"La poesía es el alma visible de los pueblos."

Entrevista al escritor cubano José René Rigal

Amir Valle

joserenerigal-entrevista-otrolunes26La admiración suele derivar en amistad. La amistad, cuando hay confluencias de principios e intereses, suele ser un otero seguro desde donde descubrir los verdaderos límites de esos caminos que unen a dos personas. Y cuando esos caminos personales, esa admiración y esa confluencia ética conducen a ese remanso de confianza y complicidad que suele existir en algunos ámbitos de la literatura, entonces se alcanza una fase especial en la conjunción intelectual y humana de dos personas: ese espacio de retroalimentación que se consigue únicamente cuando la admiración es mútua.

Por esos rumbos llegué a la poesía de José René Rigal. Y bastaron breves conversaciones para saber que es de esas personas que tienen algo que decir y que, además, saben cómo decirlo. Aunque debo confesar que lo más que llamó mi atención, desde aquella misma primera llamada telefónica que él hizo desde Holguín a mi casa en La Habana, fue su irreverencia, que me trajo de golpe la imagen de mi querido colega y amigo, el escritor Guillermo Vidal, mientras me decía: “para que alguien llegue a ser escritor, un escritor de verdad, tiene que sentir en el alma el rugido de la irreverencia. Quien no sea irreverente ante la vida no se hará jamás las preguntas que se hace siempre un escritor con respecto al mundo”.

Pero más curioso ha sido descubrir que esa misma irreverencia está en la poesía de este holguinero que, aunque empezó tarde en el mundo de la literatura, pasó gran parte de su vida bajo el influjo de las letras gracias a su espíritu de lector insaciable, sin imaginar que esos años de lecturas y lecturas conformarían el sedimento de ese mundo poético que hoy posee y del cual los lectores de OtroLunes pueden encontrar un brevísimo muestrario en nuestra sección En la misma orilla. Sirva también esta entrevista para anunciar la próxima publicación de su poemario Remembranzas del exilio por una muy seria editorial española cuyo nombre, de momento, nos reservamos.

 

Si tuvieras que definir en un par de párrafos quién eres (un párrafo para el ser humano y otro para el escritor), ¿qué dirías?

Definirme resulta en extremo difícil, si parto de un criterio que me persigue como una sombra en la que creo: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Por eso prefiero que sean otros los que digan quién soy y les respetaría sus criterios, por desacertados que éstos sean.

Espero que nadie me condene al martirio de definirme, ni como ser humano, ni como escritor.

De todos modos no puedo decir que tenga méritos trascendentes como escritor ni como persona. No me siento realizado en ninguna esfera de mi vida, aunque me queda mucho espacio por andar. Solo puedo decir que tengo una gran deuda con la humanidad y muy especialmente con mi pueblo. Lo que he hecho y haré en materia de literatura es poco, si miramos con detenimiento en el interior tanto del uno como del otro.

La vida me ha demostrado que todo cuanto hagamos en virtud de una causa justa, no es más que cumplir con un sagrado deber.

Prefiero decir qué pretendo, desde el momento en que decidí establecerme como escritor, cuáles son mis propósitos esenciales a la hora de escribir versos. Esto me lo voy a contestar con un fragmento de uno de mis poemas favoritos. Quizás sea un mensaje:

“¿Qué será de mi sombra al pasar? Dejaré un trillo de letras, seré un rescoldo entre mar y cenizas, palabra viva sobre palabra muerta, campanas de esmeralda, jarcia para las velas, corazón de patria, columnas para ahuyentar demonios, espacio transparente, espejo donde mirar palabras, alud de lava enfebrecida, conjuro en las fauces del abismo, signos de mi tiempo al tuyo, demencias que no viste, odios ante el muro”.

 

Siempre hay un comienzo. Has empezado a publicar algo tarde, cosa más notoria en un país donde algunos escritores publican sus primeros textos siendo casi niños, pero imagino que hubo un comienzo para el escritor que eres. ¿Cuándo y qué fue lo primero que escribiste?

Pienso que las vocaciones llegan al mundo junto a la vida. Sucede que a veces no las descubrimos a tiempo y otras no sabemos aprovecharlas correctamente.

