Un novelón que no hay que perderse

Ignacio Gómez Cornejo

Me hallará la muerte
Juan Manuel de Prada
Destino, 2011

 

mehallaralamuerte-josemanueldeprada-librario-otrolunes26Esta es la historia de Antonio Expósito, un maleante que debe huir del país alistándose en la División Azul y sufriendo durante años el infierno del gulag soviético.  Sobrevendrá en una tercera parte de la novela su retorno a una España de los años cincuenta, donde aquel maleante suplantará la vida de un héroe muerto en la guerra a merced de un extraordinario parecido físico. Con estos sencillos mimbres De Prada traba un novelón que no hay que perderse. Si en algo ha cambiado el estilo de Juan Manuel de Prada desde los tiempos de Las máscaras del héroe (1996) es sin duda en haber aminorado la intensidad y el número de metáforas barrocas, imágenes alegóricas y en fin, haber rebajado lo suficiente hasta el gran público su aún magnífica prosa (una forma de ahormar su estilo a la gran historia, pero también de alcanzar a todo pelaje y condición), de manera que se echan de menos aquellas figuras retóricas alambicadas bajo el buril de un lenguaje originalísimo y sutil, que sin embargo muchos echamos aún de menos (La tempestad, 1997), aunque prodigarlas las sigue prodigando pero ya no en tal número y profundidad. Y aunque no es posible ser sublime sin interrupción, no menos cierto es que el sueño lúcido de una prosa embridada en el tamiz de una novela corre el riesgo de verse interrumpido a causa de todas esas imágenes y figuras epatantes, que tantas veces venían a desenvolverse como los regates virtuosísimos de un jugador genial que sin embargo olvida que su espectáculo estaba destinado a meter la pelota entre tres palos (pero el caso es que después la metía, vaya si la metía a pesar de tanto regate malabarista). O aquello del placer del texto por el texto de los estructuralistas y tal, como no. Me hallará la muerte remata esa línea que venía perfilándose desde La vida invisible (2004) y que se refrendó en El séptimo velo( 2007), es decir, prosa excelente con estilo inconfundible pero también sacrificado en parte en el ara de una historia larga trufada de visos folletinescos, narrada en tercera persona, y desarrollada desde una óptica diríase cinematográfica, casi épica, donde los personajes maniqueos, de moral réproba o heroica se entremezclan en un cañamazo neto de historias humanas cuyo decurso nos hace disfrutar con sus intrigas a la vez que nos envía un mensaje de sojuzgamiento de la sociedad actual a la luz del quinqué de un pasado no tan lejano que nos iguala. De Prada se mueve bien, muy bien, en tramas circunscritas entre el episodio melodramático, la intriga policiaca y el costumbrismo de época. Es un maestro de la elipsis temporal. No obstante en casi 600 páginas divididas en tres segmentos, a veces uno intuye una cierta improvisación—aunque qué creación no nace al amparo de la calidad de una improvisación—como si el autor hubiese querido peinar—o ajusticiar en el destino que depara a cada personaje, como un demiurgo absoluto de su universo—todos y cada uno de los flecos de la historia, gestión más propia del folletín que de la gran novela, aunque esta gran obra merece ser tratada como de gran novela antes que de folletín, porque si es verdad que introduce dinámicas folletinescas lo es para mejorar la historia y dotar a la novela de un electrizante thriller que de otra forma sería imposible. Sigue sorprendiendo Juan Manuel de Prada con su estilismo originalísimo, caracterizado por esa inconfundible e inaprensible sustancia que sólo poseen los textos de los más grandes creadores, y que se resisten a ser plagiados, so pena de delatarse en el intento y hacer el ridículo con su aparatoso remedo. Si algo caracteriza su prosa es que sin dejar de ser fluida logra hacer que el lector no desvíe la mirada de la historia que desfila ante sus ojos. Tiene luego un funambulismo en cuanto a saber dosificar la ración exacta de “macguffins” y peripecias varias evitando así atiborrar al lector de esa sensación de inverosimilitud o pastiche que deviene con las obras mediocres, que abusan de tales recursos. Otra característica, quizá ya presente en su obra anterior pero en esta mucho más es el ritornello o frase reverberante que se repite algunas veces con el fin de retrotraerle al lector a determinadas partes de la trama, haciendo de asidero o pecio al lector de un modo lírico ante una historia que exige no perder un ápice de atención para no naufragar en todo su recorrido. Una novela en fin, de una trama formidable escrita por un escritor insuperable, que los que hemos leído todo lo que ha publicado hasta ahora esperamos que en un futuro aún le endose a la posteridad alguna que otra obra maestra, porque a este panorama patrio, bulímico de vampiritos, tronos e historias pijitas no le vendría nada mal.