La intertextualidad como reclamo

Sobre Los cuentos del mago y el mago del cuento

G. Reyes

los-cuentos-del-mago-y-el-mago-del-cuentoNuestro rechazo a la instrumentalización de la literatura Infantil es manifiesto. Como lo es el recelo ante las distintas estrategias para atraer lectores mediante recursos ajenos al texto. Y también a la extrapolación del texto en su marco natural con atribuciones añadidas.

En cambio, después de admitir la existencia de una intertextualidad intencionada, hay que aceptar que el autor pueda buscar su aproximación al niño por medio de ella. Es decir, que la use como reclamo.

Por eso vale la pena considerar el atractivo que tienen algunos textos, a veces desde el mismo título en el que está patente la citación. Tal es el caso de algunos cuentos de Joel Franz Rosell. “Había una vez un joven mago”, “Colorín colorado, este cuento”, “Así comenzaron las aventuras de Rosa de los Vientos y Perico el de los Palotes”, títulos incluidos, todos ellos, en Los cuentos del mago y el mago del cuento (…) Los títulos de los cuentos de J.F. Rosell se vincularán más a la memoria de frasecillas populares (…) y el texto empezará a poblarse de evocaciones y connotaciones en la medida que lo permita el campo de referencias del niño.

Estas evocaciones se le pueden ofrecer al niño por procedimientos variados. Así, por ejemplo en el cuento “¡Socorro, se hunde la casa!” se asocian los estruendos del hundimiento de la casa, convencionalmente representados, con el recurso gráfico de las onomatopeyas de los tebeos. También puede asociarse la visión del hundimiento con la experiencia de haber estado en un semisótano desde el que se ve la calle.

El cuento alude a un hecho insólito: una casa de cinco pisos y un desván se hunde. No se derrumba, se hunde visiblemente en el suelo, como un barco en el mar, con las variadas reacciones de los moradores de los distintos pisos, que ven su casa y ellos mismos sumergirse en la tierra.

Cada sacudida de hundimiento de la casa va acompañada de un crujido, ¡PRAM!, que se repite. Para dar la sensación de que los sucesivos crujidos aumentan progresivamente en estruendo, se recurre a la técnica gráfica de las representaciones onomatopéyicas de los tebeos. Y así, del ¡PRAM! Inicial, se pasa al ¡¡¡¡¡¡PRAMMMMM!!!!!! con profusión de signos de admiración y de emes mayúsculas.

Valga el ejemplo como testimonio  del aprovechamiento intertextual del texto, práctica sutil, si se quiere, pero manifiesta. En la línea de la intertextualidad el análisis de esta creación en concreto puede verse como la simbiosis de un cuento con una historieta de tebeo. (pp. 61-62)

 

El peso del contexto

Si hay que aceptar que el contexto especializa el lenguaje y proporciona significados distintos a las palabras y a a las frases, habrá que aceptar que el contexto aporta significado. Por consiguiente, el niño que sabe que empiezan a contarle un cuento, porque oye la fórmula inicial “Érase una vez”, adopta la disposición de entender lo que se le diga de una determinada forma. Y el que lee un poema entenderá las palabras de otro modo. Y el que está contemplando una obra de teatro, en la que alternan en el diálogo un médico y un payaso, desde el momento en que los identifica, entiende lo que dice cada uno en el marco de dos contextos distintos.

El niño que lea al principio de un cuento:

Érase una vez un país tan pequeño, pero tan pequeño, que se veía en los mapas como una caquita de mosca. En todo el país había una sola carretera, que era la única calle del único pueblo, y que iba desde el puesto fronterizo del norte hasta el puesto fronterizo del sur. (“Así comenzaron las aventuras de Rosa de los Vientos y Perico el de los Palotes” en Los cuentos del mago y el mago del cuento. Madrid. Ediciones de la Torre, p. 53).

entenderá la clave de humor en que está escrito.

Si admitimos con Graciela Reyes*, que en un texto pueden concurrir tres tipos de contexto -el lingüístico, el situacional y socio-cultural- al aplicar estos conceptos al cuento de Joel Franz Rosell antes citado, vamos a fijarnos exclusivamente en el término cometa del que se hace en él uso decisivo.

Lingüísticamente, la palabra “cometa” empleada en el cuento obliga a escoger, entre los varios significados que conozca el niño, el que le corresponde para la designación de este jueguete, juguete que, a causa de su forma, se relaciona en el astro que le presta nombre.

Situacionalmente, el niño que tenga o haya tenido cometas, o simplemente haya presenciado su vuelo, de cerca o de lejos, posee vivencias especiales para cada caso. Estas vivencias se evocan de modo muy directo y hasta crítico en el momento de valorar que una vivienda puede construirse a lomos de una cometa que permanece amarrada, en la terraza de un edificio real y verdadero. Socioculturalmente, la cometa probablemente se le aparezca al niño asociada a un período del año, las vacaciones de Pascua, en el que se sale al campo o se va a la playa para “volar” la cometa. Pero no él solo, sino con otros muchos niños que comparten la misma ilusión. (pp. 72-73)

Reyes, G. (1995): El abecé de la pragmática. Madrid. Arco Libros, p. 20