La resistencia

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El autoritarismo del Totalitario llega en silencio, modoso; antes de sentirse seguro allí donde quiere gobernar, su actitud es bondadosa, cándida: «no sé engañar», dice una y otra vez, sonriente, accesible, campechano, que siempre hace falta dar la impresión de que se viene de abajo. Cariñoso, sus ojos no paran de humedecerse ante la feroz presencia de la injusticia, su voz se alza, no iracunda, sino justiciera, a favor de la legalidad, de la Constitución, de los derechos fundamentales. Estas palabras, estas expresiones nunca se caerán de su boca. Democracia, esta palabra será repetida invariablemente hasta que forme parte de su diccionario personal. Pero cuando el Totalitario ya se sienta seguro en la silla que le da el poder, su rostro irá poco a poco transformándose. Leer más…

García Márquez ya no tiene quien le escriba

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Recién enterrado el presidente de la transición democrática española, Adolfo Suárez, con todo el reconocimiento que mientras tuvo memoria y vida se le negó, un hombre que ya no recordaba que había sido presidente por culpa del Alzheimer, la enfermedad que mata a las personas en vida, no puedo dejar de pensar en otro ilustre aquejado por esa terrible mal, el nobel colombiano Gabriel García Márquez.

El pasado 6 de marzo el ilustre cataquero cumplió 87 años e hizo una breve aparición pública saliendo de su casa mexicana, en compañía de los suyos, para atender a los medios de comunicación después de mucho tiempo de invisibilidad. Sonreía de forma afectuosa, movía la mano y parecía flotar en un limbo de felicidad entre los suyos. Ignoro si el autor de Cien años de soledad se acuerda de que escribió esa obra magna que ya ha pasado a la historia de la literatura universal; lo que sin duda es una certeza es que el escritor colombiano ya no escribirá más, lo que, además de ser una gran desgracia para él como escritor lo es también para los que siempre lo hemos leído y gozado de su arte narrativo. Leer más…

La luz de Hernán Ronsino

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El narrador de Lumbre (Eterna Cadencia, 2013), la magnífica tercera novela de Hernán Ronsino, deja la capital por unos días y vuelve a su pueblo, Chivilcoy, en la pampa argentina. Ha muerto un amigo, Pajarito Lernú, y le ha dejado una vaca. Se trata de un inicio pintoresco, tragicómico. ¿Qué hará Federico Souza con la vaca? Pregunta inquietante, aunque sabemos desde el principio —desde los epígrafes, desde el tono mismo de la escritura–, que en responderla no radica el principal interés de Ronsino. El narrador va en busca de la vaca, y de pronto, le asalta un mundo que creyó haber dejado atrás: “Cada pedazo de pared de esta ciudad lleva, como una piel, las huellas de mi historia”. Leer más…

Cuba en alas de una mariposa

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La palabra “cambio” levanta en Cuba ―y fuera del archipiélago, también― polémicas que la mayoría de las veces se sostienen a partir de pasiones huracanadas y, en raras ocasiones, desde un análisis que se arriesgue más allá del profuso batir de las olas en la superficie, aunque (resulta forzoso advertirlo), cuando el segundo portento tiene lugar, estos análisis suelen derivarse desde un planteamiento político que no escapa de posturas ideológicas personales inclinadas a lacerar la objetividad de tales o mascuales argumentaciones. Leer más…

La Habana: revolución, reforma y realidad

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La estrategia del general Raúl Castro consiste en ganar tiempo, hay más tiempo que vida, reza la frase, y para la dicha ganancia no ha existido táctica como la del gatopardismo, sustentada en la novela El gatopardo escrita por el italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre finales de 1954 y 1957, y que narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, y de su familia, entre 1860 y 1910, en Sicilia, y que parece resumirse en el siguiente diálogo: Leer más…

Diagnóstico sobre la poesía centroamericana

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Primera parte

Si T.S. Eliot dijo que «Abril es el mes más cruel: hace brotar / lilas en la tierra muerta, mezcla / memoria y deseo, remueve / lentas raíces con lluvia primaveral», para los centroamericanos febrero es el mes más febril, acaso el más delirante, y no por menos, el de la poesía más cruel, al final, recuerden amigos, que Centroamérica no existe.

