

Hace unos días culminó el lento asesinato de Orlando Zapata Tamayo en una prisión cubana. No ha muerto por inanición voluntaria, sino por la forzada consunción de su persona, desde la cuna en su Holguín natal hasta el hospital habanero donde sus ojos al fin se han cerrado. Así es el existir en Cuba desde hace más de cincuenta años: una asfixia, una poda, un desmoche y un secante de todo aquel que siendo hijo de madre vio en su momento o que ahora llega a ver la luz del día. Las tiranías se valen de un mecanismo sencillo para implantarse y persistir; no es otro que limitar los espacios de movimiento, ya sean espirituales o físicos. El régimen de Castro comenzó por los espirituales. Primero inoculó en las mentes la fantasmagoría de la revolución, y a partir de ahí ese Alien intelectual fue comiéndose en el cerebro de los cubanos -y de muchos más millones que los cubanos- cualquier otro espacio a pensamiento distinto, a valores consecuentes, a principios de responsabilidad y a ética de dignidad.
Orlando Zapata, furioso en su rebeldía, tuvo el coraje de tratar de moverse y de salir de esa camisa de fuerza mental que le aherrojaba ya desde la infancia. Tras palizas sin fin y torturas abominables ha sucumbido en su empeño, como antes que él lo han hecho incontables personas. Sin embargo, para no soslayar la lucidez, debemos reconocer que son muchos más los millones que hozan y que se huelgan en ese estado de esclavitud moral y física. Muchos cubanos en la isla protagonizan gustosos su postración forzada con ideología supersticiosa, con sangre o con hambre; y muchos otros consienten, callan y otorgan, de modo que a la vez son prisioneros de sus verdugos y reos de sí mismos. Es muy difícil que un pueblo, que una nación, pueda librarse de este estado donde el espacio espiritual se ha reducido hasta el extremo de implantar una conciencia poco mayor a la de un autómata. Para ello hace falta poseer una tensión moral y el vigor de unos principios éticos desde nada más salir del vientre de la madre, estado que muy pocos han disfrutado desde tiempo indefinido. De lo contrario, jamás Castro y su banda de secuaces hubiesen llegado al poder; o, ya en el poder, de inmediato hubiesen sido expulsados del cuerpo social y nacional como un parásito de un cuerpo sano. Esto es extensible a todos los pueblos de Latinoamérica. Porque no es posible otra explicación que después de dos siglos desde las independencias de sus naciones su historia vibre aciaga y sin sentido desde el golpe de estado al golpe de estado, desde el latrocinio al desmán, desde el desprecio de la libertad al rechazo del estado de derecho, desde la suplantación a la impostura, desde el odio a la propia patria a la mistificación y la irracionalidad. Y que no busquen culpables en otros ámbitos, no más arriba del Río Grande o más allá del Océano Atlántico. Desdeñar la propia responsabilidad es ponerse en el hipotálamo el primer eslabón de la cadena.
Orlando Zapata ha luchado con valor y ha sido asesinado con los instrumentos de la artería. Seguro que temía por su vida, y por ello la ha dado sufriendo. Yo también temo por mí, si bien en España los cómplices y emuladores de tiranos todavía no han achicado los suficientes espacios como para atentar impunemente contra mi integridad. No será porque no tengan ganas, y que no sueñen de noche y de día con una pajita de cebada en cuyo interior millones de seres se hallen constreñidos. No me fascinan sus fantasmagorías; pero sí soy consciente de que aún me pueden hacer más difícil mi carrera literaria. Sea así, que la ficción se nutre de esos dramas reales.
Descanse en paz Orlando Zapata Tamayo.
Puede escribirle al autor a: franciscobalbuena@otrolunes.com
Por
Uriel
Quesada
Casi todos los años regreso a Costa Rica para navidades: el viaje anual, el rito de corroborar si los padres se han envejecido tanto como me lo hacen sospechar sus voces en el teléfono, o de enterarme si mi gente querida es aún mi cómplice. Hago un paseo por los restos de mi pasado para sentir si esa Costa Rica que sobrevive tan bien sin mí puede, aunque sea por caridad, mandarme alguna señal de que aún me necesita. [...]
