero también escribió Versos sencillos, no pensando en un lector infantil, y sin embargo los niños se han apropiado de muchos de estos versos.

Yo debo confesarte en no pienso mucho en un lector determinado cuando escribo, salvo cuando conscientemente creo algo que quiero que los adultos lean. Por toda una serie de razones de idiosincrasia personal, mi forma de expresión, y no necesariamente los temas y asuntos tratados, parece que estable  una efectiva comunicación estética con niños y jóvenes. Son los editores los primeros que clasifican mis libros para una determinada edad, pero es el devenir histórico, y cito palabras textuales de Paul Hazard, el que decantará una obra literaria hacia el pública que la lea y la aprecie.

Resumo los dos retos que me pide a la hora de escribir (por cierto, no es un género) en uno sólo: calidad artística

 

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También me gustaría conocer su opinión sobre este tópico tan importante: Hábitos de lectura vs literatura infantil y juvenil en la actualidad.

Alejandro Sandoval (México): ¿Por qué “vs”? No me parece que los hábitos de lectura tengan que pujar contra la literatura infantil y juvenil o viceversa. Creo que los nuevos formatos de los libros enriquecen las maneras de leer y de escribir.

Alicia Salvi (Argentina): No sé si hablaría de hábitos sino de acercamientos más o menos intensos a los libros, de mediaciones más o menos exitosas de padres, docentes, bibliotecarios y otros adultos. No olvidemos que es disparejo el acceso a los libros y su disponibilidad en los distintos países y en los diversos sectores sociales. La escuela juaga un gran papel y puede hacerlo muy bien si reflexiona en su tarea. Que los niños y jóvenes quieran leer en cualquier soporte por el placer de hacerlo, teniéndolo como una opción más sostenida en el tiempo es el objetivo deseado.

Liliana Bodoc (Argentina): En un alto porcentaje, hablar de literatura infantil y juvenil es hablar de promoción literaria, pensar en literatura infantil y juvenil es palidecer ante la pregunta ¿cómo hacemos para los chicos lean?. Un asunto que difícilmente nos convoque si hablamos de literatura escrita para adultos.

En la literatura a secas importan la hechura, los géneros, las corrientes, los contextos, los discursos, cuestiones que se definen y se debaten desde una multiplicidad de marcos críticos. En fin, pensamos las obras liberadas del asunto sociológico que resulta de preguntarse acerca del problema de la lectura. Y sobre todo muy aparte de los modos, las estrategias y las animaciones que podrían acercarlas a sus potenciales lectores. Suerte que no le cabe a la literatura para niños y jóvenes que, al contrario, debe pelear su condición de tal, debe defenderse de la subestimación instalada en muchos sectores de la intelectualidad. Creo que la carencia de buena lectura es parte de un problema mucho más vasto… Vivimos inmersos en un sistema al que no le interesa que los niños desarrollen su capacidad crítica, su posibilidad de soñar, su contacto amoroso con la palabra poética. Leer no es bueno para consumir, leer no es bueno para discriminar, leer no es bueno para resignarse. Entonces, leer es dar una batalla por la vida. Y aunque no sea fácil, estamos obligados a darla por nuestros niños y por nosotros mismos.

Luciana Sandroni (Brasil): Creo que el hábito de la lectura tiene que ocurrir antes, si es posible, en la familia. Los padres familiarizando a su hijo con el libro desde que es un bebé. Sólo que, aquí en Brasil, el libro está muy asociada con la escuela, por lo que la mayoría de los niños conocen el libro más tarde. Pero cada vez más las escuelas hacen un trabajo de lectura más lúdico, más creativo. Los niños se sienten cada vez más animados a leer en la escuela y terminan llevando los libros para a su casa.