En el mes de febrero visité lo que, a riesgo de sonar dantesco, nombré «el triángulo del infierno», a las tres ciudades más violentas del mundo: Tegucigolpe (Honduras), Sansívar (El Salvador) y Guatemuerte (Guatemala). Ésta es una bitácora crítica de aquel mes que pasé entre poetas, entre Yuscarán y Quetzaltecas (aguardientes), entre fronteras dispares, entre barrios donde retumbaron los balazos al unísono de los fuegos artificiales; un mes en el que habité la poesía desde Centroamérica, desde sus poetas, desde sus lugares de encuentro, desde sus obsesiones y sus dolores. Leer más…

Un hombre de antes

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Cuando finalizó la guerra de independencia en Cuba, mi bisabuelo tomó en arriendo una colonia de la compañía Gómez Mena, se casó con su prima Margarita y se instaló a vivir con ella en un bohío que había construido a la vera de una laguna. Allí plantó una arboleda de frutales y se dedicó a lo que mejor sabía hacer, que era trabajar la tierra. El joven matrimonio empezó durmiendo en una estrecha columbina de hierro y sufriendo todo tipo de penurias. Pero como él era un hombre de carácter, poco a poco las cosas fueron a mejor. Con el tiempo sus tierras crecieron, al igual que su hacienda y su familia. Leer más…

Un escritor en formación

rafael-vilches-columna-otrolunes32¿Cómo se forma un escritor? No tengo ni puta idea. No sé. ¿Cómo eso puede suceder?, ¿Acontece? ¿Ocurre? ¿Acaece? ¿Acaso la luz sucede desde la sombra? ¿El sol? ¿La luna? ¿La noche? ¿El día? Es magia del ser humano. Sus ojos. Imaginería. Prisión del cuerpo. Primicia indescifrable que transporta el ADN. El talento que arrastramos no se sabe de dónde. No depende del deseo personal. No sospecho el secreto. No existe azar alguno en ello. Todo está dado en el camino de Dios y el hombre. Los destinos están tejidos de antemano, no podemos escapar aunque nos pongamos las máscaras que nos destina la vida pública, política, privada. Aunque hagamos los gestos de la simulación. Ni siquiera refugiarnos en otra verdad que no nos pertenece. Aunque por comodín, miseria humana acompañemos el paso del verdugo, su cortejo, no podremos aparentar un rol para el cual no estamos diseñados. Leer más…

Guillermo Vidal Ortiz. Dossier

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Guillermo Vidal Ortiz fue, sin dudas, uno de los cuentistas y novelistas cubanos más prolíficos. Su originalidad, acrecentada en una madurez asombrosa con cada nuevo título, lo convirtió en una de las voces esenciales de la narrativa cubana de fines del siglo XX e inicios del XXI. Su legado a las letras cubanas, en lo concerniente a la entrega a la literatura, al respeto por la página en blanco y al credo del acto de escribir como un sacerdocio de utilidad pública, hizo de él un ejemplo para quienes lo conocieron.

Considerado por muchos junto a Alejo Carpentier, José Lezama Lima, José Soler Puig, como uno de los sellos distintivos de la novelística cubana, gracias a su estilo peculiar claramente identificable entre el concierto de calidad de la narrativa cubana en la época que le tocó vivir, a esa marca de identidad se suma su interés por le eticidad dentro de la carrera literaria, su defensa de la literatura como un medio de pensamiento y no un simple juego ni un espacio para elucubraciones elitistas de falsa “alta literatura”, y, como lo atestiguan sus amigos y colegas, su honestidad, su limpieza y su fidelidad por encima de cualquier circunstancia política o de otra índole.

El reconocido escritor cubano Ángel Santiesteban Prats, en palabras que aquí presentamos, dice:

Este año se cumple el X Aniversario de su desaparición física. Y cada año, a pesar de que a algunos mediocres de la política y la cultura les conviene que se olvide, la impronta de Guillermo Vidal en la cultura cubana rebasa las fronteras y los regímenes políticos. Y se profundiza con el paso del tiempo, que era lo único con lo que no reía. Luchar contra el tiempo a través de la escritura era un ejercicio en el que apostaba su vida.

A ese hombre, amigo, hermano, maestro, dedica OtroLunes este dossier. Han pasado ya diez años desde su absurda muerte, en plena madurez creativa, cuando trabajaba en proyectos que, quienes hemos leído esos manuscritos aún inéditos estamos seguros, cambiarían (otra vez, pues ya el lo hizo con sus primeros libros) el curso de la narrativa cubana. Nos complace presentar a nuestros lectores a un clásico, aunque sabemos que allá donde esté, se estará riéndonos de lo picuda que le resultaba (y le seguirá resultando” “esa palabreja”.

Amir Valle
Director General

 

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