Desde mi infancia sentí una especial inclinación hacia la literatura. Cuando leí “Platero y yo” por primera vez, quedé literalmente fascinado. Mis hábitos de lectura comenzaron desde entonces, hasta convertirme en un apasionado lector. De ahí mi predilección por la declamación, labor que practiqué mucho, tanto en la escuela como en otras actividades públicas.

En esos andares escribí mis primeros “poemas”, dedicados fundamentalmente a las niñas que admiraba con sentimientos parecidos a los que llamamos amor.

Ya en la adolescencia escribí mi primer libro. Un cuento titulado “En el lugar de las tinieblas”, y más tarde mi primera novela, “El hombre que mató a José Manuel Torricell”, un drama trágico-amoroso.

Mi verdadera predilección por la escritura comenzó en la escuela Secundaria, cuando casualmente conocí mediante el semanario “Pionero”, la dirección de una joven en La Habana (Güira de Melena) y comenzamos a cartearnos. Resulta que sus armoniosas misivas me fascinaron y comencé a pensar bien en serio que llegaría a ser una gran escritora. Por mi parte la tomé como ejemplo para tratar de superarme en una adicción que andaba conmigo dentro. De esa relación surge “una larga historia de amor” poesía contada en versos rimados que contenía no menos de 50 cuartetas.

Mis vaticinios respecto a la joven no fueron equivocados. Recuerdo que una vez husmeando en una librería choqué de frente con dos de sus primeros títulos: “Monólogo con lluvia” y “Espacio abierto”.

Hoy es una consagrada escritora y cuenta con una brillante carrera literaria. Su nombre: Graciella Lima Alvarez (Chely Lima).

Por el hecho no estar integrado a ningún círculo literario y dar preferencia a mi actividad como trabajador, mis primeros títulos fueron echados al cesto del olvido.

Así continué escribiendo a lo largo de mi carrera laboral, muchos poemas de servilleta, que tampoco trascendieron.

Escribí también un extenso “Diario de amor”, el que también sucumbió sin dejar rastro.

Escribiendo gané un concurso que condujo a la antigua Unión Soviética con motivo de las Olimpiadas de Moscú 1980.

Mi eclosión como escritor llegó después de la primera mitad de la vida, si a los 50 se les puede llamar mitad, cuando al calor de una serie de factores personales, se me propició las condiciones necesarias para desarrollarme en este campo.

Por vez primera vez comencé a escribir con mayor responsabilidad, sobre todo con el principio básico de guardar mis escritos muy celosamente, no pensando en una posible publicación, solo con el propósito de que quedaran como memoria de mis devocionales sentimientos humanos.

Pensé que la mejor manera de expresarme era mediante el lirismo, por lo que decidí escribir mis textos fundamentalmente en poesía, género que me ofrece mayores posibilidades de expresarme, sin tocar de la flor un solo pétalo.

Me entrego a la poesía totalmente solo, sin apoyo de nadie y sin conocer personalmente ningún escritor.

Así y todo, me trazo una meta, llegar, y con ella aparece el poema que da curso a mi carrera: “Llegar”.

Más tarde encuentro una máxima de un afamado escritor que reza: “Si quieres ver lo que nunca has visto, tendrás que hacer lo que nunca has hecho, apunta a la luna, si fallas, tal vez logres darle a una estrella”. Resultó un resorte mágico y me lancé a la batalla. Comencé a conquistar los vínculos necesarios para desarrollarme e ir dándome a conocer. (Detalles que los lectores conocerán en otro momento).

Mediante este gran reto personal trabajé días y noches enteras, cuyo resultado fue la aparición de mi primer poemario “Remembranzas del exilio”, junto a otros trabajos que conservo.

 

Las influencias son una marca de formación que algunos escritores, tontamente según lo veo yo, niegan cuando alcanzan notoriedad. Tú has empezado hace poco y por eso me atrevo a preguntarte: ¿qué autores crees que han moldeado con sus obras al escritor, al poeta que eres? Pero me gustaría que respondieras dividiendo la respuesta: influencias cubanas e influencias de otras culturas.

Existe una norma básica en la carrera de cualquier persona que se decida por la carrera literaria: primeramente hay que ser un excelente lector, y en eso, como ya expliqué, tengo un lugar privilegiado. De ahí la cantidad de autores que han incidido de alguna manera en mi formación.