Luis Cabrera Delgado (Cuba): Lo primero que quiero comentarte es que de acuerdo a la psicología, el término hábito de lectura no denota exactamente lo que con él se quiere expresar, y es un uso que se ha generalizado de manera equivocada. Se denomina hábito a la conducta que se ha fijado por el entrenamiento, que se realiza de manera automática y con un mínimo nivel de conciencia. Hábito es, por ejemplo, la cadena de acciones que realiza un sujeto para manejar un auto,  montar bicicleta, afeitarse, o manejar una máquina en una fábrica. Cuando hablamos de hábito de la lectura nos debemos referir a la capacidad del individuo de interpretar los signos gráficos, o sea a saber leer; lo cual se aprende una vez y ya no se olvida más. Y tú me invitas a que hable de lo que pudiera llamarse necesidad de lectura. Esta es una necesidad superior, espiritual, que se adquiere a través del placer repetido que se siente en el acto de leer, ya sea el periódico o buena literatura.

Al desarrollo de esta necesidad en el niño contribuye la familia y la escuela, pero de esto se ha hablado mucho, así que me gustaría referirme a algo que considero influye también en esta conducta y que no siempre se tiene en cuenta, y es la personalidad de cada individuo. Hay sujetos que por sus características temperamentales, por una serie de rasgos del carácter, por su forma de comportarse, por su nivel de atención y su voluntad son más propensos que otros a sentarse con un libro en la mano a leer; puede entonces despertarse en ellos la capacidad de percibir el gusto que provoca la lectura, disfrutar de este placer espiritual y llegar a adquirir esa necesidad. No le pidamos peras al olmo. No todos los individuos van a ser adictos a la lectura.

Creo que no he respondido a tu reclamo, pero considero válido puntualizar estos aspectos

 

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Si asumimos la tesis, muy extendida, de la desaparición del libro en su formato “clásico” aplastado por los nuevos formatos “digitales” que promueven las nuevas tecnologías, la salvación de este género dependería de un mundo lleno de niños que manejaran desde temprana edad esos aditamentos, ya inventados o por inventar. ¿En qué sentido cree que han ayudado o afectado la llamada “Revolución Electrónica” a la promoción y desarrollo del género?

Alejandro Sandoval (México): No creo que el libro impreso vaya a desaparecer, por lo menos no en un futuro cercano. La humanidad ha conocido el libro en piedra, en papiros, en manuscritos, pasando por el formato impreso. Las nuevas tecnologías enriquecerán las maneras de presentar la creatividad de los autores, no solo de LIJ, y las vías para vincularse con los lectores. Y hablando de un género en donde la imaginación y la fantasía tienen preeminencia, un libro digital interactivo, enriquecerá la sensibilidad de los chicos y contribuirá de manera aún más notable a enriquecer su humanidad.

Alicia Salvi (Argentina): He visto algunos e-books que son meramente transposiciones del libro de papel con algunos agregados de sonidos, voces que leen en diversos idiomas, pequeñas animaciones, etc. Creo que será muy valioso ver desarrollarse relatos que sean pensados para los nuevos soportes. En el sector editorial en Argentina se producen y venden muchos libros infantiles, el sector es muy dinámico, hay muchas pequeñas y medianas editoriales muy interesantes y hay grandes editoriales que producen muchas novedades. Me parece que lo importante es la calidad de la palabra literaria y luego se verá cómo se va trasmitiendo… no creo que se salve por el envase, sino por su valor en sí.

Liliana Bodoc (Argentina): Me gusta imaginar el tiempo en el que apareció la imprenta… Me gusta imaginar un monje o un noble suponiendo que, a partir de ese “atroz invento” la palabra se degradaría. Ellos tal vez dirían:  “Válgame Dios, ya nada será como cuando dibujábamos letras en papiros, una a una, con pureza y magnífico trazo”. Y sin embargo, sólo ocurrió que la palabra se popularizó y llegó a sitios donde antes era impensable. Ahora, la desaparición del formato en papel también puede parecernos terrible… Pero entiendo que un buen cuento, una poesía o una novela bien escrita seguirán siendo imprescindibles. Las herramientas, como siempre ocurre, dependerán de las intenciones de las sociedades y del talento de los trabajadores.

