Un pequeño viaje a través de los vericuetos de la mente humana

Dra. Lluïsa Quevedo I Junyent

Memoria de la inocente niña homicida
Isabel Camblor
Editorial Pretextos, 2012

 

memoriadelaniñainocente-isabel-camblor-librario-otrolunes26Memoria de la inocente niña homicida es como un pequeño viaje a través de los vericuetos de la mente humana. Es un trayecto cuyos paisajes están plagados de poesía, de lirismo, pero también de terca y cruel realidad; una realidad que nos golpea en cada uno de sus capítulos y que, sin embargo, no nos resulta amarga, o cuando menos nos permite recorrerlos con un buen sabor de boca.

Elena, su protagonista, es uno de esos personajes con entidad propia, que no abundan en la literatura; uno de esos personajes a quien uno no siente la necesidad de juzgar ni de adherirse a su ideario, sino de acompañarlo en sus pasos, página por página, en su incierto y fascinante deambular. Ni heroína ni antiheroína, ni villana ni mártir, Elena es testigo un poco accidental de su propio devenir vital y lo va consumando, trago a trago, sin hacerse demasiadas preguntas, sin ni siquiera parecer acusar lo trágico de su destino. Pero, aunque parezca ausente, el  dolor la acompaña como una corriente subterránea, como un compañero de viaje al que, en un punto de la infancia, se trató sin éxito de borrar. El dolor y sobre todo la soledad.

A estas alturas del camino, uno no suele asombrarse con facilidad y es siempre un placer encontrarse súbitamente seducido por una nueva lectura. En ésta se citan en una rara mezcla la inocencia, el sadomasoquismo, el amor y la amistad.  Un viaje iniciático de autoconocimiento, que bien podía haber bebido de Nabokov o de Hesse, pero con tintes vanguardistas, casi almodovarianos, que lo convierten en una especie de tragicomedia inclasificable.

Mas lo que se nos cuenta, con todo y ser un magnífico retrato psicológico del ser humano, o de un tipo de ser humano atrapado en sus circunstancias, no es quizá lo que más asombra de esta obra; lo que más cautiva es cómo se nos cuenta, cómo en un lenguaje sencillo pero milimétricamente depurado la autora combina escrupulosamente el rigor y la poesía, la minuciosidad y la precisión, cómo —y esto puede apreciarse en cada una de sus páginas— nos transmite la ternura y el amor que siente por su propio personaje, por esa muchacha, Elena, abandonada y sin camino, como a fin de cuentas nos hallamos todos los que hemos de vivir.

En definitiva, una  pluma que ha alcanzado una madurez literaria, que, a juicio de quien esto escribe, acabará revelándola como una de las mejores y más originales escritoras contemporáneas de habla hispana. Memoria de la inocente niña homicida no es sólo una novela que vale la pena visitar para pasar un buen rato, o para disfrutar de literatura buena y fresca; es ante todo uno de esos raros amigos que, de mucho en mucho, encontramos en las bibliotecas, y nos ayudan a crecer.