Me resulta difícil diferenciar las influencias cubanas y las de otras culturas, debido a que ambas constituyen un conjunto en sí mismas. Pero atendiendo a sus requerimientos, los divido, y solo menciono aquellas figuras que me han servido de estrella en el horizonte de la poesía.

De otras culturas me han marcado clásicos, ante los que me descubro: Rainer María Rilke, Salvatore Quasimodo, Charles de Baudelaire, Gustavo Adolfo Bécquer, Mario Benedetti, César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Horacio, Luis de Góngora, Gabriel Celaya, Oscar Wilde, Jorge Manrique, por solo mencionar algunos de los más prominentes. De ellos he tomado ejemplos que han marcado el sendero de mi carrera como escritor: Jorge Luis Borges y “El cómplice”, Francisco de Quevedo con “Tercetos encadenados”, Luis de Góngora en  “Soledades”, César Vallejo: “una piedra en qué sentarse, ¿no habrá ahora para mí?”. Mario Benedetti: “Si nuestros bravos se quedan sin abrazo, la patria se nos muere de tristeza”. Rubén Darío: “conspicuas guirnaldas de gloria aquellos antiguos que hacen de bronce y de mármol la historia”. Y poemas para mí inmensos, de otro que admiro, Fayad Jamís:

“No es huir”, “Cuerpo de delfín” y “La yagruma”, por solo mencionar algunos.

“Descended hasta el fondo del abismo donde se agitan todas las infamias, donde todos los fangos se confunden y donde todas las heridas sangran”. (Ricardo Jaimes Freyre).

De estas influencias y otras que no menciono por cuestiones de espacio, está nutrida mi carrera en el campo de la cultura de otras latitudes.

Las influencias cubanas me han marcado muy de cerca por ser a las que he tenido mayor acceso. Mi gran ejemplo, nuestro Martí, grande entre los grandes. Me marcan escritores de la talla de Dulce María Loynaz, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José María Heredia, Bonifacio Byrne, José Lezama Lima, Eliseo Diego, Virgilio Piñera, entre otros.

Sin embargo los que más han influenciado en mi formación profesional son los poetas holguineros.

Sucede que Holguín es una de las mejores plazas de la cultura cubana y cuenta, por ello, con una gran pluralidad de escritores consagrados que gozan de una amplia factura literaria. Por ser la ciudad donde resido, me he visto envuelto en sus obras y ante sus experiencias personales.

Fui tomado de la mano por el escritor Rafael Vilches Proenza, persona de gran talento y prolífera obra. Siendo básica su guía y consejos prácticos.

Me han inspirado además las obras de Manuel García Verdecia y su excelente oratoria en eventos donde coincidimos, junto a su conducción magistral y consciente.

Además las obras y relaciones personales con Mariela Varona, Pablo Guerra Martí, Luis Yusef, Maribel Feliu, Kenia Leyva Hidalgo, Ghabriel Pérez, Moisés Mayán, este un joven escritor de magníficas perspectivas, del que incluyo un pequeño fragmento de su poemario “Cuando septiembre acabe”: “Vivimos con el miedo coagulado en la mirada, como dura en el ojo de la presa la imagen del cazador, y le parece verlo en las inocentes sombras de los sitios que frecuenta. El miedo. La onda expansiva del miedo nos mantiene juntos, alumbrado por faroles, masticando el filo de las blancas uñas”.

Y figuras establecidas, como Eugenio Marrón, Rigoberto Segreo, recientemente fallecido, Lalita Curbelo Barberán, desaparecida también, Libni Díaz, José Poveda. Y he querido dejar para el final a una persona que encierro entre signos de admiración: la escritora Lourdes González Herrero, quien fue, es y será mi profesora de Literatura.

 

Lamentablemente, en los últimos tiempos hemos visto que a cualquier cosa se le llama “literatura”, que cualquiera se hace llamar “escritor” y, refiriéndome al género que considero mayor: la poesía, a cualquier esperpento ilegible o tonto se le llama “poesía”. Ante esos verdaderos atentados contra la dura labor de orfebre que muchos creemos es la literatura en cualquiera de sus vertientes, algunos colegas han escrito que asistimos a los últimos estertores de la poesía (entendiendo a esta palabra no como género en sí, sino como la Madre y esencia del resto de los géneros). ¿Qué opinión te merece este conflicto?

Ya lo dijo Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, y esta última palabra no la escribió entre comillas.