Luciana Sandroni (Brasil): Para la mayoría de lós niños y jóvenes en Brasil, esa Revolución electrónica es una revolución muy distante. El libro aquí es todavía muy caro y no hay incentivo para leer en los medios – sólo en las escuelas los maestros hablan sobre los libros. Aquellos escritores que crean para lós niños son conocidos solamente en las escuelas. E incluso en las escuelas privadas, veo niños con libros em formato papel. Creo que el formato digital es una realidad de ese adulto que tiene buenas condiciones financieras.

Luis Cabrera Delgado (Cuba): Por las condiciones particulares de mi país, que pudiera catalogar en cuestiones de nuevas “tecnologías” como del cuarto mundo, no tengo experiencias que me pudieran permitir valorar el fenómeno con criterio propio.

Pienso que la lectura es independiente del objeto en que se encuentre la palabra escrita, ya sea un libro de papel, la pantalla de una computadora, algo que creo se llama tableta o cualquier otro aparato que de seguro se inventará; así que asumo que el problema no es el medio, sino los fines; y si he oído decir que estos adelantos tecnológicos se están fabricando y usando más con objetivos puramente recreativos, a veces apelando a expresiones conductuales no muy edificantes, que con aquellos que contribuyan al enriquecimiento del intelecto y del espíritu.

En cuanto a los niños, es responsabilidad de los padres lo que sus hijos hacen con las nuevas tecnologías.

 

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Aunque sea brevemente, me gustaría que comentara sobre el estado de la literatura infantil y juvenil en tu país. ¿Qué nombres recomendarías a los lectores de OtroLunes?

Alejandro Sandoval (México): Desde hace 20 o 25 años, en México hay una ¿”eclosión” podríamos decir? de autores de literatura infantil y juvenil. Son autores que cuentan historias por demás atractivas, novedosas, que redactan muy bien. Con el riesgo de dejar a algunos fuera, mencionaré a Norma Muñoz Ledo, Toño Malpica, Javier Malpica, M.B. Brozon, Jaime Alfonso Sandoval, el infaltable Francisco Hinojosa, Juan Villoro, Ester Hernández Palacios, Claudia Celis… Recomendables todos ellos y los que por el momento no me vienen a la memoria.

Alicia Salvi (Argentina): Es un campo consolidado que merecería un espacio de crítica sostenida y seria en los medios. Hay interés en las universidades y seminarios y los cursos abundan en las diversas instituciones. Estupendos escritores y escritoras han producido y producen: Ema Wolf, Graciela Montes, Beatriz Ferro, María Elena Walsh, Liliana Bodoc, quienes han sido candidatas al Premio Andersen; María Teresa Andruetto, que lo ha ganado en el 2012; la generación de Gustavo Roldán y Laura Devetach; poetas como María Cristina Ramos, Edith Vera, Susana Itzcovich, Pablo Medina; nuevos nombres… Pablo de Santis, Marcelo Birmajer… y no olvidemos a los ilustradores, cuyo número y calidad ha crecido muchísimo: Isol, Mónica Weiss, Istvanchi y muchos más… Aconsejo a los lectores de OtroLunes asomarse a la página web de la revista Imaginaria (imaginaria.com.ar) para completarse este panorama y subsanar mis omisiones y olvidos. Quiero agradecer al Director de OtroLunes este interés en nuestro campo de trabajo y desear que el paso de la de literatura infantil y juvenil no sea ocasional y efímero, sino que genere en los lectores el deseo de conocer más este apasionante mundo.

Liliana Bodoc (Argentina): Me enorgullece decir que la literatura infantil y juvenil tiene en la Argentina un excelente desarrollo y una gran diversidad de voces. Recomendar siempre es difícil, pero me animo a seleccionar algunos nombres que creo imprescindibles: Ema Wolf, María Teresa Andruetto, Sandra Comino, Esteban Valentino, Gustavo Roldán, al que perdimos hace poco pero que sigue vivo en sus maravillosos libros, Laura Devetach, ¡y un etcétera grande como una montaña!

