El espacio en el cuento creado para niños

Sobre Los cuentos del mago y el mago del cuento

Juan Cervera

los-cuentos-del-mago-y-el-mago-del-cuento(…) El realismo mágico y maravilloso, tan cultivado por los escritores hispanoamericanos, permite recursos variados que potencian la imaginación, más en el cuento que en la novela. A esta corriente corresponden dos cuento del cubano Joel Franz Rosell, recogidos en su libro Los cuentos del mago y el mago del cuento,que vale la pena analizar desde el punto de vista del espacio.

En “¡Socorro, se hunde la casa!”, el ciudadano que vive en la primera planta de la casa número diecisiete, de pronto descubre que la acera de la calle está al nivel de su mesa del comedor. Espantado por lo que ve, sube al segundo piso, pero tras un crujido que da el edificio, comprueba que el coche del empresario, aparcado junto a la acera, también ha llegado a su altura. En el tercer piso, el diputado del partido gobernante, tras otro crujido, comprueba que los pies de los votantes están a la altura de su cabeza,. En el cuarto, tras otro crujido, el abogado verifica que los adoquines de la calle están al nivel de sus legajos amontonados en el alféizar de la ventana. Un nuevo crujido y, en el quinto piso, una señora chapada a la antigua descubre que el polvo de la calle roza sus cortinas de terciopelo. Otro crujido y el escritor que vive en el desván se espanta al ver que los peatones, y no las golondrinas pasan tras los cristales.

Y cuando el escritor pugnaba por hacer algo, un nuevo crujido anunció que las casa se había hundido totalmente. Ningún trnseúnte se da cuenta, salvo un niño que ve, en el último momento, una hoja de papel que salía por la ventana.

Ciertamente en ese relato no hay ningún espacio convencional. Es la propia casa la que se hunde sobre su solar. Y el ciudadano de la primera planta, testigo del hundimiento, piso por piso, tampoco actúa. Es un espectador del hundimiento. La casa, si se quiere, concebida como verdadero “actante”, es la que se hunde . Este es el cambio de espacio.

“Así comenzaron las aventuras de Rosa de los Vientos y Perico el de los Palotes”. En este cuento el espacio está bien delimitado, tan delimitado que “érase una vez un país tan pequeño, pero tan pequeño, que se veía en los mapas como una caquita de mosca”.

Y en este país en el que sólo “había una carretera, que era la única calle del pueblo”, el novio pedía al padre de la novia, y éste, a su vez, pedía el permiso del rey para que pudieran casarse. El rey nunca lo negaba.

Pero cuando Perico y Rosa, dos jóvenes excelentes, quisieron casarse, el rey se lo negó, porque no quedaba en su reino espacio para hacer más casas. Perico y Rosa, desilusionados, pensaron incluso en abandonar su paísito-reinecito-pueblecito. Pero al final, con varas y cuerda de papel, se construyeron su nidito de amor en el aire, en una enorme cometa de flecos verdes. Cuando el rey vio el invento no sólo los casó, sino que les concedió fabricar cometas que permitieran casarse a todos los que quisieran y el pequeño reino empezó a crecer hacia arriba. Perico y Rposa cada día recibían más pedidos de nuevas cometas. “Pero la mañana en que recibieron la urgente solicitud de “un coto de caza digno de la grandeza de Su Majestad”, Rosa y Perico pensaron que ya estaba bien y cortaron la cuerda que sujetaba su cometa-casa-oficina de diseños al techo del palacio real.

Una alegre brisa los arrastró en una dirección cualquiera, rumbo a una vida nueva y otro cuento.”

A la peripecia fantástica de dotar al espacio de flexibilidad narrativa hasta el punto de convertirlo en eje de la narración, estos cuentos añaden la visión social más plausible. (pp. 250-251)

 

Juan Cervera: “La magia del arte de contar” (a propósito de Los cuentos del mago y el mago del cuento).
Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil. Bogotá. Fundalectura, nº 6, julio-diciembre de 1997
___________:  La creación literaria para niños. Mensajero. Bilbao, 1997.