Giorgio Caproni o el agua que tiembla

Jorge de Arco

GIROGIO CAPRONIPoesía escogida
Giorgio Caproni
Editorial Pre-Textos. Col. La Cruz del Sur. Valencia, 2012

 

Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, la editorial Pre-Textos da a la luz una amplia antología de la obra de Giorgio Caproni (1912-1990). Enmarcado en un siglo XX en donde la poesía italiana alcanzó altísimas cotas -Ungaretti, Saba, Montale, Pavese…-, su obra ha tenido en España una repercusión menor que la de los citados, si bien en su país, se le considera uno de los máximos exponentes del universo lírico transalpino.

Maestro de escuela, asesor editorial, traductor -Prévert, Lorca, Baudelaire, etc,-, perteneciente a la llamada “generación de en medio”, o “Quarta Generazione” -Mario Luzi, Alda Merini, Maria Luisa Spaziani…-,  genovés en verano y romano en invierno, Giorgio Caproni se nos presenta como un poeta personal y solidario, descreído respecto al hermetismo y neorrealismo dominante de su época y esquivo a cuanto de público y notorio implicase su quehacer literario.

Para esta entrega, Juan Carlos Reche y Juan Antonio Bernier han vertido con acierto al castellano una selección de los doce poemarios editados por Caproni. El propio Reche, responsable de la edición, da cuenta en su prefacio de las claves vitales y líricas del vate italiano, y afirma que fueron “la astucia de su sencillez y su naturalidad las fundadoras de la originalidad de su voz”.

Y a estas virtudes citadas, cabría añadir una desnudez y concisión extremas. Caproni despoja hasta el límite todos sus medios expresivos, pero de manera tan exquisita que su decir se torna preciosista, mas no críptico. Es decir, su lenguaje apuesta por probar la resistencia de ciertas palabras y dotarlas de un atrevimiento suficiente para expresar la limpidez de sus sentimientos: “Eres el recuerdo estivo/ de la casa sorprendida en calma/ en aromáticas tardes,/ cuando el vencejo roza/ el canalón, y cae/ extraño en la frescura de un sonido/ de sonajas sin dueño,/ de yeguas sudando”.

Desde el que fuera su primer libro, Como una alegoría (1932), hasta el ya póstumo Res Amisa (1991), transcurrieron más de seis décadas en las que el cántico caproniano va haciéndose más directo, esquivo a amaneramientos que puedan desviar su mensaje. Sus versos parecen tener alas, girar brillantes en el aire y conducirse hacia espacios más luminosos y más hondos: “Si no volviera,/ sabed que nunca/ partí./ Mi viaje ha sido/ quedarme donde estoy,/ adonde nunca fui”.

Su acentuada veta vitalista le hace contemplar la existencia sumido en una evidente fusión con el paisaje que lo envuelve y con la cotidianeidad más inmediata. En sus poemas, puede hallarse un yo lírico sincero, insatisfecho, esperanzado y doliente, muy próximo al deseo y a la realidad, mas también al vacío y al desamparo. Entre 1939 y 1945, combatió en la Segunda Guerra Mundial, y nunca pudo ser ajeno a tal sufrimiento: “Lo han quemado todo./ La iglesia, La escuela./ El Ayuntamiento./ Todo./ Hasta la hierba (…) Indemne,/ solo amanece la arena/ y el agua: el agua que tiembla/ con mi voz,/ y refleja/ la desolación…”.

Nunca ocultó Caproni su devoción por Giovanni Pascoli -de quién dijo ser “el verdadero iniciador de toda la poesía del siglo XX”-, por Umberto Saba y por Eugenio Montale, pero si de cada uno de ellos extrajo mimbres para moldear su quehacer, a través de esta compilación se adivinan también rasgos propios indiscutibles: una marcada necesidad de enunciación frente a los argumentos descriptivos, un tono ulterior más elegíaco que constructivo y una embridada emoción que anulase en buena medida las discordancias existencialistas.

Amante de la música, llegó a confesar que construía sus libros como podía concebirse una sonata, “es decir, en varios tiempos: allegro, adagio, allegretto, incluso tal vez el scherzo, también la freddura, no tengo miedo. Cuanto más áulicos, digamos sublimes, son los tiempos, más me gusta esa alternancia”.

Aquí encontrará el lector una variada y sugeridora summa lírica, en la que cada nota está modulada desde el corazón de un escritor mayúsculo: “Dios de bondad infinita./ Nosotros rezamos por ti./ Rezamos para que te sea/ larga y serena la vida./ Pero tú, si puedes, también/ reza, de vez en cuando, por nosotros./ Y perdónanos nuestra deudas/ así como nosotros perdonamos las tuyas”.