En los paratextos está el secreto

Sobre La nube

Istvansch

la-nubePropuesta para pequeños lectores, el esquema que funda a la colección Cuatro colores, de Ed. Sudamericana (ya explotado por otras colecciones como los Había una vez… de Ed. Del Quirquincho) combina texto e ilustración, siendo ésta no tanto representación o resignificación de lo escrito, sino ícono. Así, algunas palabras son reemplazadas por un dibujo que las representa: en vez de leer “sol”, “nube”, “playa”, veremos el dibujo de un sol, una nube o una playa.

Sin embargo, no es este esquema, propio de todos los libros de la serie, el que hace que La nube se convierta en un interesante ejercicio de lectura.

El texto de Joel Franz Rosell y las ilustraciones de Juan Deleau no escapan a la estructura a que el soporte obliga pero, sin caer en el facilismo de la fórmula comprobada y más allá de las convenciones propias de la colección, juegan y apuestan al objeto libro al proponerse como circulares.

En los paratextos está el secreto.

Las ilustraciones de Deleau hacen dialogar portadilla, portada y colofón. Un mar navegado por un barco pequeño y simpáticamente compacto se extiende por la base de las dos primeras dobles páginas y “desemboca” en el preciso lugar y momento en que empieza el texto. El mismo mar, en la misma ubicación, navegado por el mismo barquito, es retomado en la última página del cuento para seguir en la doble página de colofón (aquí ocupada en realidad por un redundante “diccionario de imágenes”, una sección innecesaria que debe reclamársele a la colección)

Comienzo y final enmarcan así, circularmente, un texto ilustrado que también se propone lúdicamente circular: la nubecita blanca que flota sobre el mar, que pasará sobre la playa, la ciudad, las autopistas, el campo y la montaña cargando agua, creciendo, volviéndose enorme y espantando a todos y cada uno hasta llegar a la llanura seca en donde, bien recibida, llorará de emoción su lluvia benefactora, hasta quedar nuevamente tan pequeñita como para que el viento la arrastre de vuelta a ese mar que le dio origen.

Relato enmarcado por sí mismo y por la propuesta gráfica también, no es sólo este interesante ardid el que deja vista la coherencia del objeto: mientras el cuento se opone a la marginación de cualquier ser y habla así de las virtudes de la diversidad, las ilustraciones combinan personajitos caricaturescos más vinculados al comic, con planos y composiciones de color absolutamente plásticas. Un símbolo también de que en el mismo espacio pueden convivir todos.

Quizás el “pero” del libro está en la ausencia de descansos blancos, que permitan apreciar mejor y sin tanta interferencia las rutilantes ilustraciones y sus juegos con el texto (comprobable en lo agradable del dibujo de la página de créditos en contraposición con el abigarramiento de algunas dobles páginas interiores), defecto atribuible al diseño o a un tamaño de libro demasiado pequeño para tanta información.

Esta última salvedad no es impedimento, sin embargo, para que definitivamente -y concluyendo-, La nube se constituya en libro sólido, en donde texto e ilustraciones hacen  que las lecturas se multipliquen en cada lenguaje, jugando con las convenciones preestablecidas de la colección si quedar atrapado por ellas.

 

Istvansch