Una de esas historias de ayer escritas con formas de hoy

Rubén Sánchez Trigos

Ojos de lagarto
Bernardo Fernández, BEF
Salto de Página, 2012

 

ojosdelagarto-bef-librario-otrolunes26Uno de los motivos por los que la ciencia ficción cedió parte de su hegemonía popular a cierta literatura de aventuras a mediados del siglo XX, fue la cada vez más evidente dificultad de esta última para conjurar el sentido de la maravilla presente en la obra de viejos aventureros como H. Rider Haggard, el Verne de Los hijos del capitán Grant y Los misterios de la jungla o el Burroughs de la serie de Tarzán. No es casual, por lo tanto, que muchos de ellos (Verne, Burroughs), alternasen las selvas de África con las llanuras (entonces solamente imaginadas) de la Luna o de Marte: conforme la exploración de nuestro mundo nos iba despojando de rincones en la Tierra con los que fantasear, quienes se resistían a dejar de soñar no tenían más remedio que volver sus ojos al cielo, o a aquellas maravillas que sólo la ciencia se atrevía a proponer. Por eso es de celebrar que el mexicano Bernardo Fernández (autor de una de las novelas negras más poderosas que recuerda quien firma estas líneas, Tiempo de alacranes), haya tenido la audacia de entregar con Ojos de lagarto un relato anacrónico, una de esas historias de ayer escritas con formas de hoy.

En efecto, la novela de Fernández que ahora se edita en España, cuatro años después de aparecer en México de la mano de Planeta, plantea la existencia de dragones en la Tierra a través de una peripecia coral que abarca desde las últimas décadas del siglo XIX a las primeras del XX (una vez más, la ambientación escogida por su autor tampoco puede ser una casualidad). Bernardo Fernández recurre a la criptozoología, por lo tanto, para exigir al lector un acto de fe innegociable si pretende disfrutar de su texto en plenas facultades: no hay en su novela ninguna voluntad para justificar de un modo verosímil la premisa que sustenta la trama (¿cómo ha podido pasar desapercibida para el hombre una raza de animales de estas características?) pero es precisamente esa despreocupación, en la que late en parte un genuino espíritu pulp, la que otorga a Ojos de lagarto su singularidad en un mundo cada vez menos dispuesto a creer.

Ojos de lagarto desgrana así sus primeras cien páginas con mano maestra, con una frescura que muchos ya creíamos perdida en el género de aventuras, por medio de un mosaico de voces narrativas que concatenan los diferentes episodios y descorren poco a poco el velo del misterio. Es cierto que en el ecuador de la novela las fuerzas le flaquean un tanto (adolece de cierta reiteración de ideas, la ciudad de Mexicali no resulta un escenario tan potente como debiera), y entonces se echa en falta la altura literaria con que antes nos ha narrado escenas como la caza de otro animal mitológico, pero Fernández parece consciente de ello, y remonta el vuelo en el último tramo para rematar su historia con el aliento poético de quien ha crecido viendo viejas películas de serie B y soñando con un mundo de peligros sin salir de la Tierra. Su novela no es redonda, pero es sincera.