Luciana Sandroni (Brasil): Brasil cuenta con grandes nombres de la literatura infantil como Ligia Bojunga, Ana Maria Machado, Campos Bartolomeu. En la actualidad, los ilustradores más nuevos están haciendo um trabajo muy original y significativo, entre ellos Roger Melo, Lima Graça, André Neves y muchos otros.

Luis Cabrera Delgado (Cuba): Te podrá parecer raro, pero me es difícil hacer una valoración general y certera del estado de la literatura infantil y juvenil en Cuba, pues para ello debía haber leído un alto por ciento de lo que se publica, y ello no me ha sido posible por varias razones.

La primera es la pobre tirada que se hace de los títulos. Si digo dos mil ejemplares, a cualquier editor del mundo le parecerá quizás hasta posible esa cantidad, pues generalmente ellos hacen menos, pero en la medida en que lo venden, lo reimprimen una y otra vez. Pero en mi país se saca un determinado número de ejemplares y cuando se venden, no se reimprimen. Se agotan y san se acabó, pues acá el libro no se publica con fines meramente mercantiles.

El otro factor es la mala distribución de los libros. Además de las editoriales nacionales, en todas las provincias existen hasta más de una editorial que publica libros para niños y jóvenes, pero estos no llegan a todas partes, por lo que en este sentido, nos pudiéramos definir más que como un país, como quince provincias independiente y aisladas.

La valoración crítica de la literatura, en sentido general, y muy particularmente la infanto-juvenil no tiene mucha presencia en la prensa, y ni por ahí puedes tener una orientación de lo que se está publicando.

De todas formas, considero que en Cuba existe un fuerte movimiento en el ámbito de la literatura para niños y jóvenes, que al compararlo con otros países latinoamericanos, en cuanto a número de creadores y calidad de sus obras, estamos en la primera línea del continente. Desafortunadamente el gran público y aún muchos especialistas y editores de Latinoamérica lo desconocen, pues nuestros libros no se comercializan fuera del país, y estos ni los autores del “género” conforman la muestra que de manera habitual se lleva a las ferias internacionales.

Hay un grupo de autores nuestros radicados en diferentes países que están haciendo también literatura cubana que poco o nada se conoce de su más reciente producción. Me vienen a la mente: Joel Franz Rosell, Gumersindo Pacheco, Antonio Orlando Rodríguez, Aramís Quintero, Eric Gonzáles Conde…

En Cuba radican una serie de creadores de reconocida madurez que se mantienen en pleno proceso creativo, entre los cuales te puedo mencionar a Nersys Felipe, Premio Nacional de Literatura 2011, Julia Calzadilla, Ivette Vian, Luis Caissés, Julio Llanes, José Manuel Espino, Omar Felipe Mauri, Enrique Pérez Díaz; y si no canso con la lista sigo: Niurki Pérez, Luis Carlos Suárez, Nelsón Simón… en fin. Te apunto que en el Gran Diccionario de Autores Latinoamericanos de Literatura Infantil publicado por SM para el Primer Congreso Internacional de Lengua y Literatura Infantil realizado en Santiago de Chile en 2010, aparecen un total de 90 escritores cubanos, números semejante a los de Argentina y Brasil.

Además de estos “consagrados”, por decirlo de alguna manera, hay un pujante número de jóvenes (por edad o actividad) que vienen haciendo una muy interesante y prometedora literatura, algunos ya más conocidos como Alberto Peraza y Mildre Hernández, seguidos por Rubén Rodríguez, José Antonio Linares, Alberto Rodríguez Copa.

Muchos de los autores cubanos han trabajado y trabajan especialmente la poesía para niños y jóvenes, y esta, sin chovinismo alguno, si me atrevo a afirmar que es la mejor que de Iberoamérica.