Por
Amir
Valle
Ser un apasionado de la historia de la humanidad puede ser muy mal visto en estos días. Incluso tratándose de esas ciudades cargadas de historia donde uno imagina que el rescate de la memoria, del pasado, es un acto cotidiano de veneración, hay sitios de este mundo moderno donde interesarse por la historia cada día más es cosa de vejetes enloquecidos, algo así como una pieza antiquísima de un aparato también viejo que, [...]
Por
Alejandra
Costamagna
Lo supo desde muy temprano. Mucho antes de sus itinerancias geográficas: antes de París, de Montreal, de Barcelona. Antes de la experiencia chiapaneca, de la África negra, del camino a la India. Mucho antes, incluso, de las letras y los libros. Desde el origen y acaso sin comprenderlo del todo, Guadalupe Nettel, nacida en Ciudad de México en 1973, supo que ella era diferente. [...]
Por
Elidio La Torre
Lagares
José María Lima entró un día a mi oficina con su caminar lánguido, el peso de los años entre los dobleces de la piel, y la cabeza inclinada como si buscara en todo momento el camino por donde cruzaba. Le acompañaba Jan Martínez, entonces director de la Revista La Torre y coordinador de la colección Sinsonte, publicada por la editorial de la Universidad de Puerto Rico, y de la cual yo era editor en jefe. [...]
Por
Edmundo
Paz Soldán
Si quedan algunas dudas del poder de la industria editorial española para canonizar a un escritor, lo ocurrido con Fogwill en los últimos años debería disiparlas. Hasta el 2007, momento de la publicación en España de Help a él –libro que incluía un par de relatos largos de principios de los ochenta--, Fogwill era un escritor de culto en América Latina, alguien del que, con suerte, [...]
Por
Armando
de Armas
La presentación de libros es casi siempre una actividad de compromiso, tediosa. Otras muchas veces es algo que se realiza para ganar puntos a costa del presentado, el presentador a costa del presentado. Esta vez en cambio, para mí, es un verdadero placer, pero sobre todo un verdadero honor. Quiero decir esta noche a los aquí presentes, a los lectores, amigos y familiares de Armando Álvarez Bravo: [...]
Por
Santiago
Gamboa
Existen diferentes y muy variadas razones para no acabar un libro. Desde la muy salvaje de perderlo o que nos sea sustraído durante su lectura, como me pasó con Viaje al fin de la noche, de Céline, en una pensión de Lisboa, hasta el que dejamos de lado voluntariamente, con pleno conocimiento de causa. La razón más extraña que conozco le pasó a un viejo colega: tuvo que dejar inacabada Plataforma, [...]
Por
Francisco
Balbuena
Hace unos días culminó el lento asesinato de Orlando Zapata Tamayo en una prisión cubana. No ha muerto por inanición voluntaria, sino por la forzada consunción de su persona, desde la cuna en su Holguín natal hasta el hospital habanero donde sus ojos al fin se han cerrado. Así es el existir en Cuba desde hace más de cincuenta años: una asfixia, una poda, [...]
Por
Antonio
Álvarez Gil
Los cubanos que vivimos fuera de nuestro país solemos ser objeto de una pregunta que se repite tercamente en el tiempo, una y otra vez, según vayan las cosas en la Isla. La cuestión, por supuesto, tiene que ver con los cambios en Cuba. ¿Han comenzado ya? A veces es más una afirmación que una pregunta, como si el que la emite necesitara sólo que diéramos el visto bueno a sus palabras. [...]
Por
Arturo
González Dorado
Por el día las frases comunes, el miedo, el cansancio, las alegrías banales; de noche en el silencio... alguien que no era yo, y al mismo tiempo, era mi propio yo, empezaba a escribir. La certeza queda entre paréntesis en la escritura, incluso la certeza de quién es el que escribe. [...]
Por
León
de la Hoz
Cuba es una isla ahíta de hambre, hambre de cualquier cosa que se mueva o repose y pueda llevarse a la boca; hambre de naderíasd, de sexo, de vida y también de sueños. Y ella misma va muriendo de inanición o se va dejando morir sin que nadie pueda hacer nada para salvarla. La paradoja de la muerte de Orlando Zapata al final de su huelga de hambre es que quiso dejarse morir para evitar que Cuba siguiera muriendo, [...]