Juan Madrid, renovarse en cada libro

Por Amir Valle

Juan-MadridFue el propio Juan Madrid quien en Ravenna me habló de su novela Los hombres mojados no temen la lluvia. Estaba ilusionado pues creía que con esa novela había ahondado más en su estilo, pero me comentó que también sentía que había escrito algo distinto. Y ahora que he terminado las páginas de esta novela debo decir que tenía razón: mantiene ese sello que lo ha convertido en un clásico vivo del género negro en España y en lengua española y, también, hay mucho de riesgo en la amalgama de situaciones, todas complejas, en las que su personaje, el abogado Liberto Ruano, más que meterse, se ve conducido. Es una técnica curiosa la suya en esta novela: Ruano va a verse envuelto, sin siquiera notarlo, en un maremágnum de noticias, datos sospechosos, dudas razonables o no, movimientos de la trama que lo convierten en una marioneta inactiva aún cuando él mismo crea que está actuando bajo ese libre albedrío que nos hace tomar decisiones, aunque en este caso esas supuestas decisiones lo van a conducir por oscuros senderos que, también, pasarán inadvertidos para este personaje.

A este Ruano se contrapondrá alguien más “sano”, más ajeno a la podredumbre que rodea en todo momento al protagonista: Juan, alguien que parece decirnos que la literatura funciona siempre y cuando sea una alternativa al poder, quien se encierra en una casona en Salobreña rodeado de sus libros (justamente este el punto que más tiene que ver con la realidad misma del propio Juan Madrid, quien me contó que es: vivir en un pueblo apartado, en una  vieja casona, era su mayor riqueza en estos días).

Si a esa construcción tan atinada de personajes le sumamos la portentosa armadura de la trama (algo a lo que ya nos tiene acostumbrado este narrador), tenemos que reafirmarnos en una idea que pocos discuten: la obra de Juan Madrid es tan amplia como rica, tan variada como compleja, tan crítica con la realidad social que lo rodea como crítico es él mismo en tanto ciudadano. Contrabando de estupefacientes (tema ya normal en su novelística), asesinatos y torturas por encargo, vínculos con la masonería en medio de un entramado donde lo más curioso resulta las maquinaciones de los grupos mafiosos de Calabria, vuelven a despertar el interés a quienes nos confesamos fanáticos de este autor que, como sucede con esta novela, se reinventa en cada uno de sus libros.

Otro mensaje poderoso que remarca la trama de esta novela es la doble moral que enferma el cuerpo de la sociedad europea actual. Una doble moral en la cual nadie es realmente lo que muestra ser públicamente, de modo que todos los coprotagonistas (Feiman, socio de Ruano, Julia, Barrera, Urbani, Aurelio el pescador… todos) tiene un lado oscuro que Ruano tendrá que sufrir sin llegar siquiera a descubrir la cara verdadera de la moneda que juegan estas personas.

Me alegra que en medio de una oleada de novelas malas publicadas bajo el rótulo de “novela negra” los lectores puedan contar con esta pequeña joya literaria que, ojalá, los invite a pensar, a mirar, a preguntar, sobre esa convulsa y oscura sociedad en la que se desenvuelven, no sea que vaya a pasarles como a Ruano. Pero eso, deberán averiguarlo los lectores.