Mi opinión es que están apareciendo muchos “estilos” que tratan de hacer una especie de metamorfosis en el verdadero sentido de la poética, con propósitos marcadamente “novedosos” a primera plana.

Pudiera detenerme a ejemplificar muchos casos que conozco, pero no lo hago a fin de no herir sensibilidades.

He visto publicaciones de “cosas” que incluyen en el género y me parece estar en presencia de una inyección letal a la verdadera intención de la Madre y esencia de todos los géneros.

En base a eso algunos se aventuran a lanzar frases lapidarias contra la poesía, los que quizás con alguna marcada mal intención cometen el error de generalizar, sin detenerse a observar trabajos muy dignos y perfectamente logrados que surgen cada día en el escenario poético del mundo.

Ya que algunos no aparecen en los medios digitales, los invito a que se lleguen a mi país y allí verán verdaderos portentos de la poesía contemporánea, como te mostré en la respuesta anterior.

Otros comentan que la poesía carece de adeptos y que los escenarios solo se pueblan con los propios escritores.

Aunque eso en alguna medida sea una fatal verdad, la poesía sobrevive y sobrevivirá, porque poesía es la vida misma y encarna un cúmulo de razones que la convierten en heredera de la creación y del entorno social donde se generan los cambios estructurales de la sociedad.

Estoy convencido que llegará el momento cuando el hombre, en sentido genérico, reclame de la obra emancipadora de la poesía para hacer frente a los grandes retos que encierra un mundo cargado de superficialidades y de una competencia despiadada contra el tiempo y por un espacio donde respirar.

Veremos entonces si las paredes hablarían.

Poesía fue, es y será, necesidad interior, refugio, luz, soplo de vida, elogio a la locura, puentes donde plantar la transparencia, necesidad ineludible del poeta y puerto seguro para el atormentado lector. O quizás un mundo donde todos seamos un poco poetas y un poco lectores.

La poesía es el alma visible de los pueblos.

Y termino con el siguiente fragmento de un poema del poeta cubano  Moisés Mayán:

“Si tu corazón no logra hundirse en la profundidad del pecho abandonado a la paz de los mortales: tañe un arpa, prende un cirio, dibuja un escorzo del cuerpo que sube de la tierra hacia ti, pero no escribas. Álzate contra el dominio de la hoja sin una línea que te retorne desde las comarcas del verso. Forma el cuerpo del poema con tu cuerpo, pero no escribas. Solo vive”.

 

Hace tiempo te dije que, sin chovinismos, mientras más leo poesía escrita en otros países del mundo, más respeto siento por los poetas cubanos. Tú eres poeta y eso convierte tu juicio en algo parcial, pero me gustaría que intentaras hablarme de este tema desde el gran lector de poesía que, lo sé, eres.

Coincido plenamente contigo, y en eso tampoco pretendo exaltar virtudes.

Acepto que la poética cubana es una de las más bien logradas del mundo, tanto dentro como fuera de la isla.

Sin que me acusen de sectarismo, tengo que reconocer el alto nivel de instrucción del cubano debido a las razones que todos conocemos.

Junto a ello, en Cuba se han abierto muchas posibilidades para que el cubano se inserte en el mundo de las diferentes manifestaciones culturales, algo que es innegable a los ojos de todos. Por demás están los estudios universitarios que alcanza a toda la población, donde se han formado miles de periodistas que han devenido en magníficos escritores y poetas. O sea, la formación del poeta está garantizada por una infraestructura algo precaria, pero existe y funciona. Junto a un conjunto de profesores de gran valía.

De ahí que la calidad de sus obras está en dependencia de lo que ellos mismos se propongan, y es en eso donde precisamente mejor se proyectan, logrando por ello el respeto a que haces referencia.

Además de eso, sus virtudes se tallan en las condiciones poco viables por donde se desenvuelve la sociedad cubana de estos tiempos.

Por otra parte el escritor cubano, como el resto de la población, ha sentido en carne propia la necesidad de insertarse en el resto del mundo y viajar y darse a conocer en otros lugares desconocidos para ellos, algo que le ha sido amputado a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Es por eso que han visto en la literatura el canal idóneo, y los ha esforzado a sobremanera en la extensión y calidad de sus obras a fin de lograr instalarse en algún evento importante a  nivel mundial, o lograr que alguna publicación en el extranjero le facilite la posibilidad de viajar.

