Paloma no parece demasiado entusiasta en la perspectiva de una gran reunión de familia en casa de su abuela. Pero no se puede obviar que en la agitada “colmena” nadie parece tener tiempo para la chica.
Por suerte está Fermín, el tío bisabuelo, a quien la une una fuerte complicidad, pese a que Paloma no siempre comprende sus reacciones. El anciano no está del todo en sus cabales, vive postrado en sucesos de hace cuarenta años, acosado por su trágica aventura cubana y el secreto en torno a su esposa, trágicamente perdida…
Pero también está la tía Cata, la otra original de la familia; una arquitecta trotamundos que en su errar de continente en continente hace actualmente escala en Cuba. Cuando entra en escena, Cata propone Paloma ir con ella a Cuba. Nuestra heroína apenas puede contener su emoción. Cuba: su sol, sus playas, los paisajes idílicos, sus frutas generosas… ¡Paloma se imagina en un pequeño paraíso!
Ella nunca ha comprendido bien porqué Fermín llora de cólera cada vez que habla de “Allá”, insultando fantasmas que no tienen otro nombre que un “Ellos” enigmático. Pero cuando el anciano aprovecha que están solos para pedirle que busque el tesoro que ocultó en su antigua residencia cubana, Paloma decide que ha llegado el momento de aclarar los misterios que la interpelan desde pequeña.
Los primeros días en Cuba no son tan excitantes como la chica había imaginado. No es que el hotel de lujo, las playas maravillosas o el paseo en yate desmientan la imagen paradisíaca que se había forjado, pero nada de esto consigue calmar una creciente insatisfacción. ¿Por qué los cubanos son cruelmente excluidos de los lugares turísticos? ¿Por qué su joven amigo, Jorge, no tiene dinero pese a que su padre es arquitecto? ¿Por qué las tiendas están vacías? Y sobre todo, ¿por qué cada una de sus preguntas recibe como única respuesta un “comprenderás más adelante, es demasiado complicado”?.
Cuando su tía decide al fin darle algunas explicaciones, no tarda en advertirle que en Cuba todos evitan criticar al régimen político, a fin de no crearse problemas… incluso con sus propios amigos.
En semejante coyuntura a Paloma le resulta difícil confiarle a Jorge lo del tesoro. La chica se siente cada vez peor y comete sucesivos errores con sus nuevos amigos. Impulsada por la amistad que estos le demuestran y por sus acuciantes preguntas, termina por contarles una parte de su secreto: que debe encontrar la antigua residencia de Fermín.
Los amigos de Jorge dan muestras de una formidable eficacia: Carbó, la lumbrera que resuelve todos los enigmas, Kilito, el pícaro que se desliza por el menor intersticio y Maruchi, la arisca de gran corazón. Pronto identifican la casa, que resulta haberse convertido ¡en el colegio de la pandilla, precisamente!
Pero entonces Muerte Súbita, el subdirector, les revela que el antiguo propietario cometió todos los crímenes posibles en la Cuba revolucionaria. El conflicto estalla y Maruchi acusa a Paloma de haberlos engañado para apropiarse del tesoro. Nuestra heroína, profundamente herida, huye junto a su tía en el balneario de los turistas extranjeros, abandonando toda esperanza de llevarle al anciano Fermín aunque no sea más que una pequeña reliquia de su pasado.
Pero Jorge y sus amigos no se arredran… ¿Qué descubren? ¿Existe realmente el tesoro? ¿Cuál es la verdad oculta en el pasado del tío-bisabuelo? ¿Y aquella mujer, tan bella, que Paloma descubrió en los archivos de la biblioteca municipal, junto al entonces joven y apuesto Fermín… qué fue de ella? Esas y otras preguntas asaltan a los chicos. Pero, ¿cómo desviar la atención del temible Muerte Súbita? ¿Cómo sacar a la luz el tesoro y sus secretos sin despertar sospechas, sin que Paloma y su tía se vean acusadas de conspiración?
Los últimos capítulos de la novela son tan excitantes que al lector le costará retener el deseo de volar por las páginas. Tanto los aficionados a la aventura como los que prefieren las novelas de amistad y sentimientos fuertes quedarán encantados con esta novela. El fondo político de la historia no dificulta en nada su comprensión y constituye una hermosa lección de humanidad y tolerancia.
Festival del libro de Cherburgo, junio 2001