Frank Abel Dopico no era mi amigo. Lo vi dos veces. La primera, a inicios de los 80, cuando a la mayoría de los que años más tarde conformaríamos las antologías Un grupo avanza silencioso y Retrato de grupo, nos subieron a un barco que desembarcaría en Isla de la Juventud para celebrar allí un festival de poesía. El viaje duraba alrededor de seis horas, tiempo suficiente para que cuando llegáramos a tierra, haber compartido al menos un trago de ron con casi toda la tripulación.
Categoría: Unos escriben
Frank Abel Dopico, un poeta con la cabeza volada
Frank Abel Dopico era un poeta tan acaudalado que solo tenía la fortuna de sus versos robustos. Atesoraba soledades, abandonos, naufragios y alcoholes farragosos que transformaba en poemas. Dormía casi a la intemperie sobre un colchón del cual el viento le volaba la cabeza por una puta tierna. Por ello describía sus visiones con desenfado y total irreverencia. Sus mejores zapatos de juventud fueron unas botas cañeras con las que desanduvo poblados y muchachas.
Con los ojos muy abiertos y la voz cansada
Poemas escogidos de sus libros publicados
…poeta que supo afinar el grito y abogar siempre por la concordia.
Él estaba inmune. No había veneno que pudiese hacerle mella. Y esto se debía, sobre todo, a lo que antes decía: su corazón, ese órgano, creció, pero en su andar continuaba siendo el del niño bueno. Que a veces resultaba el del niño travieso que levanta a las multitudes.
Quedan de testigo principalmente las décadas de 1980 y el inicio de la de 1990. Noches largas, tragos en ocasiones clandestinos, poemas casi tan extensos como esas noches inacabables. En no pocas latitudes de la isla de Cuba. Faldas y estrellas, playas y amores que decidieron irse porque no habían llegado a tiempo.
Era de esos hombres, esos niños, en los que siempre hallabas el tramo de sombra imprescindible para descansar y proseguir la brega.
Félix Luis Viera, escritor cubano
Poemas inéditos
Lo recuerdo irreverente, bohemio, aprovechando al máximo su condición de actor para leer ante una multitud de admiradores aquellos poemas de El correo de la noche con los que ganó el Premio David en 1988 y el de la Crítica ese mismo año.
A pesar de su cercanía con el coloquialismo, Dopico dinamitó el panorama lírico de los tiempos en que hizo entrada en la poesía cubana con un ingenio verbal, un poder de fabulación y unas insólitas metáforas que lo convirtieron en uno de los más populares poetas de la época.
Marilyn Bobes, escritora cubana.
Frank Abel Dopico, a modo de biografía
(Villa Clara, Cuba, 1964 – Villa Clara, Cuba, 2016). Fue un reconocido poeta, actor y director de teatro cubano. Considerado uno de los poetas más importantes de su generación. Se graduó en la Escuela Profesional de Instructores de Arte. Fungió como profesor de Literatura en el Instituto Preuniversitario de Caibarién, profesor-instructor de Teatro en la casa de cultura Juan Marinello, de Santa Clara, y trabajó en la reanimación cultural de las montañas de Guantánamo, Santiago de Cuba y el Escambray.
En 1988 viajó a Nicaragua y la ex URSS.
Fue miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) desde el 5 de marzo de 1992. Dos años más tarde se radica en España donde continúa su labor literaria, y regresa en 2008 a Cuba de manera definitiva. Fue miembro del Ejecutivo Provincial de la Asociación Hermanos Saíz en Villa Clara, así como presidente de su sección de Literatura.
Fallece el 8 de abril de 2016 a los 52 años de edad en Loma de Belén, Santa Clara, Cuba.
Frank Abel Dopico. Dossier
, como bien sabemos todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo, era uno de esos espíritus que cargan con la poesía con una naturalidad tan conmovedora que resulta imposible desprender el hálito poético -esencia de lo divino, aseguran algunos- de esa piel más mundana, más terrenal que es la existencia cotidiana del individuo: ese Dopico que reía, hacía maldades, amaba desesperadamente, se emborrachaba o se enfurecía ante las miserias humanas que vio o de las que fue víctima. Tal vez en esa compacta asunción de su humanidad y su espiritualidad como parte indivisible de su existencia (no había en él esos dobleces que suelen encontrarse en otras personas: «Dopico es Dopico», le escuché decir cierta vez a su amigo, el también poeta Ricardo Riverón Rojas); quizás en ese modo de andar por la vida con los ojos lúcidos y a un tiempo obnubilados del poeta, se encuentren las claves que explican la poderosa vitalidad de su poesía, su excelencia comunicativa y esa imantación de la palabra que nos conquistó a todos desde aquellos días en que ni siquiera había publicado su primer libro.
Por eso mismo me conmovieron mucho las palabras de Iliana Pérez Raimundo, su última compañera de vida, porque resulta inexplicable que alguien que marcó con sus poemas a un par de generaciones de escritores cubanos en la isla haya muerto solo, al parecer olvidado: «Murió solo y casi solo fue a descansar, muy pocos estuvimos hasta el último momento. No importa, quizás estábamos los que más lo queríamos», dice ella y asumo la parte de culpa que muchos de sus colegas, amigos, promotores de las letras cubanas tenemos en el hecho irrefutable de que la obra de poetas de su talla haya permanecido marginada. En mi caso, aún se me remueve al alma cuando escucho maravillas como aquella que, muchos podrían atestiguarlo, nos acompañaron en años muy importantes de nuestras vidas como escritores: «es por la flauta del encantador / que se humedecen esas cortinas de pájaros…«, de su poema «La botella en el mar», por sólo mencionar uno.
Debimos haberle dedicado este espacio antes. En vida. Pero el tiempo, ese implacable, nos obliga casi siempre a olvidar que, además de ganarnos el pan y promover nuestras obras, también los escritores tenemos responsabilidad en preservar esa memoria que hemos vivido generacionalmente. Dopico se merecía este y otros muchos espacios de promoción, sin hablar ya de sus libros donde mostró una obra sólida, madura, siempre rompedora y muy humana, simplemente por haber escrito varios de los más grandes poemas de la literatura cubana de las últimas décadas. Y aunque tal vez ya sea tarde para el Dopico físico, es un honor presentar a nuestros lectores, gracias a la colaboración de Iliana Pérez Raimundo y del escritor Yamil Díaz Gómez, este pequeño pero sentido Dossier con el Dopico poeta, que estamos seguro ha inscrito su nombre en la eternidad de nuestras letras.
Amir Valle
Director General
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