Eso es algo que han logrado materializar muchos, de los cuales algunos regresan y otros se han radicado en el extranjero. De ahí los grandes triunfos obtenidos en la arena internacional.

En resumen, dos cualidades básicas han hecho de la poética cubana un símbolo a nivel mundial: las posibilidades reales de desarrollo que les ofrece la isla y las condiciones anormales de vida por donde se desenvuelve el cubano.

 

Martí hizo célebre una frase en la que aconsejaba plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro como medida esencial de la realización humana. Quisiera que ahora miraras a esos tres instantes de tu vida: Plantar un árbol (que por cierto puede ser sembrar un árbol, literalmente, pero también se refiere al hecho de edificar algo de lo que sentirse orgulloso), tener hijos y escribir tu primer libro (el primero, no los demás) y me dijeras en qué sentido esas experiencias alimentaron al escritor que eres.

Soy profundamente martiano y por eso valoro con mucha seriedad sus palabras y las tomo como enseñanza elemental a lo largo de todo el trayecto de mi vida.

Eso de sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro es un legado que ya había tenido en cuenta antes de comenzar a escribir y sin dudas me ha servido como fuerza inspiradora.

Cualquiera de los tres términos constituye un reto para hacer una gran obra que de alguna manera signifique que has hecho algo en beneficio social en el camino de nuestra vida.

Cuando no has hecho nada imperecedero pasas como una flor del campo que ayer estaba y ya hoy se olvidó.

En lo específico, escribir un libro es como edificar una obra que brinde luz al mundo cuando ya no estés.

Es lo mismo que pagar la deuda con la humanidad. Es como recibir educación y en cambio contribuir a la educación de los demás.

Las ideas del Maestro trascienden y se insertan decididamente en el quehacer cultural de nuestros días, sobre todo si nos hemos convertido en estudiosos de su prolífera obra.

Inspiran cuando se siente el profundo sentimiento patriótico por el que están impregnadas.

Es indigno cuando alguien las usa en beneficio de pretensiones personales.

“La patria es de todos, no es feudo ni capellanía de nadie”. Cuando eso se cumple saltan palabras mágicas al blanco papel, que constituyen un nuevo grito de emancipación por los desposeídos.

Literalmente, he sembrado un árbol, he tenido un hijo, he escrito un libro. Te honro Maestro.

“Porque cerremos los ojos no desaparece de nuestra vista lo que está delante de ella”. J: Martí.

 

Si te obligaran a erigirte en ese dictador que, según algunas filosofías, todo ser humano lleva dentro, te entregaran el poder absoluto y tuvieras la posibilidad de cambiar lo que consideras mal dentro del escenario de las letras cubanas actuales, ¿qué eliminarías?

Alguien dijo que teníamos que cambiar todo lo que debía ser cambiado. De su cumplimiento estamos muy lejos todavía.

En el escenario de las letras cubanas actuales existen muchas anormalidades que considero deben ser cambiadas a fin de un mejor funcionamiento y mayor inserción en el contexto mundial de la literatura.

Lo primero que debe hacerse es admitir la libre expresión del pensamiento en todas sus manifestaciones y formas, sobre todo en los medios que sirven de vía a la proliferación de las letras.

Se debe impedir todo tipo de censura y no cuestionar la labor práctica del escritor por pensar que sus ideas lesionen intereses de nadie.

Trabajar por una amplia publicación de todo aquello que pueda llamarse poesía u otro género literario, tanto en el interior como en el extranjero.

Crear condiciones para que toda la población tenga libre acceso a los medios, instalando un sistema de internet de máxima calidad.

Trabajar porque los poetas y escritores reciban un justo trato y el lugar que merecen dentro de la sociedad.

Prohibir que la representación gráfica del pensamiento sea manipulado por nadie.

Mejorar las instalaciones y medios que propendan a un mejor desarrollo de la literatura en general.

Crear un mayor número de eventos  de carácter nacional e internacional para la exposición de la literatura, con énfasis en la poesía.

Incrementar el número de casas editoras.

Impedir la publicación de todo tipo de obra que lesione el carácter de la poesía como madre de la literatura universal.

Por último eliminaría cuantos escalones de los existentes considere innecesarios para el buen funcionamiento de las letras.